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miércoles, 31 de julio de 2019

Vida de Perro - Horacio Verbitsky (conversaciones con Diego Sztulwark)




Diego Sztulwark, coautor de Vida de Perro. Balance político de un país intenso, del 55 a Macri, cuenta cómo trabajó junto a Horacio Verbitsky este libro de conversaciones e Historia.



El libro Vida de perro es un singular tratado de política, historia y ética en el formato de una larga conversación, esa herramienta única para poner en cuestión la idea del discurso único. Horacio Verbitsky desgrana su mirada sobre la Argentina pero también ofrece el testimonio de una vida: la escuela en un colegio de pueblo, los primeros choques con el antisemitismo, las tardes de infancia pasadas en las villas, junto a su padre, el escritor que creó la denominación “villa miseria” para ciertos barrios carenciados.

También hay relatos sobre los comienzos en el periodismo, su método de lectura, su relación con el peronismo, una radiografía de las Fuerzas Armadas Peronistas y de Montoneros. La luminosa presencia de Paco Urondo y Juan Gelman. El rol central de la Iglesia Católica en el terrorismo de Estado. La guerra de Malvinas. La post dictadura y la recuperación democrática, la crisis de 2001, el asesinato de Mariano Ferreyra, el primer año de gobierno de Macri.

Aparecen aquí la presidencia del Centro de Estudios Legales y Sociales, sus columnas en el diario Página/12, la salida del diario y la creación de su nuevo proyecto “Cohete a la luna”.

Cada lector encontrará su propio punto de interés. Pero se destacan, sin dudas, las múltiples referencias a Rodolfo Walsh, una mirada crítica sobre la compleja figura de Jorge Bergoglio y el modo en que analiza el fenómeno del kirchnerismo en nuestro país.

En marzo de 2015 Macri gana las elecciones y Diego Sztulwark decide llamar a Horacio Verbitsky para insistir en un viejo proyecto: repasar la historia argentina desde su mirada.

Los encuentros se extienden por dos años. De allí surge Vida de Perro. Balance político de un país intenso, del 55 a Macri, un texto inclasificable en su modo de interrogar la realidad. La charla se da entre dos personas inquietas políticamente, que pertenecen a generaciones diferentes, que no coinciden plenamente en su pertenencia ideológica y que, por lo tanto, dialogan. Dos que entran al juego, cada uno con su estilo.



Número Cero conversó con Diego Sztulwark para reconstruir el proceso de escritura.

–En el prólogo señalás que “Vida de perro” no es una biografía ni un libro de historia.

–Exactamente. Es algo que se inventó en el medio, en tensión. Entre una vida que fue testigo, que fue protagonista, que supo investigar procesos políticos y una necesidad de hacer un balance político de varios momentos, de varios presentes sucesivos de la Historia argentina para tratar de comprender cuáles son las preguntas actuales. No sé si yo tenía tan claro cuando comenzamos el libro que iba a lograr esa tensión, ese “entre” que hace que haya historia y no sea un libro de historia, que haya vida y no sea biografía. Me parece que el hecho de que el libro no sea una entrevista sino una verdadera conversación con desplazamientos, tensiones, con autoironía, permite una escritura que es la que yo buscaba: que no quiere investigarlo a Verbitsky, ni se encandila con el personaje, ni intenta develar un misterio sino que está buscando, para el momento actual, método. Es decir, manejo de la información, rigor. Una fórmula que me parece bastante afortunada de Verbitsky es “una objetividad que no es neutral”.

–A lo largo del libro, entre las preguntas y las respuestas, hacés un trabajo de presentación, de contextualización, de análisis. ¿Cómo fue ese proceso?

–Con respecto a mi escritura es una mezcla de dos cosas. Al principio yo lo iba a entrevistar a Horacio y, antes y después de entrevistarlo, escribía. Impresiones, cosas que pensaba, iba anotándome lo que quería discutir con él, preguntas. Era un texto medio como de crónica paralela. Cuando terminamos de hacer el libro, cuando él vio las entrevistas me dijo: “Diego, quiero que escribas, que escribas vos”. Así que agarré y empecé a leer todo el desgrabado como lo tenía y a introducir. Los criterios eran: que haya una introducción, que haya un cierre, que haya aclaración de procesos, sintetizar cosas que él decía, introducir bibliografía que a mí me parecía importante y hacer contrapuntos con Horacio. Introducir puntos de vista que no eran los de Horacio. A veces puntos de vista míos pero, en general, lo que me interesó es contraponer a la versión que Horacio tiene de la historia y la política algunas versiones que venían de la izquierda. Y ya sobre el final, directamente polemizar con él sobre 2001 y especialmente sobre el kirchnerismo. Horacio no vio el texto que yo iba escribiendo hasta que se lo presenté en versión final. Un buen día leyó el libro y se fue enterando de cosas que yo escribía sobre él, los contrapuntos y los agregados y los aceptó todos. Esto incluye también entrevistas. Entrevisté gente por mi cuenta, hice todos los textos que a mí me parecían y Horacio los aceptó.

–Tanto en el prólogo como en el epílogo contás que tuviste que insistir para hacer este libro, que lo venías masticando y tratando de convencer a Verbitsky. ¿Se acercó a lo que habías imaginado?

–No, yo diría que supera. Lo que yo me había imaginado originalmente es un libro de entrevistas. Muy parecido al que hizo Roberto Mero con Juan Gelman, que se llamaba Contraderrota. Pero quedó un libro en donde mi participación terminó siendo mucho más exigida de lo que yo me imaginaba. Horacio me hizo escribir. Y me hizo entrar en contrapuntos. Además, la conversación creció mucho más de lo que me imaginaba. Quedó un libro muy grande, donde hay hipótesis sobre Verbitsky, hay hipótesis sobre el país, hay preguntas e invitaciones a discutir, hay contrapuntos explícitos sobre momentos de la coyuntura. En ese sentido, estoy muy conforme porque yo no quería que esto entre en una discusión sobre kirchnerismo y antikirchnerismo simplemente. O sobre quién es Verbitsky, el misterio Verbitsky. Yo quería una discusión sobre el método de investigación, sobre un testimonio histórico y sobre un balance político.



