Contacto

eugeniaalmeida72@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta escritores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritores. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de agosto de 2022

"Síndrome Praga" - Juan Pablo Bertazza



La cifra del destino

Rodrigo deja Buenos Aires para irse a Praga a trabajar como improvisado guía de turismo en una ciudad que no conoce y donde se habla un idioma que no entiende. Ha decidido llevar un diario personal donde registrar sus periplos cotidianos.

Rodrigo atraviesa las calles y hace preguntas a las personas con las que se cruza porque siempre está algo desorientado, algo perdido. Praga se despliega con toda su belleza y se convierte en el principal personaje de la primera novela de Juan Pablo Bertazza.

Decir Praga en un contexto literario es pensar inmediatamente en Kafka. Y hay mucho de él en esta historia. Para empezar, un aire asfixiante, enrarecido. La fragilidad vulnerable de quien desconoce el escenario y participa de rituales ajenos que lo involucran pero no llega a comprender. La convivencia de algo siniestro, ominoso y agobiante, con una risa que brota de lo absurdo, del sinsentido que a veces ofrece lo grotesco. Y aquí es bueno recordar que cuando Kafka les leyó los primeros capítulos de El proceso a sus amigos tuvieron que interrumpir la lectura varias veces porque no podían dejar de reírse a carcajadas.

Incluido en un equipo de guías que tiene por principal objetivo “la invención de nuevas leyendas”, Rodrigo escribe en su diario: “Tuve la sensación de que estaba adentro de un sueño: en medio de una discusión que no entendía, con desconocidos, en el corazón de un país al que acababa de llegar y donde sucedía algo tan extraordinario como inexplicable”. Lo inexplicable es lo que llaman el “Síndrome de Praga”, un extraño fenómeno que involucra números que aparecen grabados en la frente de ciertas personas. Números que son, en realidad, la fecha de la muerte de quienes los portan. Una revelación que nunca es visible para los involucrados.

El desconcierto, la extrañeza, los sueños, la repetición, los ecos, el desdoblamiento, la inminencia de la muerte, los recorridos en Praga y en lugares cercanos a la ciudad, el campo de concentración de Terezín, una iglesia construida con huesos, un partido de fútbol, las visitas a museos y sitios históricos, la leyenda de El Golem, una mujer checa que el protagonista conoció en Buenos Aires, un guía egipcio que dice ser descendiente de Ramses II, una vendedora de helados. Todo se cruza en esta novela que deja, como un eco, algunas preguntas. ¿Somos capaces de leer nuestro propio destino? Y si lográramos hacerlo, ¿cómo influiría esa lectura en nuestra vida? “A Praga sabemos cuándo venimos pero no sabemos cuándo nos vamos”, dice uno de los tantos personajes con los que se cruza Rodrigo. Pequeñas revelaciones que va dejando asentadas en su diario,  que va del 3 de julio al 10 de agosto.

Juan Pablo Bertazza -poeta y periodista- nació en Buenos Aires en el año 1983.  Síndrome Praga fue escrita en la capital checa, gracias a la beca "Praga, ciudad de literatura".


Eugenia Almeida

Publicado oriinalmente en "La voz del interior"

https://www.lavoz.com.ar/numero-cero/cifra-del-destino-resena-de-sindrome-praga/



lunes, 15 de agosto de 2022

"La hija" - Anna Giurickovic



El teatro de la memoria

¿Cómo comprender lo que sucede? ¿Cómo rasgar los hábitos cotidianos para abrir los ojos y ver realmente lo que pasa a nuestro alrededor? ¿Cómo asimilar lo que implicaría el derrumbe del mundo tal como lo conocemos?

Silvia recuerda. Y todo parece cifrarse ahí.

Recuerda cuando ella, su hija y su marido vivían en Rabat. Su ejercicio de memoria es complejo, no permite separar lo bello y lo terrible. Lo mismo los paseos compartidos que la muerte y el silencio. Un suicidio, un accidente, las posibilidades que baraja la mente frente al desconcierto. La viudez. La decisión de dejar Marruecos para volver a Roma. El empezar de nuevo.

Han pasado años desde esa partida. Ahora Silvia no encuentra el camino con María, la hija ya adolescente que todo lo cuestiona, una ermitaña que ha dejado la escuela, alguien hundido en una furia que apenas se puede nombrar.

De eso se trata La hija, primera novela de la italiana Anna Giurickovic. De lo no dicho, de lo silenciado, de lo que vuelve con violencia, irrumpiendo, en su necesidad de ser reconocido. De la responsabilidad ante los otros, de los secretos, de la complicidad con la violencia.

Silvia camina por Roma y piensa “hasta lo feo puede parecerme bonito si lo miro con buenos ojos”. Una frase que puede sugerir optimismo pero esconde una verdad insoportable. La de quien no quiere ver y cree que sólo con la bondad de su mirada puede hacer desaparecer la brutalidad de las cosas.

No todo ha sido ceguera en la historia. La suegra de Silvia insistió en que debía indagar cómo estaba realmente María. Que debía buscar la razón por la que una niña miraba “como un viejo” y tenía “los ojos velados, demasiado grises, apagados.”

El vínculo entre madre e hija está atravesado por ese silencio y esas cuentas pendientes. Y todo va a detonarse con la llegada de Antonio, la nueva pareja de Silvia.

La hija incomoda al exponer las cárceles que puede dejar una herida como el abuso. Gran parte de esta novela –inquietante al punto de lo insoportable– se sostiene en la voz de una madre que ha tardado demasiado en ver lo que pasaba en su casa. Aún hoy, años después de aquello, todo parece remitir a lo que no se vio, a lo que quizás debe ser puesto en escena –de un modo invertido, con la marca que suelen tener las pesadillas– para esta vez, finalmente, hacer algo.

Muy lejos de los relatos estereotipados que suelen hacerse del abuso infantil intrafamiliar, La hija muestra su crudeza y acerca algo de ese espanto al lector, mostrando daños irreparables que irán desplegándose de modos impensados.

