domingo, 27 de abril de 2014

Las doradas manzanas del sol - Ray Bradbury








Ray Bradbury siempre quiso escribir. Apenas terminó la secundaria empezó a trabajar como vendedor de diarios, un oficio que le permitió sobrevivir cinco años, hasta que decidió dedicarse por completo a la escritura. Fue una época difícil. Él y su esposa vivían en un pequeño departamento sin teléfono. Enfrente había una estación de servicio que tenía una cabina pública. Cuando el teléfono sonaba, el escritor corría a la calle a atender la llamada. Todos creían que aquel era el número de su oficina. Cada día visitaba el sótano de la Universidad de California, donde había máquinas de escribir que podían usarse poniendo una moneda de diez centavos cada media hora. Una a una, las monedas fueron cayendo y, con nueve dólares, Bradbury escribió la primera versión del libro que sería su obra cumbre: “Fahrenheit 451”.

Durante toda su vida el autor luchó contra la etiqueta de “escritor de ciencia ficción”. Los veintiún cuentos de “Las doradas manzanas del sol” son una buena oportunidad de disfrutar la variedad de temas y registros del escritor estadounidense, siempre preocupado por los lazos que establecemos con la naturaleza y la tecnología. 

Bradbury habla de nosotros, de la extrañeza que siente nuestra especie frente al universo. El mundo es complejo, hermoso, lleno de misterio. También aquí se habla de la soledad. En uno de los cuentos un personaje dirá: “La soledad era cerrar los ojos. La fe, abrirlos.”



Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
2013

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