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en La Voz del Interior





martes, 30 de julio de 2019

Santa Fruta - Delphine Perret y Sébastien Mourrain



Un cactus solitario que vive en un lugar perdido del desierto. 
Un cactus que piensa bastante y se imagina cómo sería su vida si tuviera piernas. 
Un cactus que se conmueve cuando una niña se acerca a cortar una de sus flores para adornarse el pelo. 

Y del otro lado del mundo, un gato flaco cuyos dos humanos se pasan todo el día corriendo, híper ocupados, haciendo todo lo posible para que engorde y se parezca a lo que ellos quisieran. 
Un gato que es llevado al psicólogo y que recibe una indicación precisa: acompañar a sus humanos en sus viajes. 
Un gato que sólo quiere quedarse acostado en la alfombra, cerca del radiador y que sin embargo es llevado a diferentes paisajes, hasta llegar a un remoto lugar donde, por fin, sus humanos entenderán lo que realmente desea, lo que acaba de descubrir: su lugar en el mundo. 

Un cactus y un gato. 
Dos compañeros que ahora pasan los días entre historias de viajes y la naturaleza que cambia, compartiendo “la simple alegría de estar ahí, juntos”. 

Con texto de Delphine Perret e ilustraciones de Sébastien Mourrain, Santa Fruta es uno de los más bellos álbum publicados en 2017. 




lunes, 29 de julio de 2019

Waterloo y Trafalgar - Olivier Tallec



Dos hombrecitos enfrentados, separados por un espacio que parece insalvable y que los obliga a verse como enemigos de una guerra cimentada sólo en las diferencias, obviando cuánto se parecen en realidad. Día a día, resistiendo en una trinchera en la que cada uno es el único protagonista de una batalla que parece no haber tenido inicio. Cada uno en sus rituales cotidianos, en la soledad de construirse como soldados. ¿Por qué nos ponemos a batallar unos contra otros? ¿Realmente estamos tan lejos como creemos? ¿No es el combate perpetuo una forma de estar en relación, una forma turbia y desplazada de permanecer enlazados?

Waterloo y Trafalgar fue elegido como uno de los mejores dieciséis libros para niños y jóvenes de 2017 por el suplemento literario Babelia.

Íntegramente diseñado en azul, rojo, blanco y negro, por este libro no sólo transitan estos dos personajes sino también flores, lluvia, un caracol, estrellas, nieve, música y, finalmente, un pajarito y un paisaje que evidencia que el mundo no es monocromático. 

Olivier Tallec, autor de este pequeño tratado sobre la guerra y su estupidez, nació en Francia en 1970. Ilustrador en medios claves de la prensa francesa, lleva publicados más de 100 libros álbum. 






sábado, 27 de julio de 2019

Mudanza - Eva Mastrogiulio y Laura Loretta




¿Qué nos llevamos cuando dejamos una casa para irnos a otra? ¿Qué de lo propio puede ser embalado o guardado en una caja? ¿Cómo la memoria se pone a bailar, mezclando nuestras cosas, lo que nos ha hecho vida, lo que ordenaba y volvía familiar nuestro cotidiano? Mudarse no es fácil. Mudarse, como bien lo dice este libro, es cambiar. Y eso siempre invita a pensar quiénes somos y quiénes quisiéramos ser. 

Eva Mastrogiulio y Laura Loretta se reúnen para crear uno de los títulos más interesantes de este año. “Mudarse no es sólo cambiar de casa”, se anticipa en las primeras líneas. También es despedirse, irse, reencontrarse, recordar lo vivido, sentir miedo, atravesar emociones conocidas y desconocidas, hacerse preguntas que no tienen respuesta, perderse. Una mudanza te deja frente a una pila de cajas que son, justamente, “tu vida encajada”. Por eso, quizás, mudarse es “ser una caja por un tiempo”.

Mudanzas felices o de las otras; algo de lo que cada uno de nosotros ha vivido se hace presente en este delicado libro de Calibroscopio, seleccionado por la Secretaría de Cultura de la Nación para ser exhibido en el stand argentino de la Feria del Libro de Frankfurt. 




viernes, 26 de julio de 2019

Una caperucita roja - Marjolaine Leray





Hace algunos años Marjolaine Leray decidió participar en el concurso de un importante Salón de literatura infantil en Francia. El eje sobre el que había que trabajar era la figura de Caperucita Roja. Leray preparó una propuesta pero –por motivos que no recuerda– no llegó a enviarla. De esos bocetos iniciales surgió este libro que ya se ha convertido en un clásico. Desde el título, la autora pone en tensión el cuento que hemos escuchado mil veces. No se trata de “la” caperucita sino de “una” caperucita. Se abre la posibilidad de juego, entonces, para poner en escena una caperucita radicalmente diferente, una que va a poner en jaque al lobo, una que recurre a su inteligencia, que es capaz de anticipar el peligro, subvertir la que parece una competencia de fuerzas desiguales y ser alguien que no necesita ser salvada por otro porque puede protegerse muy bien a sí misma.

De pequeño formato apaisado, con un trabajo exquisito que juega con el rojo, el blanco y el negro y recurriendo sólo a la técnica de lápices de colores de madera, Leray (Francia, 1984) produce una obra perfecta en su sencillez y su tono salvaje. 






jueves, 25 de julio de 2019

De ganados y de hombres - Ana Paula Maia




En la línea de sacrificio 

En el matadero Edgar Wilson deja caer la maza sobre la frente de una vaca. Es quien aturde a los animales para que puedan ser faenados. Suelta un breve silbido justo antes de hacer su movimiento de brazos. Antes, ha dibujado con cal una cruz entre los ojos que lo miran. Una mirada llena de la “oscuridad constantemente insondable” que hay en los ojos de los rumiantes.

