lunes, 14 de noviembre de 2016

Apuntes de una lectora anacrónica




La frase es conocida: no hay nada más viejo que el diario de ayer. Y aunque tiene cierta verdad también tiene algo de mentira. O de error. Las cosas no cambian tan rápidamente. La urgencia es un invento del sistema capitalista. Ir hacia la nada pero corriendo. Obsolencia programada: objetos que se rompen o se deshacen al cumplir cierto tiempo de vida. Modelos que caducan para obligarnos a comprar algo más moderno. En el ámbito de los medios de comunicación: el mito de “la necesidad de estar al tanto inmediatamente de lo que pasa”.  

La frase es conocida. Apela a personas sedientas de lo “nuevo”, una categoría que a mí no me desvela. A esa falta de interés se suma una debilidad –casi una adicción–: leer cualquier texto impreso que se me ponga delante. No es provechoso, es una pérdida de tiempo, es absolutamente inútil pero, desde que tengo memoria, siempre he sentido la tentación de leer todo lo que entre en mi campo visual. Fui educada en distinguir escrituras públicas de escrituras privadas y a no leer las segundas. Aprendí a hacer eso. Pero sigo deteniéndome ante cada cajita, paquete o papel impreso que veo. Por suerte, desde hace unos años, he tenido que renunciar a muchos de ellos porque la presbicia va hace su trabajo.

En mi casa hay un lugar donde se dejan diarios, revistas, papeles y folletos que “están siendo leídos”. El ritmo de trabajo obliga a leer de a tramos. Una vez que la lectura se completó, todo eso  va al lugar donde se guardan los implementos para prender la estufa. Redacción y fotografía se convierten en acelerador del fuego. El problema es la demora que puede acarrear que yo me detenga en cada papel y que a esa curiosidad se le agregue la contractura de estar horas en una posición no aconsejable. De cuclillas, leyendo con frío porque, claramente, todavía no prendí la estufa.

¿Qué es lo que me fascina? La imagen que surge en un remolino artificial que tiene mucho de azar. Pero no todo. Permite asomarse a parte de la información a la que está expuesto alguien si hojea ciertos medios gráficos. Y es justamente ahí donde se detiene la mirada:

1
Una nota informa sobre la existencia de una máquina “nueva” cuyo mayor avance es no tener conexión a internet. Un aparato pensado para personas que “pierden su tiempo en la web” y que, al parecer, no pueden controlarse. Cuesta quinientos dólares. Parece mucho para algo que, en mi infancia, se llamaba “máquina de escribir”. Es extraño pensar que hay gente que pagaría de más para tener bloqueado lo que en otras circunstancias sería un servicio. Alguien debería explicarles que para no tener conexión a internet basta con desconectarla o vivir en ciertas zonas de Sierras Chicas.

2
Mientras el título de una noticia advierte que los animales tienen lo que la ciencia parece definir como “rasgos humanos” (“uso de herramienta”, “autoconciencia” y “empatía”), en el cuerpo del texto un especialista  entra en tensión con lo dicho cuando denuncia el error de medir a los animales según estándares humanos. En un apartado, el mismo especialista señala la crueldad de ciertos experimentos como, por ejemplo, tirar ratas de laboratorio a una pileta para ver si recuerdan por dónde salir. La que no recuerda muere ahogada, claro. Un experimento diseñado por la especie que considera a la “empatía” una de sus rasgos fundamentales. 

3
Otra noticia. El PRO firmó un acuerdo con el titular del “Buró Político del Partido Comunista Chino” para que “las escuelas de formación política de ambos partidos” trabajen juntas en la “formación de sus dirigentes”. Rebobinar. El PRO firmó un acuerdo con el titular del “Buró Político del Partido Comunista Chino” para que “las escuelas de formación política de ambos partidos” trabajen juntas en la “formación de sus dirigentes”. Rebobinar. El PRO firmó un acuerdo con el titular del “Buró Político del Partido Comunista Chino” para que “las escuelas de formación política de ambos partidos” trabajen juntas en la “formación de sus dirigentes”. Rebobinar. Tengo un zumbido en la cabeza.

