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viernes, 29 de junio de 2018

Comentario de Manuel Allasino (La tinta) sobre "El colectivo"



“El colectivo”, la alteración de la rutina rompe la armonía


Por Manuel Allasino para La tinta


“El colectivo” es la primera novela de la escritora cordobesa Eugenia Almeida publicada en 2009. Ambientada en un tranquilo pueblo a mediados de la década del setenta, el relato describe cómo un buen día el colectivo deja de parar y con ello viene la furia, la sospecha, la envidia y la pérdida de la armonía.

El colectivo, está amasada a partir de pequeños gestos, casi intranscendentes, pero con una prosa de frases cortas y rítmicas que calan bien hondo. Día tras día, el colectivo pasa de largo, eso inquieta a los pueblerinos. El chivo expiatorio es una pareja de jóvenes que están de paso y se hospedan en el hotel del pueblo. Con climas muy bien creados y logrados, Eugenia Almeida aborda los años de última dictadura argentina en un pequeño pueblo que no es ajeno a la violencia que se respira en el país.

“El primer día llegaron al hotel a tiempo para que Victoria tomara el colectivo de las ocho. Diez minutos antes de cumplirse la hora, Ponce vio los faros doblando por el camino que sale de la ruta. La luz anticipó la curva y el abogado bajó a la calle de tierra. El colectivo aceleró levantando polvo y quebrando la música eterna, incansable, agresiva, de las chicharras. Ponce se dio vuelta para ver las luces traseras del colectivo yendo hacia la ciudad. Las mujeres quisieron hablar pero el hombre marcó el silencio con un gesto. Esperen acá. Empujó la puerta del hotel y buscó a Rubén, que estaba por las mesas del fondo. -¿Quién maneja hoy? –Castro, el de Aguas Ciegas. –Ciego es él, que no me vio. Desde que Pérez se fue, andan todos mal. -¿No lo vio? –No, pasó de largo. Ponce gritó y salió del hotel. Las mujeres se callaron cuando la sombra de él se alargó hasta tocarles los pies. –Nenita, vas a esperar hasta mañana, ¿sabes? Victoria asintió con la cabeza y miró de reojo a Marta, que seguía sonriendo.  El abogado cruzó las vías y mientras oía el cuchicheo de su mujer y su hermana pensaba en las luces traseras del colectivo. “Este Castro es un idiota. Si no me hubiera visto no habría acelerado. No quiso parar”. Por la calle de la izquierda aparece Gómez en su bicicleta y al verlos volver les grita: -¿Qué, se arrepintieron? –y pedalea con fuerza mientras levanta la mano para saludar. Ponce quiere gritarle pero la voz le sale baja, leve, inaudible. –No, no quiso parar. Se da cuenta de que Gómez no lo oyó y ya ve su espalda y su nuca una cuadra más allá. Desde ahí no se ve la bicicleta negra y parece que el hombre pedalea en el aire. Ponce saca un cigarrillo del bolsillo y lo enciende. Al llegar a su casa espera a las mujeres para que entren primeras”. 

El colectivo, es una novela muy dialogada, pero al mismo tiempo tiene grandes espacios de silencio y reflexión. Posee la marca de la dictadura, dónde está ambientada, pero también del presente; una huella de la dictadura que está muy fresca y latente.

Todos los personajes tienen algo en común, prefieren ignorar el dolor, hacer de cuenta que no existe, pero eso como se sabe, es imposible. En un pueblo chico se nota más, las lenguas se sueltan con el mismo ímpetu con que el viento levanta el polvo.