Edgar intenta hacer su trabajo con precisión, con delicadeza. Con piedad. Trabaja seis días a la semana. Más de cien vacas aturdidas por día. Miles de asesinatos cotidianos en nombre de la alimentación; una línea de producción cuya mercadería son los cadáveres. Edgar nunca ha comido una hamburguesa. Cuando finalmente lo hace, se sorprende al descubrir que “nada deja vislumbrar el horror desmedido detrás de algo tan delicado y sabroso.”

El matadero está en una región en la que “el olor a muerte se siente en todas partes”. Cerca hay un río contaminado: ahí se tiran la sangre y las vísceras de los animales. Lo llaman el “Río de las Moscas”. Los rosales se han ido oscureciendo, transformados por el agua teñida de rojo. Las prostitutas cobran en especies y un turno puede pagarse con un kilo de carne. Carne por carne. Ganado.

Los trabajadores del matadero también son víctimas. Algunos viven allí, hundidos en el artudimiento. Saben que en el mundo “todos son matadores, cada cual de su especie, ejecutando la función que les toca en la línea de sacrificio.” Afuera, los pobres del lugar se acercan a buscar los restos de las vacas que han muerto en los traslados. Un botín disputado por personas y por perros, especies hermanadas por el hambre.

Un día Edgar descubre que algo malo está pasando. Poco después los animales toman una decisión que solemos considerar puramente humana: el suicidio. Una reacción al momento en que el dolor se vuelve insoportable. 

Todos sabemos lo que pasa en un matadero. Pero no siempre estamos  dispuestos a pensar en eso a la hora de comer. Sin embargo, somos parte de ese infierno. El matadero funciona también como una metáfora de todas las cosas que se producen con sangre y muerte para luego tomar una imagen inmaculada a la que colaboramos fingiendo no saber cómo se produjeron.

De ganados y de hombres es la quinta novela de Ana Paula Maia y la primera en ser publicada en Argentina. Hay mucho de poesía en la crueldad quirúrgica que la escritora brasileña pone en esta historia. No es casual que la crítica la considere la heredera de Rubem Fonseca. 



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X


jueves, 18 de julio de 2019

Las mil caras del autor - Paula Varsavsky





Conversaciones con una lectora 

El primer artículo que Paula Varsavsky publicó en un diario de gran tirada fue una crónica sobre el tiempo que el escritor Eugene O´Neill pasó en Buenos Aires a inicios del Siglo 20. Varsavsky tenía 23 años y con ese gesto anticipaba parte de su futuro trabajo: aunar periodismo y literatura de un modo en que es difícil saber dónde empieza uno y donde termina la otra. 

Varsavsky es escritora y posiblemente esa sea una de las herramientas que pone en juego a la hora de entrevistar a sus colegas. Conoce el oficio y sabe construir conversaciones a las que los lectores asistimos con placer. Especializada desde hace años en literatura anglosajona, la escritora argentina ha mantenido charlas con diferentes autores, registrando esos momentos en grabaciones de las que iban surgiendo notas periodísticas para diversos diarios. 

Quizás uno de los aspectos más difíciles que enfrenta un buen entrevistador es el momento, frustrante, en que el espacio asignado  (determinada cantidad de palabras) nos obliga a elegir qué, de todo lo conversado, será volcado en papel. Decidirlo no es sencillo; implica sensibilidad y respeto. No es extraño que quien ha vivido ese momento fantasee con la idea de, en algún futuro impreciso, publicar completo el material que surgió de ese encuentro. Paula Varsavsky logró hacerlo y eso ya es  motivo de festejo. En Las mil caras del autor. Conversaciones con grandes narradores de hoy, publicado por Eduvim, podemos disfrutar de esas entrevistas sin las limitaciones de espacio que suele imponer el periodismo.

Varsavsky resume su trabajo en una frase: “entrevisto a escritores, movilizándome hasta sus países y lugares cotidianos para comprender el universo personal de cada uno”. Estas entrevistas han implicado un desplazamiento físico (un viaje) y un desplazamiento interno (el grado en que la periodista se sumergió en la obra de cada escritor). En cada relato, Varsavsky incluye un dibujo del escenario y de los pasos previos al encuentro. Cómo llegó a ese autor, cómo lo contactó, cuál fue su respuesta, cómo fue el primer encuentro: una sucesión de detalles que nos permite construir una escena y sentir que, de algún modo, estuvimos ahí. Las últimas líneas del prólogo de Las mil caras del autor pueden servir como un pequeño manual de periodismo. “Llegar a cada personalidad sin fórmula fija requirió todas las veces un método nuevo”.

El resultado de la aplicación de ese método siempre nuevo, construido sobre el  territorio, son catorce entrevistas con importantes narradores de la literatura anglosajona realizadas entre 1998 y 2008 en diferentes escenarios de los Estados Unidos y Gran Bretaña.

Más allá de los temas esperables en estas conversaciones (el método de trabajo, las propias lecturas, la concepción del oficio de escritor), aparecen otros que se van repitiendo a lo largo de las charlas: el aborto, la discriminación, el racismo, la homofobia, las clases sociales, el sistema educativo. Varsavsky sabe que un verdadero encuentro no puede atarse a un cuestionario y que es su presencia (en tanto periodista y escritora pero, fundamentalmente, en tanto lectora) lo que permite que la comunicación se dé y que entrevistado, entrevistador y lectores nos reunamos en un espacio que nunca existió pero que finalmente sucede.

