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sábado, 7 de marzo de 2015

Agua







Gotas

Empieza a llover. Y es hermoso. El agua golpea contra el techo de chapa y dan ganas de quedarse en la cama. Pensás en la suerte de estar esta noche, bajo esa lluvia, con el ruido que acuna y contiene.
Pasan las horas. Es difícil saber cuándo la repetición de algo bello se vuelve inquietante. 

Te despertás, como siempre, a eso de las cuatro y veinte. Quién sabe por qué. Todos los días, la misma hora. Caminas en la oscuridad y al llegar al lavarropas rozás un botón del celular. Una costumbre repetida: confirmar lo que ya sabés. La luz azul rebota en la pared y alcanzas a ver: 04:22. Vas hasta el baño. El olor a tierra mojada entra por el ventanuco. Volvés a la cama. Tratás de dormir. 

Es domingo. Quizás sean las seis o las siete de la mañana. Tenés que trabajar. Una rutina hecha de tareas sin horarios. Vas sumando ratos de esos: madrugadas, trasnoches, pequeñas grietas que se abren entre una cosa y la otra. 

Apretás la tecla de la luz pero la luz no llega. Como tantos otros días en este pueblo de Sierras Chicas. No importa. Buscás la radio portátil, escuchás una transmisión desde otra ciudad. Están hablando de una marcha que se organiza en Buenos Aires. Apenas prestás atención. De a ratos se oye una canción, hacés girar la rueda del volumen hacia arriba o hacia abajo, dependiendo del ánimo.

Ponés la pava en la hornalla. Buscás la yerba. Tratás de abrir las ventanas pero entra agua. Desde el sur, desde el norte, desde el oeste. Como si afuera hubiera una especie de tornado, como si lloviera desde todos los rincones. Te quedás con los postigones cerrados, a oscuras, hasta que la luz vuelve y te sobresalta.

Pasan unas horas.

Alguien sacude la campana que está sobre la tranquera. Pensás que debe ser otra cosa, que te has confundido. ¿Quién puede venir en medio de este diluvio? Abrís la ventana y te asomás. Tu vecino dice que se ha tapado una canaleta, que el agua se ha encajonado, que se le inunda la cocina. Salís debajo de la lluvia, sacás algunas ramas de esa pequeña acequia. Te movés con mucha dificultad. Hace días que tomás calmantes para un terrible dolor de espalda que apenas te deja caminar. 

Algo va mal. El agua empieza a subir. Te acercás a la calle: una enorme tormenta de barro arrastra piedras, palos, objetos que no llegás a reconocer. Volvés a la casa. La ropa empapada. Frío en el cuerpo y es pleno febrero. La chapa sigue tronando. Un rato después empujás la ventana contra el viento y alcanzas a ver que el agua sigue subiendo. La calle ya no está ahí. Sólo hay un río marrón que arrasa todo. El cielo es negro.


Noticias del mundo de allá

La lluvia amaina un poco y volvés a asomarte. Una vecina trata de bajar al centro. Dice que el agua se ha llevado algunas casas. Es el comienzo de las voces. Todo el mundo habla.

Hay quien dice que han abierto las compuertas del dique. Hay quien dice que no es cierto. Hay zozobra. Alguien cuenta que en una de las casas que están sobre el río el agua levantó una heladera. Parece algo extraordinario. Pero vas a oír eso muchas veces. Heladeras, autos, camiones, todo parece tener otro peso y otra densidad bajo la furia de la tormenta. Empezás a oír nombres de barrios y lugares que no conocías. 

Los puentes ya no sirven para unir sino como demostraciones de la destrucción. 

El agua que te puede llevar también es el agua que puede sepultarte en una habitación. En la radio alguien cuenta que tuvo que romper una pared a mazazos para poder liberar a una familia que había quedado encerrada.

Los rumores de las compuertas abiertas se repiten de boca en boca. Todas las frases comienzan con “dicen”, “me dijeron”, “escuché que”. Te asomás para ver si los vecinos están bien. Suena el teléfono. De a ratos. La señal va y viene con el viento, con los truenos, con el agua. La línea fija  tiene tono pero siempre da ocupado.