“La cena era igual a otras tantas en las que Ponce se había mostrado cortés como una forma de agradecer a sus tíos el apoyo que le habían dado. Cortés pero molesto por dentro. Sabía que estaban orgullosos de él pero se sentía un animal de circo. Expuesto ante los ojos de los vecinos notables, mostrando lo que habían logrado hacer del huerfanito. Ponce oía tramos de la conversación, se concentraba sólo si alguien, con un gesto, decía una palabra que lo incluía. Sonreía y hacía un comentario. Cuando sirvieron el postre, el doctor Gallo le preguntó cuáles eran sus planes. Se sintió feliz. Detalló, palabra por palabra, la carta que le habían enviado desde un famoso estudio de abogados en Buenos Aires. Lo invitaban a formar parte del equipo y lo esperaban en quince días. Ponce se relajó y habló con los invitados como si fueran amigos desde siempre. Explicó que su sueño, desde el primer día en la facultad, había sido ése: trabajar en un estudio de Buenos Aires. Pero nunca pensó que podría hacerlo con abogados tan prestigiosos. El hecho de que fueran ellos quienes lo buscaran lo hacía sentir orgulloso. La carta decía que habían seguido su desempeño en la facultad y que estaban impresionados. Dos profesores habían enviado notas de recomendación a ese estudio sin que él les hubiera pedido nada. Ponce estaba transformado, sonreía y movía las manos al hablar. Parecía un chico. Nadie hubiera dicho que su sobrenombre era <<el fúnebre>>. Recibió felicitaciones de todos y sintió, con placer, los hilos de envidia que se cruzaban debajo de la mesa. Él iría a Buenos Aires, a la capital. Tendría su estudio, su nombre se iría convirtiendo en una palabra importante. Quizá llegara a senador. Ya estaban terminando el café cuando la señora de Camena dijo: -Doctor Gallo, su enfermera le comentó a mi cocinera algo que me sorprendió. -¿Sí? –Le dijo que usted había ido a la casa del juez Flores. –Ah, sí, a mí también me sorprendió cuando me llamaron. Ponce trató de recordar de dónde le sonaba ese apellido, por qué le resultaba familiar. –Martita estaba mal. Ponce empezó a sentirse sofocado. –Qué injusta es la vida, a esa criatura que es un ángel. ¿Y qué le pasaba? –La verdad es que no sé. Si no fuera Marta Flores yo diría que está embarazada. -¡Doctor! –gritó la señora Camena. ¿Cómo se le ocurre una cosa así? ¡Martita Flores! –Ya sé, ya sé, por eso estoy confundido. Me doy cuenta de que es imposible. Siempre ha sido el ejemplo de todos. Tan callada, tan correcta, tan bien educada. Ya lo sé, pero bueno, tuvo varios episodios de nauseas, ha estado muy pálida, con sudores y enfriamientos repentinos. No sé, quizás esté preocupada por algo y eso la ha afectado. -¿Preocupada? ¿De qué podría preocuparse Martita? Tiene todo. Acaba de volver del internado, ya terminó la escuela. Es hija del juez. Es bonita, muy culta. ¿Sabe que habla tres idiomas? Y toca el piano. Dicen que el padre quiere casarla con un médico de Buenos Aires. Un hombre elegantísimo, muy reconocido en la capital. Ponce ya no escuchaba. Miraba fijo un punto en su mano derecha. -¿Estás bien, Antonio? Reaccionó como si hubiera resbalado de un lugar demasiado alto y no tuviera tiempo de acomodarse antes del golpe contra el suelo. –Sí, tía. Pero estoy muy cansado. Si ustedes me disculpan, quisiera retirarme. -¿Cómo, no tomás una copita en el escritorio? –No, tío, gracias, el viaje fue muy largo”.

La alteración de la rutina, el colectivo que siempre pasa, pero ahora no se detiene en la parada prevista, desata la circulación de viejos rencores entre los vecinos del pueblo. Las diferencias de clase están muy bien subrayadas, las vías del tren son las que se encargan de dividir tajantemente: del “lado de acá”, las fuerzas vivas del pueblo, la gente bien, decente y trabajadora, y del “otro lado”, las putas, los delincuentes, los borrachos y los vagos.

“Cuando arranca la tardecita, en muchas casas familiares se bañan y se disponen a salir. Sin que nadie se haya puesto de acuerdo, muchos han pensado lo mismo: ir a ver el colectivo. Preparan las mejores ropas, lustran los zapatos, se hacen rodetes con spray o se peinan a la gomina. Se frotan con fuerza el cuello con agua de Colonia. A eso de las siete Rubén se asoma a la calle a ver qué pasa. Se ha ido juntando gente alrededor del hotel. El hotelero saluda y se pasea entre las familias. -¿Cómo les va? ¿Andan tomando fresco? –No –dice la señora González. Venimos a tomar el colectivo. Rubén mira a la gente que lo rodea. Treinta, cuarenta personas vestidas para salir. -¿Todos? –Se sonríe. No van a entrar. Cada uno de los que están ahí sabe que no vienen a tomar el colectivo. Van a verlo pasar a toda velocidad. Pero nadie quiere reconocer que está ahí para eso. –Qué bárbaro -dice el hotelero. Es la primera vez en mi vida que veo tanta gente esperando. Los de la empresa van a estar chochos. A las siete y media bajan de su cuarto el viajante y su pareja. Rubén los invita con una copa y les pide que esperen adentro. –Miren, hay tanta gente afuera esperando el colectivo que va a parar sea como sea. Ustedes quedensé acá y yo los vengo a buscar. –Pero esa gente vino hoy. Y nosotros esperamos desde anteayer. No vamos a ir parados. –No se preocupe, señor. Yo conozco al chofer. Voy hablar con él y le voy a explicar la situación. Les va a dar buenos asientos. Castro es un hombre muy correcto. Cuando Rubén se oye a sí mismo nombrar al chofer, siente la certeza de que el colectivo no va a parar. ¿Por qué dijo Castro? Hoy debería pasar Fernández. A Castro recién le toca mañana otra vez. Sale del hotel y se abre paso entre la gente. Desde la parada ve cruzar a los Ponce. El doctor está enojado, eso se nota de lejos. Apenas se acerca, finge tranquilidad. –Bueno, Rubén. Esta noche me va a ver. Para mí que antes no me reconoció. –Después hablamos, doctor. –No creo que hoy pase por el bar. No se ofenda, pero apenas mi hermana se vaya me vuelvo a descansar. –Después hablamos. –Me voy a poner bien en la ruta. Hoy traje mi sombrero. Esta mañana me di cuenta de que a lo mejor no me reconocieron porque estaba sin sombrero. Bueno, pero ahora lo solucionamos, cuando vean que soy yo… Se oye un grito. Hay chicos jugando en la ruta. La que grita es una madre.  En medio de la oscuridad, el colectivo acelera. Las ventanas cerradas y las luces apagadas. Ponce empieza a mover las manos con insistencia, se saca el sombrero y lo agita por arriba de la cabeza. –Soy el doctor, soy el doctor –grita en voz baja. Es un segundo en que el colectivo pasa como un disparo y todos quedan tapados de tierra. Victoria agarra su bolso preparándose para volver. De dentro del bar sale corriendo el viajante. –Pero es estúpido usted –le grita a Rubén. Acabo de ver cómo pasaba el colectivo y usted no hizo nada. -¿Y qué quería que hiciera? –Que lo parara. Éste es un pueblo de locos. Acá pasa cualquier cosa y nadie hace nada. Desde atrás se oye la voz de Ponce que dice por lo bajo: -no puede ser que me hayan confundido, no puede ser que no hayan visto que era yo”. 