La charla con Joyce Carol Oates luego de superar la dificultad inicial de contactar a alguien que “no recibe ni llamados por teléfono, ni faxes, ni e-mails”; la admiración de Michael Cunningham por Borges; Doctorow y su definición de la novela (“un acto de ficción, una acto de intuición, de empatía y de comprensión”). Ali Smith, la hija de un electricista y una conductora de colectivos, la menor de siete hermanos en una familia proletaria de Escocia; Russell Banks y sus planteos sobre la falta de conciencia de clase en los Estados Unidos; Hanif Kureishi y sus reflexiones sobre la identidad; Siri Hustvedt y su interés por el neuropsicoanálisis; William Boyd y su trabajo en el mundo del cine.

Cada escritor es abordado como un mundo a conocer. A los autores mencionados se suman David Lodge, Esther Freud, David Leavitt, Francisco Goldman y Edmund White. Posiblemente la mejor entrevista es la de Richard Ford. Un perfecto relato en el que el escritor habla de su vida, su amistad con Raymond Carver, su deseo de juventud de entrar a la CIA o el FBI  y el modo en que hoy lo afecta la dislexia.

Un libro como Las mil caras del autor se disfruta al leerlo y se disfruta también después, cuando se recorre el extenso territorio de nuevas lecturas que ha sugerido. 

Paula Varsavsky es escritora y periodista. Nacida en Argentina, hizo la escuela secundaria en la ciudad de Nueva York. Ha publicado las novelas Nadie alzaba la voz (1994) y El resto de su vida (2007). 




Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X

jueves, 11 de julio de 2019

El desapego es una manera de querernos - Selva Almada




Escenas de la vida familiar

Una niña y su primo. Un velorio. Los preparativos antes de ir al baile. Un accidente en la ruta. La llegada de un circo al pueblo. El asesinato de una chica. Un obrero que muere al caer de un poste. Una noticia que se comparte a la hora de la cena. Una empresa de energía eléctrica. Los trabajadores golondrinas. Un parador de camioneros. Un capataz herido, tirado en una cama, con una pierna deshecha. Un prostíbulo. Una cámara de fotos. Un acordeón. Un incendio. Un camión que transporta un cadáver. Una madre que espera a su hijo. Una fábrica procesadora de pollos. Una llamada desde un teléfono público. Un frigorífico. Un partido de futbol. Un regalo traído de lejos. Una mujer que fabrica piernas ortopédicas. Un padre y una hija devolviendo un pez al río. La vejez. La memoria que se va o que vuelve de una manera feroz. Un suicidio. Cartas y fotografías. Ausencias. Esperas. Vigilias. La muerte. Lo pequeño y lo desmesurado. El mundo, infinito, como una manta que puede cobijar o asfixiar. Las mentiras, los secretos, los viejos rencores, las cuentas pendientes. La trampa en la que nos encierra la mirada ajena.  

Todo eso se cruza en El desapego es una manera de querernos, el último libro de Selva Almada. Una colección de cuentos en los que el centro de gravedad parece ser la familia. Y la infancia, claro: esa enorme extensión de tiempo en la que somos absolutamente vulnerables a lo que nos ha tocado en suerte.

En una entrevista, Almada dijo: “Yo no creo en la familia. Me parece una institución tremenda: todos los abusos, las mentiras, la hipocresía se aprenden ahí, en esos primeros años, en el seno de algo que supuestamente tiene que cuidarte y llenarte de amor. Y no hablo de mi familia en particular, sino de la familia en general, de la familia argentina de clase media, los domingos en familia, lo primero es la familia… todo eso lo critico, lo pongo en cuestión, no me interesa como forma de vida, pero sí como materia de la ficción.”

Esa materia de ficción es el entramado en el que se construyen muchos de los cuentos de la escritora entrerriana. Algo hace eco y trae a la memoria la atmósfera de algunos relatos de Silvina Ocampo. Esa sombra siniestra presente en lo cotidiano, en la mirada extrañada ante lo que hasta hace un minuto nos resultaba familiar. Hay algo inquietante en los cuentos de Almada. Y así como recuerda a Ocampo, hay ciertos sonidos, ciertas opresiones, ciertas sombras que traen a Horacio Quiroga, a Haroldo Conti o a Joseph Conrad. Uno dice nombres como si diera coordenadas. Sólo mojones para hacer un boceto inicial del territorio. Ese territorio que tiene la marca de Selva Almada y que dibuja redes que la ponen en relación con otras escritoras contemporáneas como Samanta Schweblin, Alejandra Costamagna, Ester Cross o Fernanda García Lao.

La capacidad de Almada para retratar ambientes y paisajes es admirable. Con pocos elementos puede recrear en detalle la vida de un pueblo. Bailes, chacareros, trilladoras, tractores. Las calles y las bicicletas. Los televisores en la vereda, iluminando la oscuridad de la noche. El olor a la tierra mojada después del paso del camión regador. El calor sofocante. Un horno de ladrillos. Un sulky. Rutas, campo, animales, gomeras, conejos, perros, murciélagos, pasto. El basilisco, la Luz Mala, las almas-mula. La especie humana luchando contra sí misma rodeada de una naturaleza que cubre, sostiene y aplasta a la vez. 

En El desapego es una manera de querernos hay relatos autobiográficos, postales de la memoria que la escritora trabajó desde la ficción. Hay un abordaje preciso en el uso del lenguaje; diálogos y voces que se sostienen perfectas en su sonoridad. Y hay personajes, lugares y objetos que se repiten y van enlazando las historias en un escenario compacto.

Estos cuentos, escritos entre 2004 y 2014, fueron publicados originalmente  en diversos libros, revistas, diarios y antologías. Es para celebrar la idea de recopilarlos en un solo volumen.