4
Otra noticia. Pokémon Go. Un amigo especialista en redes me ha explicado qué es. Una extraña aplicación que cruza mundo real y mundo virtual. Me dice que, bajo la fachada de un juego, hay un extraordinario método para obtener gratuitamente imágenes en vivo de diferentes puntos del planeta en simultáneo. No sólo eso. Esas imágenes se pueden direccionar a voluntad. Si quien tiene acceso a esas imágenes quisiera seguir los pasos de alguien, no tiene más que colocar pokemons en su camino, para que otras personas lo sigan y lo vayan filmando. “Es el sueño de los servicios de espionaje”, me dice. Un ejército de gente que ayuda a la cuadrícula y a la vigilancia global. Habría grandes conglomerados de poder dispuestos a comprar esas imágenes. “Los amos son invisibles porque el mundo está lleno de gente deseosa de ser ciega”, me dice. “Pagan para ser esclavos”.


5
El exlíder carapintada participa en el desfile militar por el Bicentenario. Rebobinar. El exlíder carapintada participa en el desfile militar por el Bicentenario. Rebobinar. 

6
Otra noticia. Dos dirigentes de Partido Bandera Vecinal (una agrupación neonazi) participaron de un encuentro organizado por el subsecretario nacional de Juventud. Mínimo escándalo, desmentidas, excusas, rumores. Juventudes nazis. Escalofríos. ¿Qué decían en otra nota sobre los rasgos humanos? Ah, sí: empatía. Auschwitz. Nada más que decir. 


7
En una casa de remates de Múnich se subastaron 169 objetos personales de Hitler y otros jerarcas nazis. Un señor –argentino– compró 56 cosas. Entre ellas: la última chaqueta de Hitler, uno de sus pantalones y una radiografía de su cabeza. También se quedó con el camisón y los calzoncillos de Göring. Pagó más de 600.000 euros en total. Parece una historia escrita por Carlos Busqued pero no. Es una más de las noticias de la prensa. 

8
Durante la masacre de Dallas ocurrida en julio, por primera vez en la Historia la policía estadounidense utilizó un robot para matar a una persona. Un robot que no había sido diseñado con ese fin. Pero los policías le pegaron unos explosivos, lo acercaron al agresor y lo detonaron. (“Uso de herramientas”, “conciencia”, “empatía”). 


9
En Texas acaban de legalizar la portación de armas en los campus universitarios. Estudiantes armados en las clases. 

10
Noticia sobre tecnología: Un empresa inglesa, especializada en algo llamado “soluciones financieras”, lanza al mercado Pavlok, objeto que se describe literalmente como “una pulsera que “castigará” a su portador con una descarga eléctrica de 340 voltios cuando incurra en gastos excesivos”. El zumbido en mi cabeza es casi insoportable. Vuelvo a leer. El comprador debe ingresar al sitio web de su tarjeta de crédito, registrar la pulsera y declarar cuál es el límite de gastos admitidos. Cuando se acerque a ese límite habrá una alarma. Si la persona sigue gastando, descarga eléctrica. Vuelvo a leer. Entiendo el juego de palabras en el nombre de la pulsera: estímulo - respuesta, el perro de Pavlov, etcétera. Lo que no entiendo es que alguien, voluntariamente, elija recibir una descarga eléctrica. Pienso en mi amigo especialista en redes. “Pagan para ser esclavos” también podría ser “pagan para ser torturados”. Zumbido. 


Última página
Ya no sé si es la posición de mi cuerpo, el frío o la desazón de pertenecer a una especie como la nuestra. Algo me duele. ¿La espalda? ¿La garganta? 
Empiezo a abollar sin leer. De entre las pilas de papeles aparece el rostro de una colega a la que aprecio mucho, una sonrisa, la costumbre del diario de incluir un retrato de los autores de cada nota. “El lado bueno de los cyborgs” dice el título. Releo algo que leí hace un mes atrás. La recomendación de ver “Inventos extraordinarios”, un programa televisivo de Nat Geo. El detalle de algunas emisiones y, allí, la mención de “prótesis que pueden ser controladas por el pensamiento y que les permiten a personas que perdieron sus piernas poder “imaginarlas” de nuevo para poder moverlas”. “Uso de herramientas”, “autoconciencia”, “empatía”. 
Prendo un fósforo. Los papeles se oscurecen y se tuercen. Hay una luz antigua que sale de la madera. El zumbido sigue. Quizás la especie es demasiado compleja para comprenderla. 




Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Días Contados
Ilustración: Juan Delfini



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