El colectivo, la primera novela de Eugenia Almeida, cuenta con un lenguaje que puede parecerse a una maquinaria de opresión. La herida de la última dictadura está a flor de piel. Se muestra con una prosa exquisita, los hilos de la violencia que pueden surgir en los lugares menos sospechados.



*Por Manuel Allasino para La tinta




martes, 19 de junio de 2018

LE BLOG DU POLLEN IODÉ: Comentario de la versión francesa de "El colectivo"



"L’AUTOBUS" - EUGENIA ALMEIDA



13 JANVIER 2018

Rédigé par Pollen Iodé et publié depuis Overblog



            En Argentine, un coup d’Etat a lieu, mais les habitants du petit village où se déroule le récit (à l’exception des retours dans le passé des personnages) ne sont pas au courant de ce qui se passe, du fait de leur état d’isolement et de la censure de la presse écrite et radiophonique – la télévision n’ayant pas cours. Ils sont avertis indirectement du changement par des évènements inhabituels : on reçoit l’ordre de bloquer la voie ferrée, l’autobus qui dessert habituellement l’endroit ne s’y arrête plus et des livres sont mystérieusement abîmés dans la bibliothèque. La tension à laquelle sont soumis les personnages révèle des facettes jusque là dissimulées de leurs personnalités.

            Le livre veut montrer en quoi une personne peut assez facilement avoir l’air du contraire de ce dont elle est réellement : Marta est sans cesse joviale, en public, en dépit de sa vie conjugale désolante, Antonio Ponce se veut correct (il a épousé Marta pour lui éviter le déshonneur, après qu’elle soit devenue enceinte de lui) mais il n’est que despotique et effrayé par le qu’en dira-t-on (il se marie par peur d’un éventuel scandale autour de Marta, mais il n’aime pas celle-ci, qui ne veut pas l’épouser, il ne tient pas compte de sa volonté et il la traite cruellement), sa sœur Victoria a un caractère perspicace et affirmé mais elle est très réservée, le coursier Gomez a l’air porté sur le commérage et un peu frivole mais est en fait sensible et avide de savoir en général (pas seulement de ragots), le commissaire semble être un homme fort à première vue mais est en pratique servile et décontenancé, et ainsi de suite. Le secret est par ailleurs un thème important du roman ; le gouvernement tient secrètes ses activités, le voyageur de commerce et sa petite amie ont des identités mystérieuses, le régime militaire du pays veut les faire passer pour de dangereux révolutionnaires mais ils ne sont vraisemblablement rien de tel, et assassinés sous un faux prétexte, les gens sont invités à tenir leur langue s’ils veulent éviter les ennuis et la question de savoir à qui on fait confiance devient évidemment d’autant plus importante sous un régime d’oppression.

            Le texte est court mais efficace, il suscite en peu de mots des sentiments assez nets chez la personne qui lit, vis-à-vis des personnages. L’auteur a pris le parti de la brièveté contre celui du long documentaire pour dénoncer la prise de pouvoir dictatoriale, choix qui lui réussit assez bien. Le personnage de Marta, devenue en apparence une grande partisane du conformisme pour mieux cacher la blessure que lui a causée l’emprise indésirable de celui-ci sur sa vie, est particulièrement intéressant pour son ambiguïté. L’ouvrage suggère plutôt qu’il ne décrit et c’est ce qui fait sa force. Il contient plus d’indignation implicite que de réflexion philosophique ou autres prétentions du même ordre, mais justement compte tenu de son peu de prétentions il est pour finir assez percutant. Son début est un peu lent mais la suite l’est bien moins. C’est un bon exemple du genre laconique mais efficace.*







viernes, 11 de mayo de 2018

"El colectivo" en la prensa francesa






« Dans son premier roman, Eugenia Almeida revient sur les années noires de l’Argentine. Un récit sobre aux phrases sèches sur le quotidien d’un pays qui a peur. »

Bruno Caussé
LE MONDE



« Eugenia Almeida, dont c’est le premier roman, installe une atmosphère de terreur sourde.»