Selva Almada nació en Villa Elisa, Entre Ríos, en 1973. Ha publicado Mal de muñecas (2003), Niños (2005) Una chica de provincia  (2007), El viento que arrasa (2012) Ladrilleros (2013) y Chicas muertas (2014). Algunos de sus libros han sido traducidos al holandés, el italiano, el portugués y el francés.

Actualmente trabaja escribiendo crónicas sobre el rodaje de Zama, la película de Lucrecia Martel basada en la novela de Antonio di Benedetto.




Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X





jueves, 4 de julio de 2019

Memoria por correspondencia - Emma Reyes



Aquel infierno de la infancia 


Cuando la pintora colombiana Emma Reyes murió en Francia en 2003, tenía 84 años. Argentina, Uruguay, México, Israel, Italia y Estados Unidos fueron algunos de los lugares en los que vivió. Podríamos decir que Reyes era nómade. O quizás sea más justo decir que su único equipaje era ella misma, una mujer inquieta que nunca dejó de buscar. 

En 1969, Emma escribe una carta a su amigo el historiador y escritor Germán Arciniegas. Allí, la pintora cuenta parte de su infancia. Arciniegas queda conmovido por lo que lee y pide más. Más cartas, más de esa voz única relatando de un modo singular los años espantosos de la violencia y el desamparo. Reyes accede. Entre 1969 y 1997 escribe otras veintidós cartas. 

En 2012, casi diez años después de su muerte, aquellas cartas se convirtieron en un libro editado en Colombia bajo el título Memoria por correspondencia. Hace unos meses, Edhasa tuvo la excelente idea de publicarlo en Argentina. 

Uno se queda sin palabras al leer a Emma Reyes. Es lo que pasa cuando se asiste a un uso nuevo del lenguaje. Un uso despojado y florido a la vez. Lúdico y terrible. Ingenuo y  desencantado. Reyes relata su infancia con la mirada de la niña que era. Y así nos devuelve una  forma de ver el mundo que, en su inocencia, desnuda lo que nuestros ojos han naturalizado para poder sobrevivir. 

En “Leona pura, leona oscura”, el impecable prólogo que abre el libro, Leila Guerriero señala que  Memoria por correspondencia es “la historia de una desgracia. Pero de una desgracia contada con la más alta gracia que se pueda imaginar”. No hay palabras más exactas para hablar de este libro. 

Las cartas de Reyes hablan de una infancia de infierno que transcurre en lugares cerrados bajo llave. Los adultos son sombras fugitivas o temibles. Hay separaciones, mudanzas, pérdidas.  Siempre hay algo que callar o alguien oculto y encerrado. Emma describe con precisión el abandono definitivo en una estación de tren, la esclavitud  institucionalizada en un convento y finalmente, la huida. Ahí se detiene el relato, que no se refiere a lo que vino después. Con eso colaboran las palabras que Arciniegas escribió en 1993 y que en esta edición aparecen como anexo. También se incluyen algunos dibujos y la versión facsimilar de la primera carta manuscrita que Reyes escribiera en París el 28 de abril de 1969.

Memoria por correspondencia no es sólo un libro necesario. Es, claramente, indispensable.


Eugenia Almeida



viernes, 28 de junio de 2019

Comentario sobre L´Échange ("La tensión del umbral") - Delphine Olympe - La bibliothèque de Delphine-Olympe





Trente ans après la dictature, l'Argentine est-elle débarrassée de ses démons ?

Il y a quelque temps, je vous parlais de La double vie de Jesus, paru chez Metailié. Depuis, cet éditeur a eu la gentillesse de me faire parvenir un roman issu du même continent, L’échange d’Eugenia Almeida, ce qui ne pouvait manquer de m’intéresser. J’ai donc quitté le Mexique pour l’Argentine, mais on ne peut pas dire que j’y ai découvert un horizon beaucoup plus dégagé.
Changement radical de registre toutefois, avec ce texte au style austère, incisif, confinant parfois à l’épure. Rien à voir avec la truculence de Serna.

Tandis que le cadavre d’une jeune femme gît devant un café, deux journalistes s’interrogent sur les causes de sa mort. Un suicide. Guyot se rend sur place, où l’émotion est palpable, observe l’agitation et tente d’obtenir des informations du commissaire Jury. Mû par une sorte d’intuition, ou de trouble, il va chercher à comprendre ce qui a pu conduire cette femme à commettre l’irréparable. D’autant qu’avant de retourner son arme contre elle-même, elle s’en était servi pour menacer un homme, disparu sans laisser de trace. Au fil de son enquête, Guyot va interroger différentes personnes ayant fréquenté la jeune femme, parmi lesquelles une psychanalyste à la retraite, avec laquelle il va nouer une relation privilégiée. Et va peu à peu surgir l’ombre vénéneuse de la dictature dont les acteurs ou ceux qui en ont tiré parti sont loin d'avoir disparu de la circulation...

Par ses chapitres ultra-courts, le recours quasi permanent à la forme dialoguée et à des phrases très brèves, voire nominales, telles des didascalies, Eugenia Almeida produit un texte théâtral qui propulse le lecteur sur la scène des événements et installe d’emblée une atmosphère oppressante, parfois presque poisseuse. De manière imperceptible, elle fait progressivement monter la tension pour installer son lecteur dans une forme de malaise diffus, pareil à celui qui semble traverser la société argentine.

Il faut accepter d’être déstabilisé par ce texte qui fait entendre différentes voix, sans que l’on sache toujours précisément qui parle, et qui place par conséquent le lecteur dans une position assez inconfortable. On est pourtant happé par l’atmosphère qui se dégage et l’on ne peut s’empêcher de suivre les personnages en différents lieux et différentes situations, qui en disent long sur l’état de la société argentine.

