jueves, 15 de agosto de 2013

La gravedad y la gracia








Dicen que una de las enfermeras que la cuidaba no dejaba de insistir en que cediera a lo que parecía ser un capricho. Porque se estaba muriendo. Moría de algo que algunos llamarían “inanición” y otros catalogarían de “suicidio”. Moría sin ceder. Era ella misma hasta en su último gesto. Enferma, en la cama de un hospital de Inglaterra, se negaba a comer un bocado más de lo que el racionamiento de guerra les imponía a sus compatriotas franceses. Las enfermeras no entendían. Parecía ser la terquedad ciega de una mujer demasiado joven, un espécimen raro, una francesa loca. Y era todo eso. Y más. Treinta y cuatro años de ser ella hasta las últimas consecuencias. El esfuerzo sobrehumano de oscilar, conscientemente, entre la gravedad y la gracia.





 Cuatrocientas palabras para Simone Weil: Loca. Iluminada. En pleno incendio. Alguien que se atrevió al abismo. Generosa hasta lo increíble (cientos de anécdotas en las que lo arriesga todo –su familia, su vida– para ayudar a alguien). Exigente hasta lo insoportable (Simone en esas reuniones en las que se habla de política a los gritos y ella –hablando o callando– pone a todos incómodos ante su propia historia). Intransigente. Dura, durísima. Terca en el error. Y en el acierto. Mística, perdida y recobrada en su afán de encontrar un dios verdadero (hermosas cartas que intercambia con hombres de fe a quienes les pide, les ruega, les exige una prueba de que el catolicismo lleva a dios). Práctica, real, histórica (¿qué hace esta filósofa, a sus veinticinco años, dejando su cargo de profesora y metiéndose como obrera en una fábrica de Renault, convencida de que es la única manera de entender la condición obrera?). Consecuente (ahí, entre las filas de soldados que combaten en la guerra civil española, ella, tan torpe, tan comprometida que no acepta asumir su torpeza). Ella y sus palabras. Ella y su silencio. Ella y su furia. Ella que, cuando tenía unos ocho años y alguien le preguntó por qué lloraba, contestó: “No lloro. Rabio.”
Cuatrocientas palabras para Simone Weil. Imposible. Ella que dijo “Los hombres nos deben lo que imaginamos que nos darían. Perdonarles esta deuda. (...) Yo también soy distinta de lo que imagino ser.”
Simone Weil: filósofa francesa (1909-1943). Algunos la llamaban “la virgen roja”. Toda una vida llenando cuadernos que ahora son libros. Hay que leerla. Hoy.


Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X.
2011

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