lunes, 5 de septiembre de 2016

Tacos Altos - Federico Jeanmaire






Los tiempos de un eterno presente 


El mundo es un enorme animal que corre. La inestabilidad, el cambio, el orden y el caos, la extraña red que une todo, esa mezcla oscura de la que están hechas las cosas. La violencia, con toda su estupidez; la violencia innecesaria; la tozudez, la contumacia: caminos que llevan a la desgracia. Mapas poblados de rencores, los clanes, el odio al que es diferente, la inmensa pequeñez, la mezquindad. ¿Cómo crecer en un mundo así?

Su Nuam nació en China y vivió diez años en Argentina. Ahora ha vuelto a su país de origen llevando un idioma que necesita usar para conservar la memoria de lo vivido. No da lo mismo recordar en chino que en castellano. Cada lengua es un modo de ver y una manera de intervenir. Por eso Su Nuam (“Llanura ardiente”) escribe. Una chica de quince años, sentada sobre una palangana “a orillas del gran canal, el final de la calle del mercado, en Suzhou”. Escribe en castellano. Con los fallos y revelaciones que provoca una lengua extranjera. 

“Me cuesta el pasado. Y me cuesta el futuro también.” Su Nuam habla de gramática. De esa dificultad que la obliga a hablar con todos los verbos conjugados en presente. Pero de eso se trata: de cómo el uso del lenguaje nos revela el mundo. ¿Qué otro tiempo verbal podría importar? ¿Acaso no sucede todo ahora? ¿Acaso el futuro y el pasado no existen en tanto nos atraviesan?

La escritura limpia y elemental de Su Nuam conmueve. La economía de recursos se vuelve belleza. Y esa es la palabra que define a Tacos altos, la última novela de Federico Jeanmaire. Un breve tratado sobre la belleza que existe en lo mínimo. Una suave interrogación sobre lo delicado, a pesar de la crueldad que manda en nuestra especie.

Su Nuam es capaz de entender cosas imposibles de poner en palabras. Y, de algún modo, reflejarlas en su cuaderno. Descubrimientos. Preguntas. Una historia que se desarrolla en dos escenarios y que habla de la soledad, el miedo, la venganza, la obediencia, el odio, la injusticia y la violencia. De qué modos enfrentamos el caos del mundo y cómo -por qué caminos, con qué rituales- buscamos reparar lo herido y restaurar un orden perdido. La escritura como pincel de la memoria, como herramienta testimonial, como instrumento para relevar un territorio confuso, difícil de aceptar. La identidad que vamos construyendo tejiendo palabras y paisajes. Su Nuam navega en una lengua extranjera. Y va descubriendo sus huecos, sus barrancos, sus esquinas, sus dobleces. 

Tacos altos dialoga, de algún modo, con El azul de las abejas, de Laura Alcoba, otra hermosa novela que se ocupa de la infancia, el desarraigo y los idiomas. Ese diálogo ilumina ambos libros si uno se entrega al juego de leerlos uno después del otro.



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero






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