Anna Giurickovic nació en Catania en 1989. La hija fue nominada al premio Strega (uno de los más importante de Italia) en 2017.


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en "La voz del interior"

https://www.lavoz.com.ar/numero-cero/teatro-de-memoria-resena-de-hija/





jueves, 11 de agosto de 2022

"La tierra empezaba a arder" - Cynthia Edul



Todo pasa y todo queda

"La Siria que vos conociste ya no existe más", dice la primera frase. Y esa idea va a ir repitiéndose a lo largo de la historia, a través de las imágenes de un territorio que sucumbe bajo la guerra, la violencia, la destrucción de lo cotidiano.

Hay una descripción conmovedora de esa desolación. Quien la hace es una nieta de inmigrantes sirios que llegaron a la Argentina y dejaron que esas dos culturas se mezclaran. El relato se inicia en un viaje a Siria, acompañando a su madre que regresa a Damasco después de 40 años de ausencia.

Quizás la palabra clave sea desconcierto. Algo que nos suspende porque no encaja en la melodía que esperábamos. ¿Qué decir? ¿Cómo nombrar esos sentimientos que no encuentran lenguaje? Cynthia Edul acompaña a su madre y se embarca en el misterio que encierra el lugar que uno ha dejado atrás, el que carga de otros ecos palabras como "regreso" o "patria".

Es octubre de 2010. La madre, cuando pisa suelo sirio, refuerza ciertos temores propios de haber vivido “bajo un sistema paranoico”, la sensación de que “el servicio secreto tiene agentes en todos lados”.

Lo que Edul ve es un escenario con una “paleta cromática” donde es “todo un poco gris y un poco negro”. Un aeropuerto con la foto gigante del presidente. Una casilla de Migración en la que nadie sabe dónde está Argentina.

Se corre un velo y la narradora descubre que detrás de lo que parecía “el regreso a la tierra de origen” empieza “a desplegarse la mecánica de una dictadura despiadada”.

En Damasco las espera un primo que ha hecho suyas las costumbres más conservadoras de la ley islámica. El paisaje social impacta: lo masculino ceñido a la visibilidad, al poderío sobre el territorio, a lo público. Las mujeres recluidas a lo doméstico y obligadas a ocultarse. Los minaretes, el rezo, los cantos. Los lazos de familia como un entramado de batallas en torno a las tradiciones, a lo que se considera justo, a lo que cada uno reclama para sí.

Está la historia de un pueblo y la historia de una familia. A la par de un despliegue de lecturas y escritos que ayudan a entender el trasfondo histórico, hay una disputa legal en torno a una herencia, una ruptura, un retirarse de la palabra.

Luego vendrá la guerra, el Terrorismo de Estado, las noticias que llegan desgarrando a los que esperan. La necesidad de sacar de aquel territorio a los que todavía permanecen allí.

La tierra empezaba a arder es un libro extraño, plural, imprescindible. Cynthia Edul es una narradora exquisita. La escena de la noche en la que su abuela entró en la locura es perfecta en la economía de su sequedad. La autora habla por sí misma, pero también respondiendo a la necesidad del clan: contar la historia, ponerla en palabras, dejar testimonio.


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en "La voz del interior"

https://www.lavoz.com.ar/numero-cero/todo-pasa-y-todo-queda-resena-de-tierra-empezaba-arder/

domingo, 2 de febrero de 2020

Entrevista a Esther Cross




"Para poner en palabras la memoria, 
hay que traicionarla"


Tres hermanos es un libro difícil de encasillar. ¿Es una novela? ¿Una colección de cuentos? Esther Cross logra enlazar relatos de modo tal que esa pregunta deja de ser importante. Construye una realidad hecha de fragmentos. Lo que podríamos llamar “una experiencia”. Y lo hace con una maestría admirable.

El libro se abre con unos versos de José Emilio Pacheco: “Ocúltate en la zarza./ Que no te atrapen. El mundo / sólo tiene un lugar para los corderos: / los altares del sacrificio.” El epígrafe funciona como sostén y anuncio de lo que vendrá: un relato de infancia que no se puede dejar. 

Tres hermanos, el campo, los animales. El paisaje se va imponiendo. Los bichos, el barro, los perros anunciando presencias, una gallina que duerme sobre el borde de una bañera, los tábanos, un caballo desbocado, una muerte, una desgracia, el silencio de todo lo que queda sin decirse, una niña sonámbula, una tormenta de tierra, un intento de suicidio, un escopetazo, una paloma que cae, una mujer tuerta que teje crochet mientras cuida los baños de la terminal, un comisionista, un tanque australiano, el desborde de un río. Todo se encadena en un libro que deslumbra por su belleza. 

–“Tres hermanos” exhibe una economía de recursos que sorprende por su potencia. ¿Cómo fue el proceso de escritura?

–La idea fue ésa: economizar recursos. Cuando escribía las historias en general descubría que las oraciones largas, las vueltas, marcaban los lugares donde algo había fallado. Donde las historias se alargaban, o la escritura se volvía más cargada, en general tenía problemas, disimulados por esos retoques más o menos hábiles. Retrocedía y trataba de enfocar. Es lo mismo que pasa siempre: la idea es afinar lo que una quiere decir, saber qué es, en la medida de lo posible. Parece lo más fácil y a veces es lo más difícil.

–El libro habla de vínculos, de memoria, de herencias, de pérdidas, de silencios.

–Creo que sí. Esos vínculos podrían ser los lazos que unen  las historias del libro. Todas las historias pasan en el mismo lugar. Pero lo que une las historias hasta formar una historia más grande no es ese factor común, obvio, esa casualidad geográfica. Estos vínculos, con sus acercamientos y sus tensiones, con sus evoluciones, no siempre buenas, son los que unen las historias, espero. 

