martes, 24 de mayo de 2016

De ganados y de hombres - Ana Paula Maia




En la línea de sacrificio 

En el matadero Edgar Wilson deja caer la maza sobre la frente de una vaca. Es quien aturde a los animales para que puedan ser faenados. Suelta un breve silbido justo antes de hacer su movimiento de brazos. Antes, ha dibujado con cal una cruz entre los ojos que lo miran. Una mirada llena de la “oscuridad constantemente insondable” que hay en los ojos de los rumiantes.

Edgar intenta hacer su trabajo con precisión, con delicadeza. Con piedad. Trabaja seis días a la semana. Más de cien vacas aturdidas por día. Miles de asesinatos cotidianos en nombre de la alimentación; una línea de producción cuya mercadería son los cadáveres. Edgar nunca ha comido una hamburguesa. Cuando finalmente lo hace, se sorprende al descubrir que “nada deja vislumbrar el horror desmedido detrás de algo tan delicado y sabroso.”

El matadero está en una región en la que “el olor a muerte se siente en todas partes”. Cerca hay un río contaminado: ahí se tiran la sangre y las vísceras de los animales. Lo llaman el “Río de las Moscas”. Los rosales se han ido oscureciendo, transformados por el agua teñida de rojo. Las prostitutas cobran en especies y un turno puede pagarse con un kilo de carne. Carne por carne. Ganado.

Los trabajadores del matadero también son víctimas. Algunos viven allí, hundidos en el artudimiento. Saben que en el mundo “todos son matadores, cada cual de su especie, ejecutando la función que les toca en la línea de sacrificio.” Afuera, los pobres del lugar se acercan a buscar los restos de las vacas que han muerto en los traslados. Un botín disputado por personas y por perros, especies hermanadas por el hambre.

Un día Edgar descubre que algo malo está pasando. Poco después los animales toman una decisión que solemos considerar puramente humana: el suicidio. Una reacción al momento en que el dolor se vuelve insoportable. 

Todos sabemos lo que pasa en un matadero. Pero no siempre estamos  dispuestos a pensar en eso a la hora de comer. Sin embargo, somos parte de ese infierno. El matadero funciona también como una metáfora de todas las cosas que se producen con sangre y muerte para luego tomar una imagen inmaculada a la que colaboramos fingiendo no saber cómo se produjeron.

De ganados y de hombres es la quinta novela de Ana Paula Maia y la primera en ser publicada en Argentina. Hay mucho de poesía en la crueldad quirúrgica que la escritora brasileña pone en esta historia. No es casual que la crítica la considere la heredera de Rubem Fonseca. 



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X


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