L’auteur s’en explique d’ailleurs fort bien, comme j’ai eu la chance de pouvoir l’entendre lors d’une rencontre organisée par l’éditeur. Eugenia Almeida a en effet sciemment choisi d’installer ses lecteurs dans un certain flou pour traduire cette peur omniprésente et ce soupçon permanent qui caractérisent les régimes autoritaires. Savoir qui parle et à quel titre, c’est avoir la possibilité de cerner sont interlocuteur et maîtriser son environnement. A contrario, la confusion, les discours lourds de sous-entendus, les menaces qu’on laisse planer entretiennent la peur sur laquelle se fondent les dictatures. L’ambition de l’auteure était de traduire les complicités cachées qui perdurent bien après que les tyrans soient tombés, pour transcrire l’angoisse qui en résulte. 

Eugenia Almeida s’est lancée dans une démarche littéraire tout à fait intéressante qui me rappelle, quoi qu’elle revête une forme bien différente, l’expérience menée par un autre écrivain argentin, Leopoldo Brizuela, dans La nuit recommencée. Ces romans se rejoignent dans leurs tentatives originales d’aller au-delà du simple récit pour faire percevoir au lecteur une petite part de ce que l’on peut ressentir lorsqu’on vit sous un régime autoritaire. Des romans évidemment très noirs, à l’image de la très belle couverture du livre d’Eugenia Almeida. 






domingo, 16 de junio de 2019

LOS ENGRANAJES DE LOS IMPUNES | ENTREVISTA en Revista Evaristo Cultural




LOS ENGRANAJES DE LOS IMPUNES 
ENTREVISTA A EUGENIA ALMEIDA

Nicolas Ferraro  julio 1, 2016  Rastros

La tensión del Umbral de Eugenia Almeida es una novela que habla del verdadero poder: el que no se elije ni se se puede sacar con una urna.


“La peor tentación es querer entender” se dice en la novela, dejando en claro que con saber no basta. No sirve. Que, más que nada, lo que se necesita es entender. Me gustaría que te explayaras sobre esta idea.

No hay posibilidad de saber, realmente, si uno no comprende. Esa es una gran confusión de la época: muchísima información que la mayoría traga sin  pensar. Los poderes más oscuros necesitan eso: millones de ovejas que repiten acríticamente lo que les ofrecen medios de comunicación y personajes que responden a esos mismos poderes. Esto, a nivel político.
Sin embargo, en la novela, esa frase está planteada en relación a algo que nunca termina de explicarse: por qué alguien se suicida. Toda respuesta posible es sólo una forma de clausurar lo inabarcable del suicidio.

De la novela se desprende que un rol de medios de comunicación, estaría dado por la saturación de la información que opera, en la práctica, como desinformación y, en ciertos casos, como tergiversación de hechos, desarticulando la realidad, ofreciendo una verdad que responda a sus intereses. ¿Esto fue siempre así o podríamos reconocer un tiempo histórico, como punto de inflexión que marca un antes y un después?

No me animaría a afirmar que fue siempre así. Lo sospecho, pero no puedo asegurarlo. Sí tengo claro que el rol de los medios ha cambiado muchísimo. No es lo mismo el periodismo que se hacía en los 70, en los 80, en los 90, en el 2000 u hoy. Cada vez es más claro que los medios son herramientas básicas para la dominación. ¿Que hay periodistas que tratamos de hacer otra cosa? Por supuesto. Estoy diciendo esto a nivel empresarial.
Es difícil generalizar: no es lo mismo un pequeño medio que un enorme emporio mediático. Incluso dentro del mismo medio, a veces hay secciones muy progresistas dentro de medios que se caracterizan por ser muy reaccionarios. El problema está en cómo reaccionamos nosotros ante lo que nos dan los medios. Actualmente, en 2016, me horroriza la cantidad de gente que acepta, consume y reproduce la inocultable manipulación mediática que se da en torno a la realidad política y social en nuestro país.

La Tensión del Umbral está llena de heridas abiertas del pueblo argentino -Terrorismo de Estado, robo de bebés, la impunidad de los de arriba-. ¿En qué medida se escribe para cerrarlas? ¿Y en qué casos para entenderlas?

Mi intención no es cerrar. No se va a cerrar hasta que no haya justicia. Retomando los temas que mencionas: no se va a cerrar hasta que se haya juzgado a todos aquellos relacionados con el Terrorismo de Estado, no se va a cerrar hasta que se recuperen todos los nietos apropiados; no se va a cerrar hasta que deje de haber impunidad. No tengo una programática mientras escribo pero no soy ingenua: creo que en mis escritos salen aquellos temas que me preocupan. Y son esos.
No sé si el horror se entiende. Pero hay que hablarlo. Una y otra vez.

Esta búsqueda de la verdad y su correspondiente exposición, es un motor de la novela. ¿La verdad, por sí misma, tendría la capacidad de generar cambios sociales y políticos en Argentina? ¿La sociedad argentina exhibe, en la actualidad, una vocación real orientada a querer conocer e interpretar la verdad o esta genera, en la sociedad, más temor que ansiedad?

Uf. Son dos preguntas en una. La verdad puede generar cambios pero no siempre. Hay gente que enfrenta verdades espantosas y no puede reaccionar ante ellas. Sí creo que la verdad es condición indispensable de un cambio posible. Desde hace años gente como Estela de Carlotto y las Abuelas de Plaza de Mayo viene trabajando en ese sentido.
La segunda pregunta es más compleja ¿qué es “la sociedad argentina”? Para mí, sería muy difícil hacer generalizaciones. No soy socióloga, ni politóloga ni historiadora. Espero, deseo, confío en que la mayor parte de la comunidad esté de acuerdo en temas tan nodales como oponerse a la violación de los derechos humanos.

“La dictadura había terminado ya, pero todo era lo mismo.[…] Todos los bichos tienen cría”. ¿Podríamos desarrollar alguna idea sobre los efectos residuales de la dictadura?

La respuesta a eso está en la novela. Redes que lo atraviesan todo.