Véronique Rossignol
LIVRES HEBDO




« Almeida offre à son texte une puissance peu commune, une vraie force critique. » 

Raphaëlle Leyris
LES INROCKUPTIBLES



« Pour un premier roman, L’autobus est un coup de maître ! […] Alerte et sans concession, [il] ravit ses passagers de bout en bout. »
Lucie Cauwe
LE SOIR




" Par images et microfaits, petites touches descriptives, phrases brèves et style cinématographique, ce roman rend palpable les résonnances intimes d’un lien au pouvoir oppresseur, une façon de rester aveugle et d’obéir malgré tout. » Lire l'article entier ici.

Christophe Dabitch
LE MATRICULE DES ANGES




« Ce roman minimaliste prend une superbe dimension épique pour évoquer un pays écrasé par la dictature militaire. »
Christine Ferniot
TELERAMA



« Un texte d’une puissance étonnante, qui évoque autant le passé dictatorial de l’Argentine qu’il démonte le fonctionnement de tout pouvoir à visée totalitaire »
Raphaëlle Leyris
LE MONDE DES LIVRES




sábado, 18 de marzo de 2017

Corboland78 (Babelio): Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"



Le temps : 1977. Le lieu : un petit village argentin, « torturé alternativement par des inondations et des tempêtes de poussière et de sable », coupé en deux par la voie du chemin de fer qui en sépare les classes sociales. Les acteurs : Ponce, un avocat, Marta, sa femme, Victoria, sa sœur venue passer quelques jours avec eux ; Ruben, le patron de l’hôtel du village, le commissaire de police et deux ou trois autres personnages. Le pitch : Depuis trois soirs, l’autobus qui mène à la ville, traverse le village à toute vitesse sans s’arrêter, laissant Victoria en rade alors qu’elle voudrait rentrer chez elle. 

Roman très court, une novella, L’Autobus est une très subtile évocation de l’Argentine durant la période trouble débutée en mars 1976 quand un coup d'Etat dirigé par une junte de militaires (Jorge Videla) renverse Isabel, la troisième femme de Perón, ancienne vice-président de son époux, et sa veuve depuis 1974. Toute la finesse en réside dans le non-dit, aucun nom propre ni référence explicite à des dirigeants ou des faits précis, mais par petites touches comme le ferait un peintre impressionniste, un climat s’instaure, de la surprise à l’inquiétude. 

Pourquoi ce bus ne s’arrête pas ? Pourquoi la barrière du passage à niveau est-elle condamnée à rester baissée ? Et ce wagon qui bloque le passage du train ? Qui est ce couple, résidant à l’hôtel et qui veut lui aussi partir du village, un couple adultère disent les commères… Petit à petit des rumeurs ou des informations non vérifiées remontent, un homme et une femme seraient recherchés par l’armée mais déjà la peur s’est abattue sur tous, même le commissaire ne pose pas de questions, il ne fait qu’obéir aux ordres sibyllins de ses supérieurs, « Le silence, c’est la santé ». La réalité de la dictature militaire atteint le fin fond des campagnes. 

Il y a aussi le personnage central de Ponce, respectable en apparence, bonnes études et brillant avocat mais qui par dépit et rigidité morale épousera Marta, avant de la condamner à expier sa propre erreur en l’envoyant croupir dans ce bled perdu. Effroyable comportement macho auquel la malheureuse ne pourra survivre qu’en perdant partiellement la raison, seule arme à sa disposition. Ce ponce qui ressentira l’humiliation quand malgré ses grands gestes pour l’arrêter, le bus le frôle à tombeau ouvert, au vu de tout le village, symbole d’une autorité bafouée. 

Un bien bon roman.






viernes, 10 de marzo de 2017

Sophronie (Babelio): Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"




L'autobus de Eugenia Almeida




"Un roman où l'on se croirait dans un western, à attendre de savoir qui va dégainer en premier, ou qui va déclencher les hostilités. Très théâtral aussi. Des phrases courtes qui distillent l'action. Une fresque où chacun tient son rôle sans savoir pourquoi, ni oser sortir du rang. Car dans ce petit village retiré d'argentine, loin du régime de terreur politique qui règne en ville, la chasse aux "insurgés" arrive quand même. Les habitants en sont témoin de loin, sans rien y comprendre."






martes, 28 de febrero de 2017

BMR & MAM: Comentario sobre la vesión francesa de "El colectivo"

 

 En regardant passer les trains

Un livre étrange venu d'Argentine.
L'autobus de Eugenia Almeida.

Dans un petit village perdu loin de Buenos Aires, l'autobus qui habituellement dessert le village tous les soirs ne s'arrête plus ... un soir, le lendemain, trois soirs ...
Le passage à niveau reste fermé et le train ne passe plus ...
Que se passe-t-il donc ?
En fait peu importe, l'essentiel est dans les répercussions de ces évènements d'apparence anodins sur les comportements des habitants.
Ces perturbations du train-train (ah !) forcent les langues à se délier, les secrets à se dévoiler, tout doucement, peu à peu.
Dans une ambiance proche du Rapport de Brodeck même si le contexte est tout différent.

[...] - Tu as vu que cela fait deux soirs que l'autobus ne s'arrête pas ?
Les hommes s'attardent au bar, à un coin de rue où ils fument une cigarette, à la sortie de l'usine, de la coopérative. Tous disent la même chose.
- Tu as vu que cela fait deux soirs que l'autobus ne s'arrête pas ?
La chose parvient jusqu'à l'école. Les élèves du cours moyen discutent, étendus par terre sur le petit terrain de sport.
- Mon père dit que l'autobus ne s'arrêtera plus jamais.
- Il faudra bien qu'il s'arrête quand il n'aura plus d'essence.
- Mais non, idiot, c'est dans le village qu'il ne s'arrêtera plus jamais.
- Et alors ? De toute façon, nous on ne va jamais nulle part.


Dans ce village où la voie de chemin de fer sépare les nantis des autres, dans ce pays où se succèdent les régimes militaires, la lâcheté des uns fait écho à l'aveuglement des autres.
Finalement, l'Argentine n'est peut-être pas si loin du pays de Brodeck ...




miércoles, 21 de diciembre de 2016

Notable recepción francesa de “El intercambio” (Gabriel Ábalos - Diario Alfil)




Notable recepción francesa de “El intercambio”

La novela de Eugenia Almeida “L’Échange”, a un mes de su aparición, es favorita entre críticos y libreros galos. En una charla, la autora se refiere al premio que acaba de otorgarle la revista Transfuge.

Por Gabriel Ábalos


La novela policial L’Échange de Eugenia Almeida, recién publicada en Francia -traducción de La tensión del umbral-, acaba de ser distinguida por la publicación francesa Transfuge, que cada año anticipa la temporada de grandes premios literarios develando sus favoritos en once categorías dentro de las novedades bibliográficas. La novela de la escritora cordobesa fue lanzada hace un mes al mercado francés por la editorial Metaillé, la misma que tradujo y editó sus dos libros anteriores.

Eugenia Almeida se manifiesta muy honrada por la distinción: “Un premio como este es un enorme privilegio –dice-. Hay muchísimos libros en el mercado editorial francés. Que Transfuge haya reparado en esta novela es un honor”; al mismo tiempo, la autora declina especular con las posibles consecuencias del galardón, que no posee una retribución económica: “Más allá de eso, decir qué puede provocar sería casi imposible. Los libros hacen su propio camino y muchas veces ese camino es misterioso.” Cuenta Almeida que ya tenía conocimiento de la publicación que le acaba de otorgar un importante voto de confianza a su novela, y destaca el hecho de que “Francia tiene una tradición de revistas de calidad realmente envidiable. Soy periodista de profesión y siempre me fijo en eso: diarios y revistas de cada ciudad y país al que puedo acceder. Pararse frente a un quiosco de revistas en una ciudad francesa es una experiencia deslumbrante. Por la variedad y la calidad”.

Transfuge comenzó a aparecer mensualmente en 2004 y se focalizó en cubrir la actualidad cultural, particularmente la literatura y el cine. Sus “corazonadas” anuales son respaldadas por el prestigio que se le reconoce a la publicación en los ámbitos literarios; entre sus categorías se incluyen distinciones a la mejor novela norteamericana, a la mejor novela francesa, a la mejor novela europea y a la mejor novela hispánica. Precisamente esta última es la categoría por la que le fue otorgado el premio a Eugenia Almeida. La escritora comparte así el podio de Transfuge 2016 con los autores franceses Léonora Miano, Olivier Py y Santiago Amigorena, con los estadounidenses Chris Kraus y Emma Cline y con el sueco Steve Sem-Sandberg.

L´Échange es la tercera novela en edición francesa de Almeida. “Se publicó en agosto. Es el tercer libro que publico en Francia, siempre en Editions Métailié. Anne Marie Métailié fue una de los jurados que le otorgaron el Premio Dos Orillas a mi novela El colectivo, en 2007. De allí surgió nuestra amistad y nuestro trabajo en equipo. Para mí es un privilegio tener a madame Métailié como editora. Saber que ella confía en mí es un enorme aliciente.”

El traductor de L’Échange fue François Gaudry, el mismo que “ya tradujo al francés mi segunda novela La pieza del fondo. Si bien el título original del libro premiado era La tensión del umbral, el de la traducción francesa se titula El intercambio. Comenta al respecto, Eugenia que “a veces, de una lengua a otra, se toma la decisión de cambiar el título. Creo que L´Échange es un título perfecto para la historia que cuenta la novela. Fue una sugerencia de Anne Marie Métailié y a mí me pareció que iluminaba una zona diferente a la que ilumina el título en castellano.”

Pese a su reciente aparición en las librerías parisinas, L’Échange ha cosechado comentarios muy alentadores: “Ya han salido algunas críticas y estoy muy conmovida con eso porque la recepción es muy buena. Estoy atenta no sólo a lo que dice la prensa especializada sino a los comentarios de los libreros (hay una tradición francesa que consiste en que los libreros señalen aquellos libros por los que tienen una corazonada) y también de los blogueros que se dedican especialmente a la literatura”, dice Eugenia Almeida.

Entre las críticas de la prensa especializada, Cécile Pellerin de la revista ActuaLitté escribió que L’Échange es una novela “aspirada por una mecánica rítmica, rigurosa y seca, verificada en una tonalidad dura aunque fascinante, un silencio perceptible y sostenido, profundo y opresivo, una historia política compleja y aterradora, que no afloja, literalmente magnetizada por el poder de una escritura ajustada de forma magistral a la intriga.”

Entre los comentarios de libreros, se destaca uno de Vincent Ladoucette, de la librería Privat de Toulouse, quien escribe: “Acabo de terminar L’Échange, que encontré magnífica (…). La hermosa escritura de de Eugenia Almeida, a la vez factual y extremadamente poética, sirve perfectamente a la negrura implacable de esta novela. Los pasajes que constan exclusivamente de diálogos aportan mucha profundidad a la historia y a la intriga, que a primera vista parece simple, pero que se revela rápidamente como rica y compleja, gracias a las numerosas ramificaciones que el lector va descubriendo”.

En lo referente al acompañamiento a la circulación de la edición francesa, cuenta Eugenia que tiene “previsto un viaje en unos días. Era algo que estaba planeado antes del premio. Voy a visitar diferentes ciudades de Francia acompañando el libro en festivales, charlas y encuentros con los lectores.” Reflexiona la galardonada escritora que “un libro es algo que surge del esfuerzo y el acompañamiento de muchas personas. Para mí, la gran alegría ha sido compartir esta noticia con ese puñado de personas que saben que son imprescindibles. Para el libro y para mí.” Aunque no tomó aún contacto con la revista Transfuge, afirma Eugenia que “cuando lo haya, me gustaría decirles que estoy feliz. Y que agradezco enormemente esa distinción.”

5 septiembre, 2016




martes, 8 de marzo de 2016

Travaux en cours, risques de chutes. Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"



Littérature Féminine et rapports de force.

Le bon, la brute et la femme.


(...) Autre contexte, et autres rapports de force sociaux, dans L’Autobus, d’Eugenia Almeida, roman argentin tellement loué par la critique que je n’ai plus grand-chose à dire dessus, si ce n’est qu’un épisode a retenu mon attention en ce qu’il révèle comme rapports insidieux entre montée au pouvoir des putschistes et soumission féminine. (...)



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miércoles, 17 de febrero de 2016

Comentario en Des mots et des notes sobre la versión francesa de "El colectivo"








Un court roman, tendu comme un arc entre le premier soir où l’autobus ne s’arrête pas dans le village et le soir où Victoria, la soeur de l’avocat Ponce, peut enfin reprendre le bus pour rentrer chez elle en ville. 127 pages en compagnie de villageois qui vivent simplement et qui vont observer, subir, essayer de comprendre pourquoi ce bus ne s’arrête pas quatre jours de suite, pourquoi la barrière du passage à niveau doit obstinément rester baissée alors qu’il ne passe un train que deux fois la semaine.

Le fin mot de l’affaire ne nous sera jamais livré mais avec Gomez, le coursier et Ruben, l’hôtelier, le lecteur aura eu le temps de découvrir, bouche bée, comment les différents niveaux du pouvoir envoient les ordres, cadenassent les décisions, morcellent les relations, détruisent les rapports, désinforment la population. L’atmosphère est lourde, l’orage menace mais ne craque pas, le mystère est opaque, épais et le rythme de l’écriture est vif, le tout produisant un premier roman inoubliable.

Eugenia Almeida entrelace le compte-rendu de ces quatre jours étouffants avec le portrait de l’avocat Ponce, sa femme et sa soeur. Elle introduit subtilement un parallèle entre les personnages de cette famille si différents les uns des autres et l’opposition entre les deux côtés du village de chaque côté de la voie ferrée et celle, plus implicite, entre la ville et la campagne. On devine que les gens de la ville, les militaires au pouvoir, croient sans doute qu’ils peuvent mater de « simples » villageois comme Ponce a soumis sa femme.

Mais on ne soumet pas la sensibilité des gens. La fin du roman m’a laissée à la fois plein d’espoir et d’appréhension pour les personnages qu’Eugenia Almeida a réussi à faire vivre en quelques pages vraiment marquantes.

La première page contient tout en germe :

«Cela fait trois soirs que l’autobus passe sans ouvrir ses portes. Le village est sous une chape métallique. Grise et légèrement ondulée. Le seuil des maisons est maculé de terre et l’absence de pluie rend les chiens nerveux. Par la fenêtre de l’hôtel, Rubén se penche machinalement pour regarder les gens qui traversent la voie. Ce sont les Ponce, qui habitent de l’autre côté. Ils accompagnent cette fois encore la belle-sœur pour voir si elle peut retourner en ville. Avant qu’ils ne parviennent à l’emplacement où l’autobus s’arrête, Rubén sort sur le pas de la porte. De loin on aper­çoit sa main qui s’agite comme un pendule dans l’air, un battant de cloche accroché à rien, qui se secoue pour dire non.
Maître Ponce fait un autre geste, de la tête, pour l’aviser qu’il l’a bien vu.