–Hay un trabajo muy delicado en torno a los detalles, una construcción minuciosa.
–Cuando alguien está adentro de una situación en general no ve el cuadro grande, ve los detalles, y las historias del libro están contadas por una chica que estuvo ahí, fue parte de ellas.  Creo que los detalles sobresalen por eso, como señales indicadoras, cuando esa chica cuenta lo que vivió. Así funciona la memoria a veces: rescatamos  detalles sueltos y los editamos de la mejor manera posible en un todo. Quise mirar con lupa algunos detalles, pero resaltar sólo algunos sin escribir en cámara lenta, es decir, sin detenerme en todos.

–La naturaleza es un personaje más, una fuerza omnipresente que atraviesa a cada personaje de un modo diferente.

–Los lugares determinan algo. La naturaleza no es ese recreo apacible, pasivo, inofensivo, que salta como una imagen ideal en cuanto la nombramos. La naturaleza es fuerte, tiene sus equilibrios y rupturas, sus violencias. Las personas, con nuestras rarezas, también somos parte de ella. Aquí el lugar, el segundo plano, cobraba importancia.  No era una decoración.  

–Para construir esas escenas de la naturaleza creás algo que se asemeja a una “banda sonora” de la novela. Ladridos, zumbidos, “un revuelo seco que se desata en el monte”. Hay mucho de poesía ahí. Imágenes y sonido. ¿Cómo juegan tus estudios de cine en tu proceso de escritura? 

–Banda sonora de la novela: no lo había pensado, es cierto. Lo visual gana siempre, ¿será porque las imágenes visuales perduran más? Dicen que lo primero que perdemos, olvidamos, de una persona, es su olor, su voz, pero su imagen visual se sostiene, en cambio, en el tiempo.  A lo mejor por eso sentimos un impacto tan fuerte cuando soñamos con la voz de alguien que no vemos hace años. Los sonidos implican una cercanía. Mientras escribía el libro, leí más poesía que en otros años. La poesía es una buena guía, siempre, por la condensación, por el balance entre dominio y salto constante que tienen los buenos poetas.  Leés mucha poesía y algo de eso queda, aunque sea como aspiración. 

–¿La memoria es siempre fragmentaria?

–A lo mejor es un continuo, como un sueño, y para contarla una la fragmenta, la edita, como se hace al contar un sueño. Es una especie de sacrificio.  La memoria debe transcurrir con esa lógica loca de los sueños, que ruedan incesantemente, y para ponerla en palabras, para compartirla o entenderla,  hay que traicionarla, fragmentarla, como al contar un sueño.

–Hay un trabajo muy interesante en torno a lo no dicho. ¿Qué lugar le das al silencio en tu obra?

–El mismo que en la vida.  Siempre está ahí. Tiene que estar ahí.



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en La Voz 



domingo, 26 de enero de 2020

El río de la conciencia - Oliver Sacks




El misterio de la vida

En 1991 Oliver Sacks recibió una invitación para participar –junto a otros cinco científicos– en un documental donde se hablaría de “el origen de la vida, el significado de la evolución y la naturaleza de la conciencia”. Sus compañeros eran expertos en Física, Biología, Paleontología, Historia de la Ciencia y Filosofía. Sacks deslumbró a todos por su capacidad de abordar los temas desde diferentes disciplinas. Es algo que el neurólogo inglés siempre hizo muy bien. De aquella invitación surgió la idea de hacer este libro, el último que escribió antes de morir, en 2015. Ahora llega su edición en español, con esa rara atracción que ejercen las obras póstumas. 

“El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río”, escribió alguna vez Jorge Luis Borges. Esas son las palabras en las que se inspiró Sacks para titular un libro en el que retoma los puntos de interés que ha recorrido en toda su obra. La conciencia, la evolución, los modos de percepción, la memoria, el aprendizaje, la historia de la ciencia, el movimiento, el tiempo, la necesidad de narrar, la educación y la creatividad. Para abordarlos, el autor se sirve de su propia experiencia como neurólogo y de sus múltiples lecturas. Una marca de su estilo es trabajar también con la literatura. Por aquí se mezclan los nombres de escritores como H.G. Wells, Doris Lessing, Dostoievski, Mark Twain, Coleridge, Susan Sontag, Conan Doyle y Harold Pinter con científicos como Darwin, Einstein, Poincaré, Luria o Freud. 

El modo en que Sacks se acerca a la ciencia está marcado por el placer y la alegría. En ese tono, son especialmente interesantes los capítulos que hablan de Darwin y de Freud. La ciencia también puede ser vivida como un juego: el juego serio de desentrañar el ritmo de algunos misterios. Darwin y sus cinco hijos trazando las rutas de vuelo de los abejorros machos; la eufórica fascinación que sentía por las plantas carnívoras. Un joven Freud y su investigación sobre las células nerviosas de los cangrejos de río; los veinte años que trabajó como neurólogo y anatomista, cuando sus avances lo dejaron muy cerca de descubrir la existencia de las neuronas.

El río de la conciencia puede leerse alterando el orden previsto. Es uno de esos libros que tienen la potencia de un artefacto lúdico. Para quien quiera profundizar algunos de los temas propuestos, en las últimas páginas encontrará una detallada bibliografía y un índice analítico. 

Oliver Sacks nos recuerda que todos somos únicos y, a la vez, compartimos un “parentesco biológico con todas las demás formas de vida”. El tener plena conciencia de eso nos ofrece una suerte de arraigo y un espacio de pertenencia en ese misterio que es la vida. 


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en La Voz del Interior



martes, 21 de enero de 2020

Texto de presentación de "Inundación" - Camila Sosa Villada




Aquella noche de agosto de 2019 en que presentamos "Inundación", la querida Camila Sosa Villada dijo estas palabras. Las dijo, las actuó, las cantó, les puso el cuerpo. Le estoy infinitamente agradecida.