La novela carga en sus páginas varias muertes y golpizas, las cuales, mayormente, suceden fuera de campo, en elipsis. En un tiempo en que las novelas negras están cargadas de sangre, bordeando lo gore,  proponés otra estética. Me gustaría hablar de eso.

Como lectora y como escritora, prefiero lo que se hacía en las tragedias griegas: si hay algo espantoso (Edipo arrancándose los ojos, por ejemplo), que sea fuera de escena.

Lo que está por encima –o detrás- de la ley, las sombras sin nombres, lo oculto, lo impresentable, ¿incentiva o frena todo intento de correr el velo?

En primera instancia diría que lo frena, claro. Pero creo que también juega con cierta omnipotencia: a veces incentiva una búsqueda que luego castiga. Y quizás sólo lo hace para demostrar que puede hacerlo.

Desde Rastros: Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal de la Biblioteca Nacional, tenemos la hipótesis de que la novela negra, al reposar en la idea de crimen, reflexiona –de manera conciente o no- sobre el derecho como estructura simbólica e imaginaria de la sociedad. En el choque de nociones como Justicia/ley y, en definitiva, en el rol del Estado. Me interesa conocer tu opinión.

Sería muy difícil responder a eso en pocas líneas. Creo que “La tensión del umbral” bordea esta relación entre Justicia y Ley. Creo que se ocupa también de hablar de cuánto estamos dispuestos a hacernos los distraídos con todo lo que pasa en torno a nosotros. Pero el hueso de la novela se relaciona con el modo en que se enlazan la Historia con mayúscula y las historias personales. Creo firmemente que cada gesto tiene una carga política porque construye mundo. Uno de los muchos mundos posibles.

¿Por qué creés que el género negro está siendo consumido con tanta avidez en todo el mundo?

Quizás porque aborda temáticas que nos inquietan. Quizás porque muchas novelas negras tiene como eje un enigma y hay cierto placer en “descubrirlo”, en poder dotar de sentido a las cosas.

¿Cómo es tu proceso de escritura? ¿Cómo se modificó al escribir esta novela en una residencia bajo  el patrocinio del Conseil Général du Départament du Nord (Francia)?

Como la mayoría de los escritores en nuestro país, escribo cuando puedo. En los ratos libres que deja el trabajo. No tengo demasiadas cábalas, me acomodo a lo que se puede.
La experiencia en la residencia de Mont Noir fue extraordinaria. Dos meses para poder dedicarlos completamente a la escritura, un equipo humano que nos atendió como si fuéramos de su familia, conversaciones generosas, encuentros con los lectores, paseos por un bosque enorme. Me permitió crear una cápsula de tiempo donde trabajar con completa tranquilidad.

¿Cómo manejás el clima, la atmósfera, en tus narraciones?

Sólo escribo, voy haciendo lo que puedo. Corrijo mucho. Nunca usaría la palabra “manejar” en relación a la escritura. Se trata, más bien, de dejarse llevar.

¿Cómo abordás en tu obra el trinomio “lenguaje, trama, argumento”?

Qué pregunta más difícil. Para mí, la escritura debe funcionar como si fuera música. Cuando corrijo, leo en voz alta. Si algo desafina, lo trabajo, lo limo, lo saco. Casi nunca agrego. En general se trata de una poda. El argumento y la trama trabajan por su cuenta, yo voy por atrás, corriendo atrás de ellos, tratando de ser fiel en el uso del lenguaje. A veces el lenguaje manda y decide el argumento y la trama. Y cada libro  es diferente.



domingo, 9 de junio de 2019

Tacos Altos - Federico Jeanmaire






Los tiempos de un eterno presente 


El mundo es un enorme animal que corre. La inestabilidad, el cambio, el orden y el caos, la extraña red que une todo, esa mezcla oscura de la que están hechas las cosas. La violencia, con toda su estupidez; la violencia innecesaria; la tozudez, la contumacia: caminos que llevan a la desgracia. Mapas poblados de rencores, los clanes, el odio al que es diferente, la inmensa pequeñez, la mezquindad. ¿Cómo crecer en un mundo así?

Su Nuam nació en China y vivió diez años en Argentina. Ahora ha vuelto a su país de origen llevando un idioma que necesita usar para conservar la memoria de lo vivido. No da lo mismo recordar en chino que en castellano. Cada lengua es un modo de ver y una manera de intervenir. Por eso Su Nuam (“Llanura ardiente”) escribe. Una chica de quince años, sentada sobre una palangana “a orillas del gran canal, el final de la calle del mercado, en Suzhou”. Escribe en castellano. Con los fallos y revelaciones que provoca una lengua extranjera. 

“Me cuesta el pasado. Y me cuesta el futuro también.” Su Nuam habla de gramática. De esa dificultad que la obliga a hablar con todos los verbos conjugados en presente. Pero de eso se trata: de cómo el uso del lenguaje nos revela el mundo. ¿Qué otro tiempo verbal podría importar? ¿Acaso no sucede todo ahora? ¿Acaso el futuro y el pasado no existen en tanto nos atraviesan?

La escritura limpia y elemental de Su Nuam conmueve. La economía de recursos se vuelve belleza. Y esa es la palabra que define a Tacos altos, la última novela de Federico Jeanmaire. Un breve tratado sobre la belleza que existe en lo mínimo. Una suave interrogación sobre lo delicado, a pesar de la crueldad que manda en nuestra especie.

Su Nuam es capaz de entender cosas imposibles de poner en palabras. Y, de algún modo, reflejarlas en su cuaderno. Descubrimientos. Preguntas. Una historia que se desarrolla en dos escenarios y que habla de la soledad, el miedo, la venganza, la obediencia, el odio, la injusticia y la violencia. De qué modos enfrentamos el caos del mundo y cómo -por qué caminos, con qué rituales- buscamos reparar lo herido y restaurar un orden perdido. La escritura como pincel de la memoria, como herramienta testimonial, como instrumento para relevar un territorio confuso, difícil de aceptar. La identidad que vamos construyendo tejiendo palabras y paisajes. Su Nuam navega en una lengua extranjera. Y va descubriendo sus huecos, sus barrancos, sus esquinas, sus dobleces. 