Maître Ponce fait un autre geste, de la tête, pour l’aviser qu’il l’a bien vu.
– Il ne s’arrête pas, il faut rentrer.
Cela fait rire Marta. Victoria regarde vers l’hôtel et plisse à peine les yeux lorsque le vent soulève la terre sèche. Elle ne sait pas si elle doit secouer sa robe, ôter son chapeau ou faire demi-tour pour rentrer à la maison.
– Ne ris pas. 
Marta baisse la tête pour cacher la bouche qu’elle a superbe, ouverte, immense. 
Cela fait quatre jours que les Ponce rejoignent à la même heure l’arrêt situé près de l’hôtel. Lui met un costume, une cravate et des chaussures de ville. Il porte la valise de sa sœur en faisant mine de la trouver légère. Les femmes marchent à quelques pas derrière, en parlant et en agitant les mains.» (p. 11)



ANNE7500


viernes, 14 de noviembre de 2014

Comentario de Bruno Caussé (Le Monde) sobre la versión francesa de "El colectivo"






« Dans son premier roman, Eugenia Almeida revient sur les années noires de l’Argentine. Un récit sobre aux phrases sèches sur le quotidien d’un pays qui a peur. »


Bruno Caussé
LE MONDE





http://www.editions-metailie.com/fiche_livre.php?id_livre=895&decouvrez_aussi&presselivre






viernes, 10 de octubre de 2014

Le cri du lezard: Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"


L'autobus - Eugenia Almeida (2005)

 

 

Il existe des livres, comme celui-ci, qui n'ont l'air de rien : une centaine de pages, une couverture quelconque, un titre anodin... Mais c'est souvent quand on ne s'y attend pas que l'on se retrouve estomaqué. Et justement L'autobus est l'un de ces petits romans dont l'aspect inoffensif dissimule en réalité une force tragique et une puissance critique insoupçonnées.

L'intrigue paraît banale : dans une petite ville perdue en Argentine, l'autobus passe tous les soirs, mais depuis trois soirs, il ne s'arrête plus. Et cela fait trois soirs que l'avocat Ponce accompagne sa sœur pour prendre cet autobus qui passe devant eux sans s'arrêter. Trois soirs qu'un couple attend lui aussi cet autobus qui ne s'arrête pas. Alors que Ponce ramène sa sœur chez lui dans l'attente du prochain bus, le couple, excédé, décide de partir à pieds le long de la voie ferrée. Car le train non plus ne passe plus, la barrière du passage à niveau est baissée et un wagon posé sur la voie empêche toute circulation. Le village s'interroge, le soupçon et la confusion s'installent. La radio parle d'une jeune fille en fuite, d'un couple de subversifs, d'exercices militaires, d'une fusillade à la nuit tombée... Et l'autobus s'arrête de nouveau alors que personne ne l'attend plus.

Une écriture minimaliste, des dialogues elliptiques, un récit théâtralisé, un nombre réduit de personnages et un périmètre d'action très restreint : ce roman étrange se caractérise par sa sobriété et son détachement sous lesquelles couve une atmosphère de terreur larvée. Et même si ce roman reste un peu "en deçà", il révèle sous son apparence anecdotique une vraie force critique en illustrant la contamination rampante des actes et des esprits par la perversité du pouvoir dictatorial.
  
BlueGrey

Publicado el 04/09/2007

http://descaillouxpleinleventre.blogspirit.com/archive/2007/09/04/l-autobus-eugenia-almeida-2005.html

domingo, 28 de septiembre de 2014

Comentario de Lucie Cauwe (Le Soir) sobre la versión francesa de "El colectivo"





«Pour un premier roman, L’autobus est un coup de maître! […] Alerte et sans concession, [il] ravit ses passagers de bout en bout.»


Lucie Cauwe - LE SOIR


http://www.editions-metailie.com/fiche_livre.php?id_livre=895&decouvrez_aussi&presselivre


sábado, 6 de septiembre de 2014

Lettres exprès: comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"






Il est difficile de parler de ce livre, tant l’écriture en est concise. Les phrases sont courtes, les dialogues, qui sonnent très justes, sont nombreux, mais contiennent une part de mystère, les choses sont dites à demis mots, et on comprend pourquoi en avançant dans la lecture, lorsque le drame se précise. Il n’y a pas de descriptions ni de fioritures inutiles. Je préfère ne pas en dévoiler trop. Pour ma part, j’avais lu tellement vite la quatrième de couverture que je partais sans idée aucune sur ce roman, et je crois que c’est comme cela qu’on l’apprécie le mieux !



Il m’a fait penser à certains films argentins, comme Historias minimas de Carlos Sorin (2002) qui ne sont absolument pas tape-à-l’œil, mais touchent  par leur subtilité et l’émotion qu’ils dégagent. Dans ce roman, il y a une dimension plus politique et critique vis-à-vis de toute forme de dictature, toutefois... Il s’avère donc que c’est une très bonne surprise, et j’espère retrouver cet auteur un jour, puisque c’est son premier roman.

domingo, 24 de agosto de 2014

Le blog de Yv... Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"

L'autobus, Eugenia Almeida, Métailié, 2012 

(réédition : paru en 2007. Traduit par René Solis)






Un petit village d'Amérique du sud. Tout est paisible, trop même ; il ne s'y passe jamais rien. Un vague voyageur de commerce de temps en temps avec une femme qui n'est pas la sienne pour attiser les discussions. Mais depuis deux ou trois jours, l'autobus qui relie ce village aux villes passe mais ne s'arrête plus, au grand dam de Ponce, l'avocat qui veut y faire monter sa jeune soeur Victoria pour qu'elle retourne chez elle, à la ville. De même, la barrière du passage à niveau a été descendue et n'est pas remontée, isolant ainsi totalment le village. Les habitants se posent des questions.

Tout petit roman de 127 pages qui ne paie pas de mine et qui est loin d'être anodin. grâce à son écriture sèche, directe et sans fioriture, Eugenia Almeida va droit au but et raconte la vie dans un pays au gouvernement autoritaire et surtout dans les petits villages reculés, ceux dans lesquels les gens ne sont à la pointe ni de l'information ni de la contestation. Ils subissent les différents régimes, les lois strictes parce que leur premier souci est de manger à leur faim et de nourrir leur famille.

L'isolement du village permet à l'auteure de revenir en arrière et de raconter la vie des ses principaux personnages : notamment celle de Ponce, l'avocat ; de dire comment il se retrouve là, dans le village le plus reculé du pays alors qu'il était promis à un avenir brillant. "Ils arrivèrent au village par une matinée terreuse. Les maisons semblaient incrustées dans un puits. Pourtant, quand on regardait tout autour, il n'y avait que la plaine, pas une ondulation, pas une colline, le plat à perte de vue. Ponce se sentit réconforté par l'aridité du lieu." (p.51)

Les rapports entre les différents personnages sont bien étudiés : les riches d'un côté du village et les pauvres de l'autre. Le seul qui fasse différemment, Ponce, est assis entre deux chaises et s'il peut se prévaloir d'un certain respect des petites gens, il peut se perdre d'un rien. Un mauvais geste, une attitude hautaine ou ridicule et voilà que le respect disparaît. Les intervenants sont assez typiques mais pas caricaturaux, entre le cafetier et les commerçants qui papotent et colportent les ragots, les rumeurs, le flic qui obéit aux ordres prudemment, sans demander d'explication et les "touristes" profitant des bienfaits du soleil et de l'hôtel en attendant l'autobus.

Le village également est très présent, le climat aussi, que l'auteure décrit avec peu de mots : "La journée s'écoule, écrasante et désolée, la chaleur et la poussière se déposent sur les os. Les rares qui sortent dans la rue cherchent l'ombre." (p.106)

On se laisse facilement prendre à ce petit livre qui, par sa forme et par l'histoire qu'il raconte m'a rappelé des romans sud-américains traitant des mêmes thèmes. Il doit y avoir une sorte de marque de fabrique de très bonne qualité, sans doute les années de dictatures notamment en Argentine, pays dans lequel Eugenia Almeida enseigne la littérature et la communication et écrit.

Par Yves Mabon


lunes, 14 de julio de 2014

Telerama - Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"



« Cela fait trois soirs que l'autobus passe sans ouvrir ses portes. » Partant de cette phrase sibylline, l'Argentine Eugenia Almeida construit son premier roman comme une pièce de théâtre où dialoguent une poignée de personnages indécis. Tous attendent et s'interrogent sur une situation qui dégénère dans le pays. Les militaires sont à leur porte. Coups de feu et rumeurs, méfiance et désinformation. Peu à peu, ce roman minimaliste prend une superbe dimension épique pour évoquer un pays ­écrasé par la dictature militaire.

Christine Ferniot - Telerama n° 3272
29/09/2012 










domingo, 11 de mayo de 2014

Lettres Vives: comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"

L’autobus, Eugenia Almeida, Métaillié













"Un roman très visuel dans lequel les mots d’Eugenia Almeida nous font saisir toute l’atmosphère de cette Argentine au bord du gouffre.

Passionnant!"









lunes, 5 de mayo de 2014

Maman à Paris: comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"



L’autobus de Eugenia Almeida


Un bus collectif ne s’arrête pas dans un village plusieurs jours de suite, faisant naître une situation étrange où le quotidien déraille, où les personnages semblent être devenus des marionnettes.

Une réflexion subtile sur le pouvoir et la manipulation, un premier roman bien ficelé.


http://www.mamanaparis.fr/L-autobus-de-Eugenia-Almeida,600


viernes, 11 de abril de 2014

Journal Ventilo: comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"




Eugenia Almeida – L’autobus (Métailié)

Un autobus passe dans un village du fin fond de l’Argentine sans s’arrêter… 

Sous son côté inoffensif, anecdotique, ce petit roman tisse une critique acerbe. Composé en grande partie de dialogues, il évolue dans un quasi huis clos autour de quelques personnages dont l’univers va se trouver perturbé par une anomalie, en l’occurrence ce bus qui ne s’arrête pas. 
A l’aide de phrases simples, de métaphores, de répétitions, l’auteur crée un univers qui n’est pas sans rappeler celui de Beckett, où le village baigne dans une bucolique mélancolie qui ne se réveille que par le passage de ce bus que le village entier vient voir passer. S’opère alors une transformation et une lente dégradation du quotidien, par petites touches, subtiles, comme sous l’action d’une dictature. Tout est évoqué avec détachement et pudeur, et à l’instar du nouveau cinéma argentin, ce roman pose un regard décalé sur l’histoire de l’Amérique latine. 
JB