"Antes que nada, quiero pedir disculpas porque aquí no están los escritores o las escritoras que deberían, a mi entender, bautizar un libro como este. En primera porque están muertos. Pensé inmediatamente en Borges, porque una piensa en libros y piensa inmediatamente en Borges. Porque era un tipo sabio el Jorge Luis y la sabiduría es un bien de la humanidad. También pensé en Marguerite Yourcenar, en que posiblemente ella podría decir las palabras que acaricien un bautismo como este. Me invade cierta impotencia, ante las cosas bellas como este libro, que además me figuro, es el arte de la belleza, verdad, recordarnos cuán pequeñas, impotentes y vanas, somos a veces.

Pero una escritora se sienta y escribe. Una escritora dedica un tiempo a eso, siempre incómoda, no hay manera de hacer de este oficio, un oficio cómodo, siempre mal sentada, porque además nadie puede sentarse bien para escribir, porque como dice Eugenia Almeida: se escribe con todo el cuerpo. Nuestro cuerpo es la escritura más que cualquier otra cosa, porque nuestro cuerpo es un relato. Y la escritora, lo sabe, puede escribirlo, que además es otro cantar, porque hay mucha gente que lo sabe, pero muy poca puede escribirlo, nos dice que se escribe con el cuerpo. Y una entiende la forma del lenguaje, porque es nuestro relato este cuerpo, este cuerpo que es capaz de soñar, de sentir envidia, de sentir placer. Es el cuerpo capaz de un pensamiento, de interpretar un pensamiento, de entenderlo.

Una escritora es humilde, en su forma de vestir, en el tono de su voz, se escucha el vuelo de la humildad, que le permite hablar así sobre las palabras.

Inundación es un diccionario. El diccionario de Eugenia Almeida.

Pero es también la forma en que vemos el cuerpo de Eugenia Almeida, los trazos que hay en ese cuerpo, como los círculos de un árbol, como la forma de una espalda que es moldeada por la vida. En este momento, escribir sobre este libro, Inundación, me hace sentir miedo. Es complejo acercarse a libros que se leen con fiebre, porque el cuerpo está como un cernidor, todo puede pasarnos. Tengo un fallido al escribir esto y cambio Inundación por Invasión, porque estoy invadida por reflexiones que no había hecho hasta ahora. Y es porque he leído el libro estando enferma y con fiebre. Me ha tomado por completo y me ha reconocido, como una enfermedad, se ha puesto dentro de mí. Ha reconocido de lo que estoy enferma. Entonces una encuentra que se habla sobre el suicidio. Y una sabe que la vida no es soportable sin esa última posibilidad de decidir cuándo terminarlo todo. Poder hablar con ternura de esa posibilidad, es quizás el logro más transgresor de sus páginas. Hablar de las cartas de los suicidas.

Por eso me da miedo.

Este libro es, además, un deseo. Entonces hay que andarse con cuidado porque es el deseo de una escritora lo que está en juego. El cuerpo de una escritora. Y es una responsabilidad hermosa, no meterse con el deseo de una escritora.

Sin embargo, me pregunto de dónde proviene el deseo de esta escritora en particular. De dónde abreva una mujer como ella cuando se sienta a escribir, que es como mirar el mundo. Es del baño de la sabiduría, de ese arroyo que muy pocos se cruzan en el camino de la vida. Y encontrarse con personas sabias, es una fiesta. Porque el lenguaje, que es una forma de saber, es una fiesta. Y estamos constituidos de él, manos, bocas, pelo, axilas, pies, uñas, todo es lenguaje. Todo es el infinito poder del lenguaje, porque es silencioso y lento, porque invade todo el cuerpo.

Pienso que el tesoro más grande del lenguaje, son sus diccionarios. Tan sólo con eso basta. Basta para hacer vivir al lenguaje.

Este diccionario es un tesoro del lenguaje. No porque defina nada, si no porque nos siembra la curiosidad de pensar en palabras como las que Eugenia eligió como puntos de partida.

Por ejemplo: “(…) Mi vida. La vivida. No parece parece mía (…). “

O: “(…) Pero escribir es un acto de fe. De fe en el lenguaje (una fe mil veces destruida y vuelta a levantar), fe en que existe una posibilidad de encuentro (…).”

O: “(…) Como en todo paisaje de supervivencia, el que se queda quieto es el que muere primero (…).”

O: “(…) De todas las palabras que podrían ser dichas, las que finalmente llegan a la boca son las que -por su inoperancia- saben sortear los caminos de la prohibición (…).”

Es decir que deseo con todo el cuerpo que este libro tenga una vida larga y alegre, que se agote una y otra vez, que las personas lleguen a él y lo tengan entre sus manos, que lo lleven consigo para leerlo en los ascensores y las colas de los bancos o las guardias en los hospitales, que nos llegue el trabajo de esta escritora que un día se sentó a escribir cosas como éstas.

Y más allá, celebremos tener un libro bello y posible, entre las manos. Es posible la belleza de los libros, todavía, a pesar de Mauricio Macri. A pesar de nuestra traición a los libros, es posible que una editorial del culo del mundo, haga un libro como éste. Una colección como ésta en la que celebro la bienvenida de una mujer como Eugenia Almeida, que sólo puede enriquecer a sus compañeros y a su compañera. Darle vuelo, profundidad, hondura, análisis, una desnudez, una desnudez tan femenina.

Celebro una editorial dirigida por una mujer porque cuando se tiene un libro de su sello, una sabe que se encontrará con literatura. A veces, cuesta diferenciar los libros debido a cierto mal gusto de sus editores, no se sabe si una tiene en sus manos una novela, una autoconfesión o un libro sobre derecho penal. Entonces, permítaseme la vanidad, yo agradezco este papel, esta dedicación, la mirada de Demian Orosz, ¡otro!, otro inexplicable entre nosotros.

Y es una pena ser una tan bruta y no encontrar palabras más acertadas respecto al sentido de un libro como este, que habla de una pausa. Que habla de un silencio donde sea posible escuchar el murmullo de nuestro sistema nervioso. O el eco del primer estallido del universo.

Más allá del lenguaje, hay una sanación. Es posible, atravesando el lenguaje, encontrar un lugar donde reposar alguna vez, que es tan necesario como esta pausa en la vida de una escritora. Porque una vez el libro está escrito, la vida sigue y hay que presentarlo, decirlo, explicarlo, hay que vivir la vida y seguir comiendo, encontrarse con que una no está sola en el mundo como le hizo creer el espíritu diabólico del libro. Pero antes, una escritora, se sentó a escribirlo, atravesó el lenguaje, con humildad y hasta me atrevería a decir, despojada, hasta el final, despojada de ella misma, aunque no sea menor que se atreviera a usar la primera persona.

Trabajemos con elegancia, dijo Rita Cortese mientras filmábamos La viuda de Rafael. Nunca más bello un deseo. Así, como trabaja Eugenia Almeida."


Camila Sosa Villada






domingo, 19 de enero de 2020

Los testamentos - Margaret Atwood



Diarios de resistencia

En 1984 Margaret Atwood escribía El cuento de la criada, posiblemente su obra cumbre. El libro se publicó en 1985 y, si bien en su momento tuvo mucha repercusión, en los últimos años se convirtió en una referencia literaria imprescindible de la lucha por los derechos de las mujeres en diferentes partes del mundo. 

Treinta y cinco años después llega Los testamentos, una novela que se promociona como la continuación de El cuento de la criada. La pregunta es inevitable: ¿es necesario haber leído aquella obra para disfrutar este nuevo libro? En lo absoluto. Los testamentos se sostiene por sí misma y vuelve a poner en evidencia la singularidad de Atwood: desmenuzar los nudos oscuros de nuestras sociedades sin renunciar a la destreza de atraparnos con una historia.

El escenario es el mismo: Gilead, lo que antiguamente era Estados Unidos ahora convertido en un régimen teocrático totalitario cuyas principales víctimas son las mujeres. Allí están los Comandantes, los Ángeles, los Ojos, las Tías, las Suplicantes, las Perlas, las Esposas, las Marthas y las Criadas. La sumisión, la censura, la esclavitud, la delación, las purgas y los linchamientos.

La escritora canadiense despliega un relato coral en el que se van intercalando tres voces. La de la hija de un Comandante; la de una adolescente que vive del otro lado de la frontera, en Canadá; y la de Tía Lydia, una de las temibles guardianas del orden que impone y sufre a la vez. Quizás esta última voz sea la más perturbadora porque pone en escena de qué modo las víctimas pueden convertirse en verdugos y cómo los procesos de sublevación no son lineales ni inmediatos. Lo que cuenta Tía Lydia permite ver cómo era la vida antes de Gilead, desnaturaliza lo establecido y nos recuerda que siempre hay en ciernes la posibilidad de otro mundo. Y que en esa idea puede esconderse el horror o la esperanza. “Se supone que toda mujer tiene los mismos motivos o, si no, es un monstruo”, dice George Eliot en una de las citas que abren el libro. La pregunta en cada historia será ¿un monstruo para quién?

Los testamentos es, también, un dispositivo de reflexión. ¿Qué es la libertad? ¿Cómo se ejerce? ¿Cómo liberarse uno y, a la vez, destruir la condición de esclavitud para todos? ¿De qué modos nuestros gestos combaten o colaboran con la opresión?

Contar más detalladamente los puntos de enlace entre El cuento de la criada y Los testamentos implicaría quitarles a los lectores parte de la potencia del libro. Hay que descubrirlo en la lectura.

Los testamentos obtuvo el Premio Booker, uno de los más importantes en lengua inglesa. Atwood ya lo había ganado en 2000 por su novela El asesino ciego y estuvo entre los finalistas con Alias Grace en 1996 y Oryx y Crake en 2003.

Eugenia Almeida

Publicando originalmente en La Voz del Interior




domingo, 12 de enero de 2020

La trenza - Laetitia Colombani



Caminos enlazados

Tres historias que se unen en las últimas páginas del libro. Tres mujeres en diferentes paisajes. Giulia, una joven siciliana que hereda la tradición de la “cascatura”, el trabajo sobre cabellos que van a usarse para hacer pelucas. Sarah, una abogada exitosa en Canadá. Smita, una mujer india confinada al grupo de los intocables, los últimos en la escala social de su país.

El accidente de alguien querido, el deseo de otro futuro para los hijos y la enfermedad surgirán como desafíos para preguntarse qué tipo de vida se quiere llevar y qué precio se está dispuesto a pagar. 

Con un lenguaje sencillísimo que no busca más que contar una historia, con un relato lineal y una  inclinación a lugares comunes, La trenza va por caminos previsibles. Los personajes se presentan como tipos, como ejemplares de un conjunto. Algo que puede desencantar a ciertos lectores. 

Si bien se ha hablado de una obra feminista, las reivindicaciones tienen un tono algo antiguo, con historias que hubieran sido potentes unos veinte o treinta años atrás. Salvo en el caso de Smita, los recorridos vitales de estas mujeres no se atreven todavía a pensar búsquedas libertarias que no estén ancladas en la familia, el desarrollo profesional y el reconocimiento externo.

Sin embargo, para muchos lectores, la novela puede ser un libro interesante, sin grandes exigencias y con el mandato del “final feliz en la adversidad” que tanto le gusta a Hollywood.

Laetitia Colombani es una reconocida actriz, guionista y directora francesa. La trenza es su primera novela.


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en La Voz del Interior





domingo, 5 de enero de 2020

El barquito chiquitito - Antonio Tabucchi




Arqueología familiar


En 1978 Antonio Tabucchi publicó su segunda novela. Aunque el autor se convirtió en uno de los escritores fundamentales de la literatura italiana, aquel libro permaneció inédito en español por casi cuarenta años. Ahora, finalmente, los lectores hispanohablantes podemos recorrer esos primeros pasos que dio Tabucchi antes de ser conocido mundialmente por Sostiene Pereira.

Leer las primeras obras de un autor consagrado suele tener el encanto de reconocer la semilla de lo que luego será un estilo. Ya está presente en El barquito chiquitito ese contar simulando no estar haciéndolo; ese ir dejando caer el relato como si fuera un descuido, una infidencia, un desvío involuntario. Un modo de escribir que tiene algo de ramificación infinita, una deriva que parece descontrolada y sin embargo narra, envuelve y convoca. De esas derivaciones, brota una historia.

La novela acompaña el periplo de Capitán Sesto en una suerte de arqueología familiar que le permita nombrarse plenamente a sí mismo. Tabucchi, en el prólogo, escribe una frase que quizás defina toda su obra: “la idea de que somos porque nos relatamos y de que él no podrá existir hasta que sea capaz de relatar su propia historia”.

Aquí hay fotos encontradas en un desván, una huida, una niña extraña, un tipógrafo venido de lejos, un embarazo y un casamiento. Cuatro hijos muertos a los pocos días de nacer y luego dos gemelos llamados Quinto y Sesto. Niños que apuestan los únicos juguetes que tienen: botones. Un padre agobiado por la ley de gravedad. Una sequía feroz, el arte de la rabdomancia y un joven que descubre estar “hecho para el agua”. La llegada de la electricidad al pueblo. Cartas de amor escritas desde la cárcel. La posguerra. Un niño que decide dejar de contestar y comenzar a ejercitarse  “secretamente en el silencio”. Un viejo que hace filosofía. Una mujer a la que llaman Rosa en homenaje a Rosa Luxemburgo. La persecución y la violencia política.  

La estructura de la novela juega con el ida y vuelta que hay entre el relato de la Historia con mayúsculas y el relato de las vidas singulares que le dan forma. Capitán Sesto cita fuentes históricas y luego hipotetiza e imagina para completar aquello que realmente le interesa: la historia familiar que lo precede.

Antonio Tabucchi murió en 2012. Su traductor al francés lo definió como una persona “tiernamente anarquista”, quizás una de las definiciones más perfectas de este italiano que se comprometió con un mundo donde la justicia y la belleza surgieran juntas. Alguna vez señaló: “Todos estamos un poco locos, habitados por voces, todos hablamos con nosotros mismos y hablamos en silencio, estamos acostumbrados a oír nuestra propia voz dentro de nosotros y muchas veces tenemos una memoria oral.”


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en La Voz del Interior




domingo, 29 de diciembre de 2019

Diario de amor y militancia - Susana Gómez





Aquellos días 


Lo primero que impacta en este libro es el diseño gráfico. La delicada intención de conservar el espíritu de un diario, una bitácora que recupera la propia historia y, de algún modo, la Historia que tenemos en común. De hojas gruesas, con el color que suelen tener los cuadernos después de un tiempo, con el trazo de la letra manuscrita, con fotos, ilustraciones y dibujos, Diario de amor y militancia salta a la vista como un libro objeto, uno de esos pequeños artefactos de memoria que muchos de nosotros queremos conservar. Hay aquí un encuentro que potencia: el de Susana Gómez, autora del relato, y el de Manuela Eguía, a cargo del diseño de arte y las ilustraciones. Es imposible pensar en el trabajo de una sin el trabajo de la otra. Y hay, en ese cruce, una riqueza singular. 

El libro cuenta, en primera persona, parte de la historia de Susana Gómez. Un relato que comienza en mayo de 1973, en Buenos Aires. Un año antes, con sólo quince años, Susana había dejado la escuela y su familia para involucrarse completamente con la militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), brazo político del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). En una reunión conocerá a Miguel Ángel Castiglioni. Poco tiempo después se irán a vivir juntos y tendrán un hijo. 

Con citas, documentos, dibujos y un relato en los que se mezclan Santucho, Los Beatles, García Lorca, las cartas de amor, Picasso, los dadaístas, Gramsci, Fellini, fotos de familia, la masacre de Trelew y Rimbaud, el libro es también un homenaje a los ausentes. A la presencia infinita de los desaparecidos.

Diario de amor y militancia aporta algunos detalles de la vida cotidiana de quienes militaron en estas organizaciones. El deseo de cambiar el mundo, los sacrificios individuales, un ideal revolucionario, la clandestinidad, la persecución, el miedo, el exilio. El relato de las múltiples estrategias de resistencia durante el tiempo de prisión. Los “caramelitos” que los familiares de los presos políticos hacían entrar en la cárcel con información que no podía ser transmitida de otra manera. El camino de la invención para encontrar una grieta y burlar la censura. La imaginación abriendo posibilidades para que la palabra circule. 

De eso se trata, quizás, este libro. De mostrar –incluso con su propia existencia– el rol primordial de la palabra como trinchera, como refugio, como soporte de la resistencia.

Sobre el final se suman otras voces: compañeros de militancia, familiares y seres queridos hablan de Miguel Ángel. Quizás lo que más conmueve es la carta de su hijo Nicolás. Un texto que, al hablar de su padre, dice en una sola frase todo lo que podemos decir de los desaparecidos: “él no está y estuvo siempre”. En esa aparente contradicción vive algo de lo indecible. Y, por tanto, algo de lo que más necesitamos decir.



Eugenia Almeida

Publicado orginalmente en La Voz del Interior



lunes, 23 de diciembre de 2019

Campo del Cielo - Mariano Quirós




A la deriva

Gente que parece haber perdido el rumbo o no haber tenido nunca uno. Vagabundos en un paisaje poblado de tierra, con el calor castigando los cuerpos, con una enorme colección de piedras caídas del cielo. Meteoritos llegados hace miles de años dándole el perfil a este pueblo conocido como Campo del Cielo. 

Un taller mecánico. La ruta. Una estación de servicio. Un anfiteatro. Un hotel. Un centro de salud. Un ring de box. Puntos de una constelación. Un territorio “áspero, como violento y venido a menos”. Un enclave natural pero extrañado. Los de afuera viven esa geografía como tierra hostil. Deciden regresar antes de llegar o huyen desesperadamente en cuanto pueden. Un escenario para diez cuentos en los que algunos personajes reaparecen de historia en historia para construir el relato de un espacio, de un clima. 

“Mientras haya fuego habrá una historia que aguarda ser contada” dice la cita de Luis Sagasti que abre el nuevo libro de Mariano Quirós. Ese fuego brilla en la estrategia del escritor chaqueño: hablar de un lugar a través de la vida de las personas que lo habitan.

Padres, hijos, hermanos, matrimonios. Lazos de familia que se tensan hasta lo insoportable. Dos mellizos que parten a buscar a su madre. Un niño que se apasiona por los meteoritos y se convierte en lo que parece “un sabio idiota”. Un padre desolado ante un hijo al que considera raro. Policías que manejan el negocio de los autos robados. Un artista que desaparece. Una cantora que huye. Un boxeador que busca recibir el golpe que le permita ver otra vez la figura de un extraterrestre que parece “un patinador, un bailarín monstruoso y colorinche”.

La noticia del suicidio de un músico de rock y el recuerdo de un concierto frustrado. Un actor personificando un meteorito. Un hombre que disfruta con cada accidente que ofrece la ruta. Los turistas como una fauna que nadie soporta. Los indios y su mirada divergente, su otra historia, su otro modo. Un parque de veinte hectáreas y un cráter gigante donde se ha construido un anfiteatro. La Fiesta Provincial del Meteorito que se celebra cada septiembre. Los animales siempre presentes: los perros, los tatús, los burros que se juntan al costado de la ruta a comer el trigo que cae de los camiones.

Equívocos, confusiones, malentendidos. Lo extraño y lo enrarecido. Extraterrestres y chupacabras. El miedo a lo que no puede nombrarse o delimitar, como las “criaturas del monte” que espantan por su indefinición. Y el relato de cómo empezó todo. Cómo ciertos eventos generan mitos. Cómo las personas se ponen a buscar y “a medida que avanzan, hilvanan nuevas historias; estallidos de la imaginación que ofrecen, mucho más que respuestas, nuevos misterios.” 


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en La Voz del Interior






jueves, 15 de agosto de 2019

Mentiras y moretones - Pablo Bernasconi




Un cocodrilo con dolor de muelas, un cocinero de paladar exquisito, cuatro hermanos equilibristas, un elefante que viaja en subte, un señor que se pasa la vida pensando en lo que todavía no ha sucedido, una niña que sabe dónde empieza el universo, una nieta y su abuela unidas por las estrellas, un monstruo que les tiene miedo a “las nenas valientes”, una bailarina, un ladrón insólito y mucho más. 

Este libro es el ejemplo perfecto de por qué la fórmula “literatura para niños” es demasiado restrictiva. Bernasconi nos habla a todos, no sólo a los niños. Veinticuatro relatos escritos e ilustrados por un artista inclasificable.


Eugenia Almeida









miércoles, 14 de agosto de 2019

El arte de la ficción - Willa Cather.




La belleza de una voz

Lecturas y escritura. Sobre esos dos ejes pivotean los dieciséis textos de El arte de la ficción. “El novelista debe aprender a escribir, y después debe desaprender”, dice WillaCather. Y luego: “Todo lo que se siente sin estar nombrado en las páginas es, creo yo, la creación más genuina.”

Publicados originalmente entre 1920 y 1949, lo primero que sorprende en estos textos es que no han perdido actualidad ni frescura. Además de recorrer la obra de Balzac, Tolstoi, Shakespeare, Turgueniev y otros, la autora permite recuperar escritores algo olvidados hoy, como Sarah Orne Jewett. 

Cather dice que es fácil describir las “cualidades de un escritor de segunda línea”; por el contrario,  “un escritor de primera solo puede experimentarse”, no hay modo de definir en qué consiste “la belleza de una voz”. 

No hay academicismo ni aires didácticos en este libro. Lo que uno encuentra el entusiasmo de alguien que lee y escribe. Alguien que nos cuenta cómo conoció a la sobrina de Flaubert en un viaje; alguien que se anima a llamar “calcetero avaro” a Daniel Defoe, cruzando en esa definición un trabajo (Defoe tenía un negocio de medias en Londres) y un estilo literario. Para referirse a la obra de Katherine Mansfield, Catherrelata un viaje en barco en el que conoció un pasajero (El Señor J.) que le contó cómo había conocido a Mansfield cuando era una niña. 

La autora insiste en el “efecto emocional” del arte. Y es allí donde encuentra el valor de una obra. Si logra tocar al lector, hay talento. Quizás sea un modo aproximado de definir la belleza de ciertas voces. 



Eugenia Almeida


Publicado originalmente en La Voz del Interior






martes, 13 de agosto de 2019

Si tuviera que escribirte – Alejandra Correa y Cecilia Alfonso Esteves





Cartas, pequeños gestos que buscan al otro sobre el papel. Rituales de encuentro en un tiempo desplazado.

Veintiocho poemas de la uruguaya Alejandra Correa acompañados por las fotografías de Cecilia Alfonso Esteves: miniaturas que construyen, con objetos cotidianos, un mapa de intercambios afectivos.

Como un detalle que relumbra la delicadeza de este libro, en la solapa hay un sobre listo para ser usado, con un poema impreso en una hoja que deja espacio a nuestras propias palabras.

Si tuviera que escribirte recibió el Premio Destacado de Alija en las categorías Ilustración y Labor editorial en libros para niños y jóvenes.




Eugenia Almeida






lunes, 12 de agosto de 2019

Lost in translation again – Ella Frances Sanders





Bajo el subtítulo “Un compendio ilustrado de expresiones curiosas de todas partes del mundo”, Ella Frances Sanders vuelve a desplegar las maravillas que habitan en cada lengua.

Cada idioma es una forma única de abordar el universo. Por eso hay franjas intraducibles;aquello que -como dice la expresión inglesa que da título al libro-, se pierde en la traducción. Por suerte, siempre tenemos aliados que, con espíritu de juego, viajan por caminos nuevos para “pescar” lo que otros pueblos dicen y cómo lo dicen. Expresiones de los cinco continentes, ilustradas por esta artista que se define como “escritora por necesidad e ilustradora por casualidad”.




Eugenia Almeida



domingo, 11 de agosto de 2019

Entrevista a Alejandro Grimson




“Para comprender un fenómeno político 
hay que comprender al otro”


“El peronismo jamás será atrapado en una frase”, advierte Alejandro Grimson en las primeras páginas de su libro. Un libro que elige como título una pregunta porque de eso se trata, de evitar los lugares comunes, las imágenes cristalizadas, los mitos y leyendas de propios y ajenos. Desmontar tramos de nuestra historia revisándolos bajo una mirada antropológica que incorpora un abordaje de múltiples dimensiones. 

El 17 de octubre, el golpe de 1955, Perón y su relación con Montoneros, López Rega y la Triple A, el menemismo, el kirchnerismo: momentos claves para comprender lo que el autor llama “los peronismos”, haciendo ingresar al lenguaje una multiplicidad y una heterogeneidad que a veces parece posible de abarcar.

Grimson insiste en que no puede entenderse el peronismo sin el antiperonismo y viceversa. Que, justamente, se trata de observar dinámicas que ponen en relación proyectos diferentes. 

¿Qué es el peronismo? es apasionante por muchas razones. Por su rigurosidad, por su compromiso, por sus posibles efectos. El lector se encontrará con la historia del peronismo pero también con mucho más: el modo en que se construyen categorías de análisis de fenómenos complejos y heterogéneos. El libro funciona como un ejercicio de pensamiento que puede ayudarnos a comprender mejor la realidad porque “el hecho de que no comprendamos el peronismo revela un problema más profundo: necesitamos aprender a mirar de otro modo.”


-¿Cuáles son las posibilidades que ofrece una perspectiva antropológica de procesos políticos como el peronismo?

-Para comprender un fenómeno político hay que comprender al otro. Hay que comprender otras formas de pensar. En el caso del peronismo, no puede comprenderse el peronismo sin comprenderlo en su relación constitutiva con el antiperonismo. De la misma manera en que no se podría comprender al segundo sin entender al primero. Ambos son fenómenos políticos atravesados por racionalidades muy distintas, por intereses muy distintos y por sentimientos también distintos. Pero son parte de una relación. No existen solo como opciones en el vacío sino que son un vínculo de espejos invertidos que pueden ser mirados a lo largo del proceso histórico desde 1945 hasta la actualidad.

-Usted menciona el papel constitutivo que ha tenido el racismo en la conformación de la  política argentina. ¿Cómo puede observarse ese rol central hoy en la disputa política?

-Al igual que sucede en otros países, en el caso argentino se trata de lo que se llama –antropológicamente– un “racismo sin racistas”. Porque en vez de tener organizaciones como el Ku Klux Klan lo que tenemos acá es una sociedad que dice “¿Racista, yo? Yo no soy racista, de ninguna manera”.  Ahora, es una sociedad que dice que no es racista y que sin embargo piensa que todos los hinchas de Boca, todos los que cortan calles, todos los que están afiliados al sindicato, todos los peronistas, son todos negros. Es muy fácil, si alguien quiere hacer el test antropológico, se pone a hablar con una persona que odie a Cristina Kirchner y va a escuchar que en un momento esa persona va a decir “yo no quiero que los negros vuelvan a gobernar”. O cosas por el estilo. Yo les he planteado muchas veces a esas personas: “Pero no entiendo si vos lo que decís es que Cristina es negra”. Y la respuesta que he encontrado siempre fue la misma. Fue: “Cristina es negra de alma”. O sea que, si en 1945 se hablaba de los cabecitas negras, hoy se sigue hablando de “la negrada”, “los choriplaneros” o cualquier cosa por estilo. Y eso quiere decir que la sociedad argentina es una sociedad racista en buena parte y que su política está estructurada a partir de ese eje.

-Usted señala que, en el 45, la postura antiperonista surgió de la combinación de tres perspectivas: la tradición antifascista, el enfoque patronal y la vieja concepción de “civilización y barbarie”. ¿Qué perspectivas  están jugando hoy en el antiperonismo?

-El antiperonismo actual es heredero del proyecto civilizatorio europeísta sólo que ese proyecto que en su época fue agroexportador, que en algunos momentos tuvo algunas intenciones muy tenues de ambivalencia con la industrialización, hace muchos años es claramente el proyecto neoliberal de desindustrialización y de destrucción de toda la trama productiva argentina. El famoso país para diez, doce millones de personas. Por supuesto que eso está vinculado a una perspectiva que no sería sólo patronal sino una perspectivajerárquica mayor en el sentido de que hay una vocación o un goce jerárquico del antiperonismo respecto de mirar hacia abajo ¿no? Y eso estuvo  presente en el 45 y sigue presente hoy. Y por otro lado hay algunas continuidades de otro tipo, que pueden situarse más en un plano específico como por ejemplo el odio brutal que hubo hacia la figura de Eva. Es un odio misógino que tiene una continuidad obviamente en la expresión que se usa sobre Cristina cuando se dice “yegua, puta y montonera”. ¿Qué implica esto? Implica que una mujer feminista que disienta políticamente con Cristina a mi juicio sería importante que pudiera salir a repudiar la misoginia contra Cristina. Así como si hubiera misoginia contra cualquier otra dirigente política. Cualquierreferente feminista es importante que, más allá  de sus adhesiones o no a esa figura en particular, luche contra todas las formas de la misoginia estén destinadas a quien estén destinadas.”



PERFIL: Alejandro Grimson es doctor en Antropología por  la Universidad de Brasilia. Es autor de "Mitomanías argentinas", "Mitomanías de la educación argentina" y "Mitomanías de los sexos". Es investigador principal del Conicet y profesor del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en La Voz del Interior