Tacos altos dialoga, de algún modo, con El azul de las abejas, de Laura Alcoba, otra hermosa novela que se ocupa de la infancia, el desarraigo y los idiomas. Ese diálogo ilumina ambos libros si uno se entrega al juego de leerlos uno después del otro.



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero






Artículos relacionados:

Más liviano que el aire - Federico Jeanmaire

El azul de las abejas - Laura Alcoba





jueves, 30 de mayo de 2019

Comentario sobre L´Échange ("La tensión del umbral") - Blog Cinéphile m'était conté ...




Progression dans les ténèbres (L'échange)


Si L'échange d'Eugenia Almeida était un film, il serait d'évidence tourné en noir et blanc, dans un style expressionniste, avec des ombres surdimensionnées se dressant à chaque coin de rue du vieux Buenos Aires. 
Le roman frappe par la brièveté de ses chapitres: beaucoup d'entre eux sont des dialogues directs où le nom des interlocuteurs n'apparait qu'avec retard, presque de façon accidentelle. 
L'histoire de L'échange est labyrinthique et prend racine des années plus tôt, le style du livre épouse cette incertitude et ressemble à une progression dans les ténèbres sans qu'il soit véritablement certain que la lumière apparaitra un jour. Un polar ? Un thriller ? Une oeuvre au noir plutôt, oppressante et fascinante, qui magnétise son lecteur avec une économie de moyens prodigieuse. Preuve s'il en est que la poésie peut surgir d'une forme condensée mais puissamment évocatrice. 
Inutile de préciser que le livre est profondément argentin et pas seulement parce que l'un des personnages principaux est psychanalyste à la retraite. Les autres sont journaliste, flic, mafieux, garçon de café ... Certains apparaissent, le roman les accompagne quelques instants et puis, il peut arriver qu'ils disparaissent aussi vite. Ou pas. C'est l'une des particularités du livre : tout peut arriver, ou presque, il y a ce sentiment que la fatalité est plus fort que tout. Du coup, oui, l'on revient à cette idée de caractère argentin, comme une triste rengaine de tango. Pas question de trop évoquer le passé et le sale air de la peur à l'époque de la dictature. Sauf que le procès n'en a jamais été fait et que certains acteurs de cette période courent toujours et n'hésitent pas à agir quand on fouine un peu trop. 
La fin de l'échange est ouverte. On peut craindre que le pire soit à venir. Il faut en tous cas le répéter le plus souvent possible : ce livre est une pépite noire !





domingo, 12 de mayo de 2019

Chaco For Ever - Mempo Giardinelli





Ante el abismo 

En 1975 Mempo Giardinelli trabajaba en la Revista Siete Días. Esa relación laboral le impedía presentarse al concurso de cuentos policiales que organizaba el semanario. Pero la tentación era demasiado grande. El jurado era “espectacular”: Borges, Roa Bastos y Marco Denevi. Giardinelli se guió por el deseo y envió un cuento, sabiendo que en caso de ser elegido tendría que renunciar al premio y al trabajo. 

Los ganadores fueron cinco, entre ellos Piglia y Di Benedetto. Giardinelli recibió la primera mención. Tuvo que ocultar su alegría hasta que se animó a llamar a Denevi y contarle quién era y qué había hecho. En una mesa de café, Denevi le reveló algunas de las deliberaciones del jurado. Aquel cuento abre esta antología de relatos que acaba de publicar Edhasa. Cuarenta años después, “El paseo de Andrés López” sigue funcionando a la perfección.

El autor chaqueño aprovecha el territorio del prólogo para aclarar que si bien el título del libro hace referencia al club “más popular de Resistencia”, no hay en Chaco For Ever historias de fútbol. Tras un pequeño homenaje a maestros y colegas (Orgambide, Rulfo, Monterroso, Filloy, Xurxo, Anderson Imbert, Gorodischer y Denevi), Giardinelli revela “las dos vertientes que constituyen la médula de todo gran cuento: el fino humor sutil y la estremecedora tragedia, esas dos caras de la comedia humana.”

Un Falcon verde, un médico extrayendo una bala en el asiento trasero de un auto, una adolescente negra en Resistencia. Un reencuentro, una larga confidencia en la cocina. La cosecha de algodón y alguien que escapa corriendo por el monte. Un piano que cae desde el cielo. La carga de un camión destrozando dos cuerpos jóvenes. San La Muerte. Un hombre que acaba de salir de la cárcel. Un ex combatiente de Malvinas convertido en mendigo. Un opositor a Stroessner asesinado, simulando una fuga. Un preso que silba Nabucco, de Verdi, en una cárcel de la Patagonia. 

Hay algo crudo en Chaco For Ever. Los personajes descubren que las cosas no son como creían y en ese descubrimiento hay dolor, tristeza, furia, resignación. Algo los ha llevado al límite, al punto donde todo se desencadena y es inevitable mostrar lo que uno realmente es.

En muchos de estos relatos se presentan con maestría escenas insoportables. En “Luminoso amarillo” una niña es vendida. Se ve la oscuridad, la miseria y la codicia obteniendo su presa. El narrador no juzga: muestra. Y ese mostrar es tan preciso y escueto que lo no dicho retumba con fuerza.  

Los cuentos de este libro llevan la marca de Giardinelli: el estilo sencillo (una sencillez siempre  difícil de conseguir) y el argumento contundente jugando en dosis justas. El equilibrio de un cuentista que domina su oficio.


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero