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viernes, 28 de junio de 2019

Comentario sobre L´Échange ("La tensión del umbral") - Delphine Olympe - La bibliothèque de Delphine-Olympe





Trente ans après la dictature, l'Argentine est-elle débarrassée de ses démons ?

Il y a quelque temps, je vous parlais de La double vie de Jesus, paru chez Metailié. Depuis, cet éditeur a eu la gentillesse de me faire parvenir un roman issu du même continent, L’échange d’Eugenia Almeida, ce qui ne pouvait manquer de m’intéresser. J’ai donc quitté le Mexique pour l’Argentine, mais on ne peut pas dire que j’y ai découvert un horizon beaucoup plus dégagé.
Changement radical de registre toutefois, avec ce texte au style austère, incisif, confinant parfois à l’épure. Rien à voir avec la truculence de Serna.

Tandis que le cadavre d’une jeune femme gît devant un café, deux journalistes s’interrogent sur les causes de sa mort. Un suicide. Guyot se rend sur place, où l’émotion est palpable, observe l’agitation et tente d’obtenir des informations du commissaire Jury. Mû par une sorte d’intuition, ou de trouble, il va chercher à comprendre ce qui a pu conduire cette femme à commettre l’irréparable. D’autant qu’avant de retourner son arme contre elle-même, elle s’en était servi pour menacer un homme, disparu sans laisser de trace. Au fil de son enquête, Guyot va interroger différentes personnes ayant fréquenté la jeune femme, parmi lesquelles une psychanalyste à la retraite, avec laquelle il va nouer une relation privilégiée. Et va peu à peu surgir l’ombre vénéneuse de la dictature dont les acteurs ou ceux qui en ont tiré parti sont loin d'avoir disparu de la circulation...

Par ses chapitres ultra-courts, le recours quasi permanent à la forme dialoguée et à des phrases très brèves, voire nominales, telles des didascalies, Eugenia Almeida produit un texte théâtral qui propulse le lecteur sur la scène des événements et installe d’emblée une atmosphère oppressante, parfois presque poisseuse. De manière imperceptible, elle fait progressivement monter la tension pour installer son lecteur dans une forme de malaise diffus, pareil à celui qui semble traverser la société argentine.

Il faut accepter d’être déstabilisé par ce texte qui fait entendre différentes voix, sans que l’on sache toujours précisément qui parle, et qui place par conséquent le lecteur dans une position assez inconfortable. On est pourtant happé par l’atmosphère qui se dégage et l’on ne peut s’empêcher de suivre les personnages en différents lieux et différentes situations, qui en disent long sur l’état de la société argentine.

L’auteur s’en explique d’ailleurs fort bien, comme j’ai eu la chance de pouvoir l’entendre lors d’une rencontre organisée par l’éditeur. Eugenia Almeida a en effet sciemment choisi d’installer ses lecteurs dans un certain flou pour traduire cette peur omniprésente et ce soupçon permanent qui caractérisent les régimes autoritaires. Savoir qui parle et à quel titre, c’est avoir la possibilité de cerner sont interlocuteur et maîtriser son environnement. A contrario, la confusion, les discours lourds de sous-entendus, les menaces qu’on laisse planer entretiennent la peur sur laquelle se fondent les dictatures. L’ambition de l’auteure était de traduire les complicités cachées qui perdurent bien après que les tyrans soient tombés, pour transcrire l’angoisse qui en résulte. 

Eugenia Almeida s’est lancée dans une démarche littéraire tout à fait intéressante qui me rappelle, quoi qu’elle revête une forme bien différente, l’expérience menée par un autre écrivain argentin, Leopoldo Brizuela, dans La nuit recommencée. Ces romans se rejoignent dans leurs tentatives originales d’aller au-delà du simple récit pour faire percevoir au lecteur une petite part de ce que l’on peut ressentir lorsqu’on vit sous un régime autoritaire. Des romans évidemment très noirs, à l’image de la très belle couverture du livre d’Eugenia Almeida. 






domingo, 16 de junio de 2019

LOS ENGRANAJES DE LOS IMPUNES | ENTREVISTA en Revista Evaristo Cultural




LOS ENGRANAJES DE LOS IMPUNES 
ENTREVISTA A EUGENIA ALMEIDA

Nicolas Ferraro  julio 1, 2016  Rastros

La tensión del Umbral de Eugenia Almeida es una novela que habla del verdadero poder: el que no se elije ni se se puede sacar con una urna.


“La peor tentación es querer entender” se dice en la novela, dejando en claro que con saber no basta. No sirve. Que, más que nada, lo que se necesita es entender. Me gustaría que te explayaras sobre esta idea.

No hay posibilidad de saber, realmente, si uno no comprende. Esa es una gran confusión de la época: muchísima información que la mayoría traga sin  pensar. Los poderes más oscuros necesitan eso: millones de ovejas que repiten acríticamente lo que les ofrecen medios de comunicación y personajes que responden a esos mismos poderes. Esto, a nivel político.
Sin embargo, en la novela, esa frase está planteada en relación a algo que nunca termina de explicarse: por qué alguien se suicida. Toda respuesta posible es sólo una forma de clausurar lo inabarcable del suicidio.

De la novela se desprende que un rol de medios de comunicación, estaría dado por la saturación de la información que opera, en la práctica, como desinformación y, en ciertos casos, como tergiversación de hechos, desarticulando la realidad, ofreciendo una verdad que responda a sus intereses. ¿Esto fue siempre así o podríamos reconocer un tiempo histórico, como punto de inflexión que marca un antes y un después?

No me animaría a afirmar que fue siempre así. Lo sospecho, pero no puedo asegurarlo. Sí tengo claro que el rol de los medios ha cambiado muchísimo. No es lo mismo el periodismo que se hacía en los 70, en los 80, en los 90, en el 2000 u hoy. Cada vez es más claro que los medios son herramientas básicas para la dominación. ¿Que hay periodistas que tratamos de hacer otra cosa? Por supuesto. Estoy diciendo esto a nivel empresarial.
Es difícil generalizar: no es lo mismo un pequeño medio que un enorme emporio mediático. Incluso dentro del mismo medio, a veces hay secciones muy progresistas dentro de medios que se caracterizan por ser muy reaccionarios. El problema está en cómo reaccionamos nosotros ante lo que nos dan los medios. Actualmente, en 2016, me horroriza la cantidad de gente que acepta, consume y reproduce la inocultable manipulación mediática que se da en torno a la realidad política y social en nuestro país.

La Tensión del Umbral está llena de heridas abiertas del pueblo argentino -Terrorismo de Estado, robo de bebés, la impunidad de los de arriba-. ¿En qué medida se escribe para cerrarlas? ¿Y en qué casos para entenderlas?

Mi intención no es cerrar. No se va a cerrar hasta que no haya justicia. Retomando los temas que mencionas: no se va a cerrar hasta que se haya juzgado a todos aquellos relacionados con el Terrorismo de Estado, no se va a cerrar hasta que se recuperen todos los nietos apropiados; no se va a cerrar hasta que deje de haber impunidad. No tengo una programática mientras escribo pero no soy ingenua: creo que en mis escritos salen aquellos temas que me preocupan. Y son esos.
No sé si el horror se entiende. Pero hay que hablarlo. Una y otra vez.

Esta búsqueda de la verdad y su correspondiente exposición, es un motor de la novela. ¿La verdad, por sí misma, tendría la capacidad de generar cambios sociales y políticos en Argentina? ¿La sociedad argentina exhibe, en la actualidad, una vocación real orientada a querer conocer e interpretar la verdad o esta genera, en la sociedad, más temor que ansiedad?

Uf. Son dos preguntas en una. La verdad puede generar cambios pero no siempre. Hay gente que enfrenta verdades espantosas y no puede reaccionar ante ellas. Sí creo que la verdad es condición indispensable de un cambio posible. Desde hace años gente como Estela de Carlotto y las Abuelas de Plaza de Mayo viene trabajando en ese sentido.
La segunda pregunta es más compleja ¿qué es “la sociedad argentina”? Para mí, sería muy difícil hacer generalizaciones. No soy socióloga, ni politóloga ni historiadora. Espero, deseo, confío en que la mayor parte de la comunidad esté de acuerdo en temas tan nodales como oponerse a la violación de los derechos humanos.

“La dictadura había terminado ya, pero todo era lo mismo.[…] Todos los bichos tienen cría”. ¿Podríamos desarrollar alguna idea sobre los efectos residuales de la dictadura?

La respuesta a eso está en la novela. Redes que lo atraviesan todo.

La novela carga en sus páginas varias muertes y golpizas, las cuales, mayormente, suceden fuera de campo, en elipsis. En un tiempo en que las novelas negras están cargadas de sangre, bordeando lo gore,  proponés otra estética. Me gustaría hablar de eso.

Como lectora y como escritora, prefiero lo que se hacía en las tragedias griegas: si hay algo espantoso (Edipo arrancándose los ojos, por ejemplo), que sea fuera de escena.

Lo que está por encima –o detrás- de la ley, las sombras sin nombres, lo oculto, lo impresentable, ¿incentiva o frena todo intento de correr el velo?

En primera instancia diría que lo frena, claro. Pero creo que también juega con cierta omnipotencia: a veces incentiva una búsqueda que luego castiga. Y quizás sólo lo hace para demostrar que puede hacerlo.

Desde Rastros: Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal de la Biblioteca Nacional, tenemos la hipótesis de que la novela negra, al reposar en la idea de crimen, reflexiona –de manera conciente o no- sobre el derecho como estructura simbólica e imaginaria de la sociedad. En el choque de nociones como Justicia/ley y, en definitiva, en el rol del Estado. Me interesa conocer tu opinión.

Sería muy difícil responder a eso en pocas líneas. Creo que “La tensión del umbral” bordea esta relación entre Justicia y Ley. Creo que se ocupa también de hablar de cuánto estamos dispuestos a hacernos los distraídos con todo lo que pasa en torno a nosotros. Pero el hueso de la novela se relaciona con el modo en que se enlazan la Historia con mayúscula y las historias personales. Creo firmemente que cada gesto tiene una carga política porque construye mundo. Uno de los muchos mundos posibles.

¿Por qué creés que el género negro está siendo consumido con tanta avidez en todo el mundo?

Quizás porque aborda temáticas que nos inquietan. Quizás porque muchas novelas negras tiene como eje un enigma y hay cierto placer en “descubrirlo”, en poder dotar de sentido a las cosas.

¿Cómo es tu proceso de escritura? ¿Cómo se modificó al escribir esta novela en una residencia bajo  el patrocinio del Conseil Général du Départament du Nord (Francia)?

Como la mayoría de los escritores en nuestro país, escribo cuando puedo. En los ratos libres que deja el trabajo. No tengo demasiadas cábalas, me acomodo a lo que se puede.
La experiencia en la residencia de Mont Noir fue extraordinaria. Dos meses para poder dedicarlos completamente a la escritura, un equipo humano que nos atendió como si fuéramos de su familia, conversaciones generosas, encuentros con los lectores, paseos por un bosque enorme. Me permitió crear una cápsula de tiempo donde trabajar con completa tranquilidad.

¿Cómo manejás el clima, la atmósfera, en tus narraciones?

Sólo escribo, voy haciendo lo que puedo. Corrijo mucho. Nunca usaría la palabra “manejar” en relación a la escritura. Se trata, más bien, de dejarse llevar.

¿Cómo abordás en tu obra el trinomio “lenguaje, trama, argumento”?

Qué pregunta más difícil. Para mí, la escritura debe funcionar como si fuera música. Cuando corrijo, leo en voz alta. Si algo desafina, lo trabajo, lo limo, lo saco. Casi nunca agrego. En general se trata de una poda. El argumento y la trama trabajan por su cuenta, yo voy por atrás, corriendo atrás de ellos, tratando de ser fiel en el uso del lenguaje. A veces el lenguaje manda y decide el argumento y la trama. Y cada libro  es diferente.



domingo, 9 de junio de 2019

Tacos Altos - Federico Jeanmaire






Los tiempos de un eterno presente 


El mundo es un enorme animal que corre. La inestabilidad, el cambio, el orden y el caos, la extraña red que une todo, esa mezcla oscura de la que están hechas las cosas. La violencia, con toda su estupidez; la violencia innecesaria; la tozudez, la contumacia: caminos que llevan a la desgracia. Mapas poblados de rencores, los clanes, el odio al que es diferente, la inmensa pequeñez, la mezquindad. ¿Cómo crecer en un mundo así?

Su Nuam nació en China y vivió diez años en Argentina. Ahora ha vuelto a su país de origen llevando un idioma que necesita usar para conservar la memoria de lo vivido. No da lo mismo recordar en chino que en castellano. Cada lengua es un modo de ver y una manera de intervenir. Por eso Su Nuam (“Llanura ardiente”) escribe. Una chica de quince años, sentada sobre una palangana “a orillas del gran canal, el final de la calle del mercado, en Suzhou”. Escribe en castellano. Con los fallos y revelaciones que provoca una lengua extranjera. 

“Me cuesta el pasado. Y me cuesta el futuro también.” Su Nuam habla de gramática. De esa dificultad que la obliga a hablar con todos los verbos conjugados en presente. Pero de eso se trata: de cómo el uso del lenguaje nos revela el mundo. ¿Qué otro tiempo verbal podría importar? ¿Acaso no sucede todo ahora? ¿Acaso el futuro y el pasado no existen en tanto nos atraviesan?

La escritura limpia y elemental de Su Nuam conmueve. La economía de recursos se vuelve belleza. Y esa es la palabra que define a Tacos altos, la última novela de Federico Jeanmaire. Un breve tratado sobre la belleza que existe en lo mínimo. Una suave interrogación sobre lo delicado, a pesar de la crueldad que manda en nuestra especie.

Su Nuam es capaz de entender cosas imposibles de poner en palabras. Y, de algún modo, reflejarlas en su cuaderno. Descubrimientos. Preguntas. Una historia que se desarrolla en dos escenarios y que habla de la soledad, el miedo, la venganza, la obediencia, el odio, la injusticia y la violencia. De qué modos enfrentamos el caos del mundo y cómo -por qué caminos, con qué rituales- buscamos reparar lo herido y restaurar un orden perdido. La escritura como pincel de la memoria, como herramienta testimonial, como instrumento para relevar un territorio confuso, difícil de aceptar. La identidad que vamos construyendo tejiendo palabras y paisajes. Su Nuam navega en una lengua extranjera. Y va descubriendo sus huecos, sus barrancos, sus esquinas, sus dobleces. 

Tacos altos dialoga, de algún modo, con El azul de las abejas, de Laura Alcoba, otra hermosa novela que se ocupa de la infancia, el desarraigo y los idiomas. Ese diálogo ilumina ambos libros si uno se entrega al juego de leerlos uno después del otro.



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero






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Más liviano que el aire - Federico Jeanmaire

El azul de las abejas - Laura Alcoba





jueves, 30 de mayo de 2019

Comentario sobre L´Échange ("La tensión del umbral") - Blog Cinéphile m'était conté ...




Progression dans les ténèbres (L'échange)


Si L'échange d'Eugenia Almeida était un film, il serait d'évidence tourné en noir et blanc, dans un style expressionniste, avec des ombres surdimensionnées se dressant à chaque coin de rue du vieux Buenos Aires. 
Le roman frappe par la brièveté de ses chapitres: beaucoup d'entre eux sont des dialogues directs où le nom des interlocuteurs n'apparait qu'avec retard, presque de façon accidentelle. 
L'histoire de L'échange est labyrinthique et prend racine des années plus tôt, le style du livre épouse cette incertitude et ressemble à une progression dans les ténèbres sans qu'il soit véritablement certain que la lumière apparaitra un jour. Un polar ? Un thriller ? Une oeuvre au noir plutôt, oppressante et fascinante, qui magnétise son lecteur avec une économie de moyens prodigieuse. Preuve s'il en est que la poésie peut surgir d'une forme condensée mais puissamment évocatrice. 
Inutile de préciser que le livre est profondément argentin et pas seulement parce que l'un des personnages principaux est psychanalyste à la retraite. Les autres sont journaliste, flic, mafieux, garçon de café ... Certains apparaissent, le roman les accompagne quelques instants et puis, il peut arriver qu'ils disparaissent aussi vite. Ou pas. C'est l'une des particularités du livre : tout peut arriver, ou presque, il y a ce sentiment que la fatalité est plus fort que tout. Du coup, oui, l'on revient à cette idée de caractère argentin, comme une triste rengaine de tango. Pas question de trop évoquer le passé et le sale air de la peur à l'époque de la dictature. Sauf que le procès n'en a jamais été fait et que certains acteurs de cette période courent toujours et n'hésitent pas à agir quand on fouine un peu trop. 
La fin de l'échange est ouverte. On peut craindre que le pire soit à venir. Il faut en tous cas le répéter le plus souvent possible : ce livre est une pépite noire !





domingo, 12 de mayo de 2019

Chaco For Ever - Mempo Giardinelli





Ante el abismo 

En 1975 Mempo Giardinelli trabajaba en la Revista Siete Días. Esa relación laboral le impedía presentarse al concurso de cuentos policiales que organizaba el semanario. Pero la tentación era demasiado grande. El jurado era “espectacular”: Borges, Roa Bastos y Marco Denevi. Giardinelli se guió por el deseo y envió un cuento, sabiendo que en caso de ser elegido tendría que renunciar al premio y al trabajo. 

Los ganadores fueron cinco, entre ellos Piglia y Di Benedetto. Giardinelli recibió la primera mención. Tuvo que ocultar su alegría hasta que se animó a llamar a Denevi y contarle quién era y qué había hecho. En una mesa de café, Denevi le reveló algunas de las deliberaciones del jurado. Aquel cuento abre esta antología de relatos que acaba de publicar Edhasa. Cuarenta años después, “El paseo de Andrés López” sigue funcionando a la perfección.

El autor chaqueño aprovecha el territorio del prólogo para aclarar que si bien el título del libro hace referencia al club “más popular de Resistencia”, no hay en Chaco For Ever historias de fútbol. Tras un pequeño homenaje a maestros y colegas (Orgambide, Rulfo, Monterroso, Filloy, Xurxo, Anderson Imbert, Gorodischer y Denevi), Giardinelli revela “las dos vertientes que constituyen la médula de todo gran cuento: el fino humor sutil y la estremecedora tragedia, esas dos caras de la comedia humana.”

Un Falcon verde, un médico extrayendo una bala en el asiento trasero de un auto, una adolescente negra en Resistencia. Un reencuentro, una larga confidencia en la cocina. La cosecha de algodón y alguien que escapa corriendo por el monte. Un piano que cae desde el cielo. La carga de un camión destrozando dos cuerpos jóvenes. San La Muerte. Un hombre que acaba de salir de la cárcel. Un ex combatiente de Malvinas convertido en mendigo. Un opositor a Stroessner asesinado, simulando una fuga. Un preso que silba Nabucco, de Verdi, en una cárcel de la Patagonia. 

Hay algo crudo en Chaco For Ever. Los personajes descubren que las cosas no son como creían y en ese descubrimiento hay dolor, tristeza, furia, resignación. Algo los ha llevado al límite, al punto donde todo se desencadena y es inevitable mostrar lo que uno realmente es.

En muchos de estos relatos se presentan con maestría escenas insoportables. En “Luminoso amarillo” una niña es vendida. Se ve la oscuridad, la miseria y la codicia obteniendo su presa. El narrador no juzga: muestra. Y ese mostrar es tan preciso y escueto que lo no dicho retumba con fuerza.  

Los cuentos de este libro llevan la marca de Giardinelli: el estilo sencillo (una sencillez siempre  difícil de conseguir) y el argumento contundente jugando en dosis justas. El equilibrio de un cuentista que domina su oficio.


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero




viernes, 26 de abril de 2019

Comentario sobre L’échange (La tensión del umbral) - Blog Librairie au temps retrouvé





L’échange, de Eugenia Almeida, 
trad. De l’espagnol (Argentine) par Françoise Gaudry, 
éd. Métailié


Nous voilà, nous, lecteurs, plongés dès la première scène dans une situation dont nous avons du mal à démêler la teneur. Dans une ville argentine, une jeune-femme est visiblement sortie d’un bar en menaçant de son revolver un homme, puis elle a retourné l’arme contre elle et s’est suicidée. Nous comprenons que Guyot, à travers qui nous suivons l’affaire, est journaliste, qu’il va rendre compte (ou pas) de tout cela dans ses articles, nous devinons au fil des pages et des scènes en gros plans (toujours), que la police, les journaux, les différents acteurs de l’histoire sont à la fois soutenus et menacés par une organistation « secrète », et que la délation est une institution. Nous redoutons jusqu’au bout ce qui va arriver.

La force de ce livre est de ne jamais nous permettre de nous repérer et de nous faire éprouver, de l’intérieur, cette menace permanente mais non identifiable qui pèse, incarcère, se ramifie de façon irrationnelle. Une construction parfaitement contrôlée, des dialogues omni-présents et très réalistes, ce livre en dit beaucoup sur l’empreinte que laisse une dictature.





domingo, 21 de abril de 2019

Visitas a La Perla - Gabriela Halac




Astillas de un archivo siempre abierto 

“Visitas a La Perla”, el nuevo libro de Gabriela Halac, pone en común la experiencia de diez “visitas no guiadas” al Espacio para la Memoria La Perla.


En 2011 se llevó a cabo una residencia de artistas en el Espacio para la Memoria La Perla, el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio. Enmarcados en el Proyecto Phronesis Criolla, los residentes fueron invitados a trabajar en un proyecto personal “usando imágenes, acciones, video, texto y música.” 
En ese entorno, la poeta, editora y gestora cultural Gabriela Halac comenzó a preguntarse “qué sobrevive de La Perla en nosotros”. 
En una propuesta en la que la palabra más previsible era “yo”, Halac eligió decir “nosotros”. E hizo lo que viene haciendo hace años: dar espacio a lo nuevo, caminar por la frontera, ver el otro lado de las cosas y ayudarnos a mirar. Invitó a un grupo de personas y propició una serie de “visitas no guiadas”. Durante dos meses, la escritora pasó cuatro horas diarias en La Perla. En ese período recibió 10 visitas. Escuchó, sostuvo y compartió encuentros en un lugar donde alguna vez se buscó destruir el significado de esas palabras. Mientras los tiranos sigan la premisa “divide y reinarás”, decir “nosotros” será siempre un  gesto revolucionario.
¿Quiénes fueron los invitados? Integrantes de “una red de amigos, conocidos e interlocutores” a los que Halac convocó “con la convicción de que otras personas podían colaborar a restituir la humanidad perdida” y ayudarla a “asumir la magnitud del suceso.” Su intención era correrse del eje de quiénes eran los que tenían una voz “autorizada” para hablar o quiénes podían dar un testimonio “válido” sobre La Perla. La decisión fue buscar, en su entorno, personas con quienes pudiera pensar ese espacio y permitirse  entrar en otro nivel de intimidad en la conversación. 
Han pasado cinco años de esas visitas. Halac siente que ha llegado el momento de la “devolución”. Aunque parte de este trabajo fue mostrado en México y en Buenos Aires, nunca se ha visto en Córdoba. Convertirlo en un libro es una apuesta que se agradece y que, de algún modo, amplifica los efectos de aquellas visitas. Los lectores pueden recorrer las conversaciones y fotografías registradas en esos encuentros, junto a textos de Ileana Diéguez, Lucas Di Pascuale, Daniel Samoilovich y la misma Halac. 


Que lo que no desaparece nos movilice
En una charla con Número Cero, Halac reflexionó sobre la memoria y sobre experiencias relacionadas con “dejar de escuchar la historia como te la cuentan y empezar a construirla desde un lugar personal, que a la vez es de todos.”
Visitas a la Perla ofrece la posibilidad de preguntarnos “qué es lo que sobrevive de esa historia en nosotros hoy”. El libro, insiste su autora, “no tiene respuestas; tiene preguntas.”
No es la primera vez que Halac trabaja sobre la memoria; es uno de los nudos de toda su obra. La escritora no comulga con la idea de una memoria fosilizada. Su interés siempre ha girado en torno a la pregunta de cómo abordar algo sin fijarlo, sin condenarlo al monumento; cómo acceder a lo fragmentario y lo móvil. “Me interesa aquello que para existir está condenado a romperse, a mutar”, dice en las primeras páginas del libro.
En un momento de la charla, surge la palabra “Astillas”. A eso se refiere Halac cuando define a la memoria como un archivo que uno va abriendo todo el tiempo y al que va modificando en función de lo que es capaz de ver de ese pasado, desde la posición del presente. Para la artista, allí radica lo más interesante de los trabajos que abordan un contexto real desde lo subjetivo. 
Como lo señala el subtítulo, Visitas a La Perla puede leerse como “Ensayos sobre lo que no desaparece”. Ensayos múltiples, colectivos, corales. Ileana Diéguez lo resume perfectamente: “Si la dictadura había creado archivos contra otros, Visitas a La Perla buscaba generar archivos con el otro. Sobre el trabajo de la muerte y la desaparición se desplegaba el trabajo de hacer aparecer personas que tomaban e interpelaban las memorias del espacio.”
Halac demarca un territorio cuando dice: “Creo que hemos estado siempre con la mirada puesta en aquello que ha desaparecido, algo que es fundamental. Para mí, hoy, la pregunta es: ¿qué es lo que no desaparece? Yo, al menos hoy, decido ponerme en ese lugar de pensar qué puedo hacer con eso para que no se convierta en algo oscuro, relacionado con el miedo o la imposibilidad o el silencio. Qué puedo hacer para que se convierta en algo que actúe, que  permita cosas, que te mueva. Eso: que lo que no desaparece nos movilice”. 
Con la precisión, delicadeza y profundidad que caracteriza al catálogo de DocumentA/Escénicas, Visitas a La Perla es uno de esos libros que apenas aparecen se vuelven indispensables. 


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero




domingo, 7 de abril de 2019

Aquí viven leones - Fernando Savater y Sara Torres





Mapa de dos amantes lectores

El último tiempo de su vida Sara Torres lo pasó viajando y tomando notas. Su compañero de viajes -su compañero de vida-, era el filósofo Fernando Savater. Juntos, se estaban dando un gusto personal que era también trabajo: visitar los lugares significativos en la vida de un puñado de grandes escritores. Ya habían hecho algo similar antes: la serie de documentales televisivos “Lugares con genio” que tuvo su correlato en un libro.

Con entusiasmo, con alegría, fueron dibujando el mapa. Cuando estaban en Galicia, escribiendo sobre Valle-Inclán, Sara descubrió que estaba enferma y que su situación era terminal. Desde ese día, los viajes, la lectura y la atención médica se irían mezclando en el cotidiano de una pareja que decidió disfrutar de lo posible, hasta el último minuto. 

Cuando Sara murió, unos meses después, el trabajo no estaba terminado. Savater sabía que seguir adelante era cumplir el deseo de su compañera y, al mismo tiempo, homenajearla en el amor y la admiración que ambos tenían por la literatura. Ese homenaje se llama Aquí viven leones, el relato de un periplo visitando los escenarios de vida de ocho escritores cuyos nombres propios se vuelven topografía, territorio y estación de un viaje literario.

Dividido en capítulos que juegan con la estructura de una guía de viajes, a cada autor se le dedica un apartado. Cada uno de ellos incluye una breve historieta, un texto en el que Savater y Torres recorren aspectos de la biografía, la época y la personalidad del autor y finalmente, un mapa donde se señalan los lugares más destacados y las distancias entre un punto y otro. 

El libro está pensado en una edición que resalte su belleza: papel grueso, ilustraciones a color, fotografías y un relato que nos lleva de Inglaterra a Gran Bretaña pasando por España, Italia, Argentina, Brasil, México, Estados Unidos, Francia y Austria. En esas páginas encontramos los detalles de las vidas cotidianas de ocho gigantes de la literatura: Shakespeare casándose con su novia embrazada; Ramón del Valle-Inclán perdiendo un brazo por una pelea de café; Edgar Allan Poe y su paso por la Academia militar de West Point; Giacomo Leopardi y sus desventuras; Agatha Christie y su misteriosa desaparición durante once días; Alfonso Reyes y las intrigas políticas de su padre y su hermano; Stefan Zweig y su decisión final; Flaubert y el juicio que sufrió su obra Madame Bovary  por “ultraje a las buenas costumbres y la religión” a manos del mismo fiscal que tiempo después logró condenar a Baudelaire por haber escrito Las flores del mal

Aquí viven leones es un homenaje múltiple: a los lectores, a los escritores, a los viajeros y a los amantes. 

Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero





jueves, 28 de marzo de 2019

Comentario sobre L´Échange (La tensión del umbral) - La livrophage. Lectrice en campagne




«L’échange» – Eugenia Almeida – Métailié, 
traduit par François Gaudry



Eugenia Almeida, auteure argentine, écrit ici son troisième roman. Pour moi, c’est avant tout la découverte d’une plume très originale dédiée à une histoire en forme de puzzle. En premier lieu, il faut dire que cette écriture et la construction du roman sont  absolument remarquables. Le lecteur est poussé dans un labyrinthe en quête d’une vérité tapie sous une chape de plomb, et il n’a de cesse d’avancer jusqu’à l’issue, revenant sur ses pas, hésitant, se heurtant aux impasses en compagnie du personnage principal, Guyot.

Bien que la dictature soit terminée, ses effets, ses résidus nauséabonds et ses mains armées hantent encore le pays. Une jeune femme braque son arme sur un homme à la sortie d’un bar, mais finalement la retourne contre elle. Suicide? C’est la réponse facile à une mort dans l’indifférence d’une personne ordinaire. Mais c’est compter sans Guyot, journaliste réchappé de la folie et de l’alcool dans lesquels il s’est enlisé après le meurtre de sa femme. Guyot intrigué par cet acte : viser quelqu’un et mettre fin à ses jours…Pourquoi? Que cache cette mort ?

Ici commencent les méandres de l’enquête sur laquelle se greffent de nombreux personnages de la police, des médias, et une psychologue à la retraite qui boit beaucoup de vodka au bar de Bruno. 

Chapitres courts, phrases sèches et brèves, mélancoliques – et même dépressives – énigmatiques, poétiques aussi :

« L’un après l’autre les jours s’enfoncent. des jours comme une lame qui empêche de bouger, de réagir, de se dégager.

Il est difficile de deviner laquelle de toutes les pièces a fait que cet éphéméride n’aura pas de terme. Peut-être que cela a commencé avant.

[…]Il arrive un moment où tout doit être mis en ordre. Les yeux s’ouvrent péniblement sur un monde sans signification. Juste une boîte obscure saturée d’échos.

Celui qui ne sait pas qu’il doit mesurer sa force entre en aveugle dans un monde régi par d’autres. Ce peut être beau ou terrible. C’est pareil. Les figures viennent du dehors, elles s’imposent à nous, nous dansons sur la musique d’un autre. »


Nous sont restitués ainsi les tâtonnements de l’enquête, la narration sautant d’un personnage à un autre; on se sent parfois égaré comme Guyot l’est par les secrets qu’il cherche à percer, comme il l’est par l’horreur de ce qu’il dévoile. Très beau personnage et j’ai particulièrement aimé ses rencontres avec Vera Ostots, la psychologue assez trouble qui n’exerce plus, mais si, encore un peu. Et qui a ses habitudes.


« Elle sourit.

-Le monde réel existe. même si on lui résiste.

En un geste identique au premier, elle vide son verre. Il s’écoule à peine une minute avant que Bruno lui en apporte un autre, par une sorte d’accord tacite qui semble avoir été passé depuis des années. Guyot doit avoir posé sur elle un regard déplacé, car elle reprend sa tasse où reste un fond de café froid et dit:

-Ne faites pas attention. On a tous nos petites habitudes. »


Dans ce roman politique et sombre, Eugenia Almeida triture l’histoire de son pays, la décortique par le biais de ceux qui l’ont faite – défaite – , l’armée, la police, la presse. Secrets intimes et vie publique mêlés, la monstruosité de ce régime surgit par bribes au détour d’une phrase. On comprend aussi que ce pays ne peut se dépouiller sans mal de ce passé encore très proche, et que celui-ci détermine encore et toujours la vie des Argentins. On ne peut jamais être sûr de rien, et l’écriture incisive génère une sorte d’angoisse fébrile, une appréhension sourde; quel talent ! 

Le roman est assez court, je l’ai lu d’une traite parce qu’on suit avec la même inquiétude que Guyot le fil ténu des indices, le double jeu des protagonistes, on veut savoir et dénouer cette sinistre affaire, où le passé démontre qu’il continue son œuvre comme un ver dans un fruit.

La fin éclaire le titre ( même si connaissant un peu l’histoire de la dictature en Argentine, j’ai compris assez vite celle de la jeune morte ), mais surtout cette fin est très très bien choisie, dans la même ambiance que le reste du livre c’est à dire angoissante à souhait :


« La pénombre s’est maintenant muée en complète obscurité.

-Je vous appelle dans quelques jours. tant que vous respecterez notre accord, tout ira bien.

Il sort en silence. elle n’arrive même pas à se lever pour le raccompagner. Elle restera assise dans ce coin de la pièce jusqu’à une heure avancée de la nuit, jusqu’à ce qu’elle puisse assumer qu’elle vient d’entrer en enfer. »


Quelle manière magnifique et intelligente de fermer le livre ! 






domingo, 10 de marzo de 2019

La ley de la revolución - Juan Cruz Taborda Varela




Un ser complejo

Gustavo Roca: Cordobés, nacido en 1924. Hijo orgulloso de Deodoro, personaje clave de la Reforma Universitaria. Militante de izquierda, dirigente estudiantil. Abogado defensor de presos políticos. Un hombre difícil de definir. Es en torno a esa idea que el periodista Juan Cruz Taborda Varela construye La ley de la revolución, una “biografía política” que trae a la luz un personaje extrañamente olvidado. 

Conocer a Roca permite conocer también ciertas ambigüedades de Córdoba. El abogado pertenecía a una familia de esa rancia burguesía local que sueña con ser aristocracia;  apellidos supuestamente ilustres que históricamente se reparten poder y prebendas. Supo hacer un uso extraño de esa pertenencia: como herramienta para combatir el status quo. Es posible preguntarse si con esa actitud no colaboraba con la naturalización de injustos privilegios. La vieja cuestión de qué métodos para qué fines. 

Roca tuvo un rol importante en momentos claves de la Historia argentina: el Cordobazo, el Viborazo, la masacre de Trelew, la liberación de presos políticos al asumir Cámpora, la última dictadura cívico-militar, el retorno de la democracia.No sólo fue abogado. Ofició de periodista, de mensajero, de activista. Mientras pudo, fue anfitrión de todo el que estuviera escapando. En su casa de Ongamira se refugiaron muchos de los que huían del Terror.
Obligado a exiliarse, desde el extranjero participó en la creación de la Comisión Argentina de Derechos Humanos, “la primera comisión de denuncia de los crímenes que cometía el Terrorismo de Estado”. 

En 1983 regresó al país. En ese momento habló de algo que entonces fue desestimado y que, mucho tiempo después, mostró su espantosa realidad: las fosas comunes en el cementerio San Vicente. En Córdoba sufrió la indiferencia y la persecución. En los últimos años, se acercó a personajes oscuros; gente relacionada con aquellos sectores a los que siempre había combatido. Murió el día en que comenzaba el verano de 1991.

En La ley de la revolución aparecen los amigos de Roca dibujando un mapa cultural y político de la segunda mitad del siglo 20 en Latinoamérica: Yupanqui, El Che, Tosco, Atilio López, Noé Jitrik, Neruda, John William Cooke, Salvador Allende, Rafael Alberti, Cortázar, David Viñas, Daniel Moyano y Osvaldo Soriano, entre otros. Aunque es evidente la admiración que Taborda Varela siente por Roca, el autor deja en claro que “no hay una mirada unívoca”. Y que eso no se debe a la distinción entre amigos y enemigos sino a la complejidad de un personaje “cargado de matices y con una multiplicidad de vivencias que, a partir del relato de su propia vida, permite reconstruir medio siglo de la historia argentina y cordobesa.”



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero - La Voz del Interior




jueves, 28 de febrero de 2019

Comentario sobre L’échange (La tensión del umbral) - En attendant Nadeau





La jungle de Buenos Aires

par Albert Bensoussan

Ce roman d’Eugenia Almeida, qui fait mener l’enquête conjointement par un journaliste et une psy, nous plonge dans le labyrinthe de la mégapole argentine, dans les ultimes soubresauts de la dictature déchue et défunte mais qui survit encore sous forme de sanglantes nostalgies.


Le roman policier a acquis, depuis des lustres, ses lettres de noblesse et ne saurait désormais s’inscrire dans une quelconque infralittérature. De Simenon à Nicci French (célèbre couple britannique, égrenant sa semaine policière, Lundi mélancolie, Sombre mardi…), nous affrontons une écriture, un portrait réaliste et social capables de rivaliser avec les meilleures constructions romanesques. Et d’ailleurs l’enquêteur(se) n’est plus l’inévitable commissaire, ou un détective lambda mais une personne qui normalement n’aurait pas voix au chapitre : chez Nicci French une psychothérapeute, par exemple.

Le présent roman, qui s’intitule L’échange en français, traduisant, sans le traduire, le titre original : La tensión del umbral (« la tension du seuil »), nous introduit sur le pas de la porte de l’enfer, celle-ci étant l’entrée du « Ministère de la Sécurité » – fallacieux programme où la corruption le dispute à la concussion : quelle justice ? quelle police ? quel maintien de l’ordre ? Le mauvais œil est partout et chacun, où qu’il soit, d’où qu’il mande ou commande, n’est jamais assuré du lendemain : règlements de comptes et achats du silence peuplent la morgue. Les rapports de police iront grossir ce qu’on a appelé les « archives de la terreur », qui bouleversèrent l’écrivain Ernesto Sábato, président de la Commission d’enquête sur les personnes disparues en Argentine pendant la dictature.

Ici, la donnée initiale tient en deux lignes : à la sortie d’un bar, une jeune femme met en joue un inconnu, qui, après avoir échangé deux mots avec elle (d’où le titre français), passe son chemin, et alors, au lieu de faire feu contre lui, comme on s’y attendrait, elle retourne le revolver contre elle-même et se tue. Affaire toute simple et vite classée par la police, tant l’évidence du suicide est criante. Et pourtant… et pourtant… En introduisant le doute et le mystère dans ce qui semblait si clair, l’auteure omnisciente nous plonge dans un suspense, une attente indéfinie et infinie qui, au fil d’une enquête aussi brouillonne que les choses de la vie, nous fera découvrir l’horrifiante cité de Buenos Aires – une mégapole traversée par le fleuve Matanza (« massacre ») où s’agitent encore, bien des années après, les fantômes « gravissimes » de la dictature (celle du général Videla et sa junte, de 1976 à 1983, mais jamais mentionnés) et de ce qu’on a nommé la « guerre sale », avec ses quelque trente mille « disparus ».

« La ville est une jungle », nous dit-on, mais cette ville n’est jamais désignée, juste évoquée à travers quelques artères, carrefours et quartiers, les indications se limitant à « Sur le pont », « À un carrefour », « Le kiosque à journaux », « Le bar », ou demeurant dans la vague localisation de ce district appelé « El Bajo », autrement dit les bas-quartiers. Et quelle importance, d’ailleurs, le texte est construit comme un dialogue et les descriptions sont à la portion congrue, apparaissant plutôt comme des didascalies théâtrales. Le fil conducteur est Guyot, un personnage de journaliste qui, traumatisé par le meurtre de sa femme, après un viol manqué, des années plus tôt, entend débroussailler l’écheveau de cette histoire où rien n’est vraiment dit, tout est suggéré en laissant le lecteur égaré dans le labyrinthe. Une psy, qu’on rencontre dans un bar, celui-là même qui fut le théâtre de cette tragédie, apportera de précieux commentaires sur le spectacle de la rue et sa violence. Le maître mot est « solitude ». Mais aussi absence d’amour, frustration, désespoir. Au cœur de l’intrigue, il y a ce couple sans enfant qui hérite d’une fille trouvée par la grâce d’un capo dei capi, qui fut un maître policier au temps des généraux et qui, pris d’amitié pour ce couple, en fait sa créature… jusqu’au meurtre. Jamais clairement nommé, il apparaîtra finalement sous un double nom, qui signe la duplicité de son caractère. Au fur et à mesure que l’enquête avance, les cadavres pleuvent. Plus on croit l’éclaircir, plus l’ombre s’abat sur les pages, sur les plages de l’intrigue.

Finalement, on est près de comprendre, on pense qu’à force de liquider à tout-va (par exemple : « On a tué deux prisonniers pour couvrir les autres ») la sanglante scène va se vider de ses acteurs, et c’est bien la seule chose positive : comme une étoile qui s’éteint peu à peu, le théâtre va plonger dans la nuit, et il ne restera plus que trois personnages : le grand meurtrier (qui a liquidé tous ses comparses, tous ceux qui savaient), le journaliste, encore miraculeusement en vie, mais à condition de tenir une bonne fois sa langue : « Tu écris un seul mot là-dessus et une heure après tu es mort », et la psy qui est tout à la fois l’intermédiaire agissant et le témoin de l’horreur, toujours vissée à sa chaise dans « ce bar », éclusant ses petits verres de vodka, et contemplant les consommateurs qui, parce qu’ils n’ont rien vu et ne savent que dire (« pas vu, pas pris »), sont qualifiés de « club d’aveugles ». C’est elle, en dernier lieu, qui demeurera et s’effacera en fondu au noir dans l’ultime ligne du roman, comprenant enfin « qu’elle vient d’entrer en enfer » et assumant cette malédiction. C’est ce qu’on pourrait appeler une fin ouverte. Mais ouverte sur le vide, le néant, la pauvre Argentine dépecée et sanglante, qui n’en finit pas de panser ses plaies.

Dans un style sec, bref, elliptique, haché, souvent haletant, Eugenia Almeida nous communique son angoisse, sa peur, sa colère, son désespoir. On sort d’une lecture, dont on ne peut à aucun moment s’arracher, l’esprit fiévreux et l’âme broyée. Mais le vertige n’est pas seulement dans la tête, il est dans ce pays, cette ville, cette histoire, quand tout a basculé. Et que rien n’est effacé, oublié, pardonné. Plus qu’un roman policier, cette écrivaine argentine qui s’est fait connaître en France par deux précédents titres (L’autobus et La pièce du fond) nous donne ici un roman politique. Implacable, glaçant et justicier.





domingo, 10 de febrero de 2019

Un asesino entre nosotros - Flaminia Ocampo





La perversa actuación  

En 2011 la escritora Flaminia Ocampo viajó a Berlín para trabajar en el guión de una película que relatara el tiempo que el criminal nazi Adolf Eichmann pasó en Argentina. ¿Cómo contar una historia con imágenes? ¿Cómo decir algo diferente sobre una figura tan visitada por el cine? Un asesino entre nosotros es la bitácora de ese proceso. A medida que la autora aborda la vida de aquel hombre tenebroso, reflexiona sobre los modos de narrar y genera preguntas sobre qué implica que Eichmann haya podido vivir diez años, en absoluta tranquilidad, en nuestro país. 

Eichmann llegó a la Argentina el 14 de julio de 1950. Años después, escribiría: “Sabía que en esta “Tierra prometida” de América del Sur tenía amigos que esperaban poder ayudarme. Amigos a los que podía decirles orgullosamente, abiertamente y libremente: soy Adolf Eichmann, ex teniente coronel de las SS”. 

Ocampo insiste en la falta de fisuras, en el horror monolítico de un hombre que, ya preso en Israel y antes de ser juzgado, le dijo al policía que lo interrogaba que “el arrepentimiento es para chicos”. La autora se aleja de la opinión de Hannah Arendt, que veía en él la “banalidad del mal”. Ocampo prefiere hablar del “talento para la perversa actuación de la banalidad”. Eichmann era el hombre que afirmaba que “el infierno no existe”, obviando el hecho de que él mismo fue uno de sus arquitectos.

Flaminia Ocampo narra y, al mismo tiempo, reflexiona sobre el lenguaje. Por ejemplo, cuando se refiere a la maquinaria de eufemismos en la que se acorazaba el nazismo. La aniquilación de millones de personas se llamó “solución final”; la deportación era “cambio de residencia”; la muerte por desnutrición, deshidratación y trabajos forzados era una “disminución natural”; el asesinato en la cámara de gas era un “tratamiento especial”. Eso fue el nazismo. Un plan sistemático pensado hasta el  mínimo detalle: su vocabulario administrativo.

Un asesino entre nosotros relata la llegada de Eichmann a la Argentina, el trabajo como tintorero en Buenos Aires, la ironía insoportable de que haya sido operario de una fábrica de artefactos a gas. Los diez años de protección; la larga búsqueda que desembocó en su secuestro; los días de cautiverio en una casa de Florencio Varela. El libro expone el antisemitismo de las instituciones militares y clericales en nuestro país; los grupos nacionalistas de ultraderecha exigiendo la “devolución” y el “regreso” del criminal nazi. El trabajo de Ocampo no solo permite conocer a Eichmann. Sirve, también, para saber algo de ese “nosotros” al que alude el título. Un libro que habla de un asesino pero también de responsabilidades, silencios, complicidades y cegueras. 


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero - La voz del Interior