Lo que se oye en la radio son sólo retazos. Lo central parece ser comentar los partidos de fútbol.  Especialmente el de Boca.

De a poco, muy lentamente, empiezan a llegar noticias.

Hay gente en los techos de las casas. Hay una soledad desoladora. Vas a saber que en los sindicatos, las colonias, las iglesias y los clubs las personas se amontonan buscando refugio. Hay equipos tratando de llevar ayuda en medio de un clima imposible. Ha vuelto a llover. Se siente el miedo. 

En los barrios más pobres, siempre cerca del río, siempre en lo bajo, el agua ha destruido todo. 

Se oye la voz de un ministro diciendo que hay lugares a los que no se puede acceder, que han caído 300 milímetros, que debemos tener calma. Querés fumar pero hace dos semanas que decidiste dejar y no hay un solo cigarrillo en la casa. La luz se corta y ya no vuelve.

Tu pueblo está a oscuras. Es la noche del 15 de febrero. Ya sabés que lo que ha pasado es un desastre. Ha dejado de llover y lo único que se ve son los tucos, enormes, que se encienden y se apagan. 

Cada tanto, un auto pasa rompiendo la oscuridad. Se ven los faros como si anunciaran algo. Se siente la fuerza del motor luchando contra un suelo que ha desaparecido. Te preguntás adónde van. Esas luces son casi fantasmas. 

En la radio han dicho que todos aquellos que estén seguros y no estén colaborando con los equipos de rescate deberían quedarse donde están. No sabés adónde irías si pudieras caminar normalmente. Los amigos han ido al pueblo a ayudar. Desde allí mandan noticias (cuando hay señal, cuando hay suerte, cuando hay tiempo).

La radio sigue replicando el futbol hasta la exasperación. Sobre el límite del dial encontrás una emisora uruguaya. Un abogado promociona su estudio, una locutora anuncia el programa “El tango es mujer”. Se oye un cantante mexicano balbuceando un bolero. Movés la perilla. Súbitamente las voces se vuelven nítidas, hay un grupo de mujeres rezando un rosario con una cadencia maníaca. Sentís un escalofrío. Tu casa está llena de velas.

El teléfono se queda sin señal. De a ratos entran llamadas perdidas que nunca sonaron. Amigos de otras provincias que deben estar viendo las noticias. 

En esa primera noche, la palabra es “inquietud”.


El día después

Alguien te cuenta que en Tortosa, donde se derrumbó el puente, la gente ha perdido todo. 

Hay árboles enormes tirados sobre la calle. Al norte, el agua ha destruido un criadero de cerdos y dicen que hay cuarenta animales muertos flotando por ahí. El olor es insoportable. El barro se pega a todo. Hay perros sin dueño dando vueltas, buscando algo que los oriente. Hay chicos que van gritando los nombres de sus perros por las calles llenas de huecos. 

Autos clavados en el lecho del río. Grietas enormes. El pavimento partido como si hubiera habido un terremoto. Hay barrios en los que han surgido vertientes. El agua brota de la tierra y atraviesa las casas. El sobrino de un amigo tiene una vertiente en su armario. 

Dicen que en barrio Loza una familia se subió a los techos cuando la fuerza del agua reventó las puertas y las ventanas. Por esos huecos comenzaron a entrar cosas. Una heladera. Ramas. Pedazos de plástico. Por uno de esos huecos entró, flotando, un muerto. Quien te lo cuenta hace un silencio. Repite una frase que ya ha dicho. No logra decir lo que quiere. Estás escuchando. Vuelve a decir: “el agua trajo un muerto”. El mate pasa de mano en mano. Miramos el suelo.

Cuando truena todos nos ponemos a temblar.


Trepen a los techos ya llega la aurora

Desde el primer momento hay gente que se organiza para tratar de hacer menos terrible lo que ha pasado. Gente que te conmueve. Durante una semana van a dejar todo para estar ahí, colaborando, ayudando, sosteniendo. Gente que va a dormir, con suerte, una o dos horas por noche. 

Se va a trasparentar lo que cada uno es. Lo que somos siempre se revela en la catástrofe. La variedad humana: hermosa y escalofriante. Ves al que no descansa, al que  construye, al que -en medio de la vorágine- tiene un resto para el afecto. Ves a los otros también. Los que tienen sus propios intereses y sólo hacen lo que les conviene.  

Hubo quienes golpearon puertas de madrugada diciendo que subía el agua. Hubo familias que escaparon en medio del pánico. Y quienes habían dado esa falsa alarma pudieron robar con tranquilidad. Hubo quien se ocupó de guiar la ayuda hasta sus vecinos más pobres. Hubo quien ofreció todo: casa abrigo, comida, agua, lo que hubiera. 

La luz y la oscuridad midiéndose en ese territorio que ha dibujado la tormenta. Como si el universo se hubiera condensado aquí, en las Sierras Chicas, en estos primeros días de la segunda quincena de febrero. Como si mirando esto pudieras entender la esencia de nuestra especie. 

Camino a barrio Las Ensenadas, más allá de la cantera, alguien ha fabricado dos espantapájaros con ropa y desechos que arrastró el río. Están sentados en un sillón hecho con ramas. Todos sonríen cuando pasan por ahí. 

En barrio Pizarro un chico de 17 o 18 años hace acrobacias con su bicicleta. Usa los desniveles del suelo, gira en el aire, cae con gracia. Está haciendo eso desde el día de la tormenta. Cuando todo era desolación, él empezó a saltar por el terreno. Bajo la lluvia. Un bailarín único que regala belleza. Hay quien cree que es una locura hacer algo así en este momento. Otros agradecemos esa danza. Nuestro mundo se ha sacudido. Y aun así alguien se pone a jugar con su bicicleta. Estamos vivos. 

Nos escuchamos, compartimos mate y cigarrillos. Nos desvelamos y tratamos de ayudarnos a dormir. Estamos juntos. 

Has oído mucho. Has visto mucho. Sentís que tu capacidad de expresarte ha sido arrasada. No alcanzan las palabras.

Pasan unos días. Vuelve la conexión a internet. Abrís tus mails. Una amiga, en un pueblo cercano, acaba de escribir lo que querías decir. 

Dice que se siente rara, que apenas puede creer lo que ha pasado. Dice que ha visto a la gente caminar con cansancio y con temor, buscando un lugar conocido que pueda servir de apoyo. Dice que todos hablan y cuentan, una y otra vez, lo que vivieron. Tu amiga termina su mail con una frase perfecta: “Lo increíble, cuando se suma a la fatalidad, tiene ese efecto: es necesario construir un relato que nos permita contarnos la realidad que fue.”
Y eso es lo que hemos estado haciendo. 



Eugenia Almeida


Publicado originalmente en Los días contados 
La voz del Interior

jueves, 5 de marzo de 2015

La alfombra del Rey Salomón - Barbara Vine







Una enorme casa de inquilinos, un libro sobre la historia del metro en Londres, un flautista que ha sufrido un accidente, una violinista que abandona su casa, un hombre disfrazado de oso, dos ancianas que han sido compañeras toda la vida sin apenas darse cuenta, una mujer que nunca ha viajado en metro, un grupo de niños que viajan sobre el techo de los vagones arriesgándose al impacto, un solitario y su halcón. Una novela que sabe llevarnos, en un laberinto subterráneo, a un lugar que no podemos predecir. 

Barbara Vine (seudónimo de Ruth Rendell) es considerada una de las más importantes escritoras de suspenso. 

Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X




lunes, 2 de marzo de 2015

Ni muerto has perdido tu nombre - Luis Gusmán







Con un lenguaje preciso y escueto, Luis Gusmán relata una historia que pone en tensión los lazos entre el pasado y el presente. Federico Santoro –hijo de desaparecidos– busca saber algo más sobre la muerte de sus padres y sobre la mujer que lo puso a salvo. Ana Botero intenta comprobar si es verdad que su marido puede haber sobrevivido. Varelita, torturador en los 70, sigue su juego: dominar, convertir el mundo en un coto de caza, generar terror. Tres personajes y una historia sobre los modos en los que el pasado puede irrumpir después de esperar, agazapado, hasta estar en condiciones de perforar el presente. 


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X



viernes, 27 de febrero de 2015

La historia del amor - Nicole Krauss






“La verdad es algo que yo me inventé para poder vivir”. Quizás esa frase sea la que une a todos los personajes de esta novela. Una historia coral que se va abriendo en capas y permite ver algunos de los modos en los que se enlazan la memoria y la supervivencia.

Un anciano –cerrajero jubilado–, una adolescente de 14 años, un niño que comienza a preguntarse si no es uno de los 36 justos que sostienen el mundo gracias a su santidad, un escritor refugiado en Chile. Un libro publicado en español y comprado en una librería de usados de Buenos Aires, un manuscrito perdido y recobrado. Un hombre que aprende a volverse invisible para resistir y que ahora depende de la mirada de los otros como única prueba de su existencia. Una noticia espantosa leída por azar en el diario que sostiene alguien en la mesa de al lado en un bar. Las visitas furtivas a un antiguo amor que agoniza, inconsciente, en el hospital. La soledad como una condena omnipresente pero también la entrega absoluta que implica hacer preguntas y confiar plenamente en las respuestas. Personas que sucumben al deseo de escribir y luego se preguntan por el destino de esos escritos que boyarán, se alejarán, se perderán y se recuperarán trastornando sus vidas y las de otros.

Celebrada por el premio Nobel J. M. Coetzee, La historia del amor ha sido traducida a más de 35 idiomas. Su autora, Nicole Krauss, alguna vez dijo: “recordamos sólo aquello que decidimos recordar y apartamos cosas que nos han hecho sufrir. Nuestra memorias se tejen con un hilo narrativo que, en cierto modo, es puramente ficcional”.


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X






martes, 24 de febrero de 2015

Mera vida - Víctor Heredia




Lo suyo eran los libros. Su padre, cansado de recibir preguntas sobre el significado de ciertas palabras, le regaló un diccionario y una instrucción algo extraña: “en lugar de buscar cada palabra, escribí lo que vos creés que es, y después fijate.” 

Primero fue la escritura. Pero también estaba la música: a los 19 años llamó la atención en Cosquín y obtuvo el Premio Revelación. Dos años después fue el ganador del Premio Consagración. Hubo que optar y Víctor Heredia se inclinó por la música. Con el tiempo volvería al papel y publicaría –entre otros títulos– Mera Vida, un policial áspero en el escenario de una villa miseria.

El Gallo Belawski, abogado, representa a dos hermanos acusados de un triple homicidio. A partir de ese encuentro, su voz relatará la historia de una familia destruida. Una infancia poblada del temblor, el alivio y la tensión que traen las latas de pegamento. Una violación. La prostitución como única salida visible. Las primeras detenciones. Las esquinas con el limpiavidrios helado en una mano. Robos, asaltos, una pelea que termina con un disparo en la cara y un cuerpo flotando en el Riachuelo. Los libros de guardia del hospital llenos de accidentes falsos para cubrir las marcas de la violencia. Las venganzas que alcanzan el círculo familiar. Funcionarios públicos que negocian con el narcotráfico, punteros corruptos, alcahuetes de comisarios, caciques externos que exprimen la villa hasta sacar todo lo que les permita enriquecerse. Cuatro hermanos que heredan el sobrenombre del padre y comienzan a ser conocidos como “los malditos”. 

La novela va creando un ritmo alarmante y descorazonador, repleto de imágenes de los expulsados, los que han quedado fuera de la vida tranquila, los que sospechan que nunca encontrarán la grieta que les permita atravesar ese muro y, cada día, van llenándose de furia. 


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X



sábado, 21 de febrero de 2015

Confesiones de Escritores. Los reportajes de The Paris Review. Escritoras







The Paris Review, una de las más prestigiosas revistas literarias, creó un espacio de entrevistas a escritores que fue convirtiéndose, poco a poco, en una de sus secciones más famosas. Con el tiempo, algunas de esas entrevistas fueron publicadas en diversos volúmenes. El tomo subtitulado “Escritoras” incluye entrevistas a Simone de Beauvoir, Isak Dinesen, Nadine Gordimer, Doris Lessing, Mary McCarthy, Toni Morrison, Iris Murdoch, Dorothy Parker, Jean Rhys y Nathalie Sarraute. Un libro extremadamente valioso para aquellos que estén interesados en la trastienda de la escritura y el arte de hacer buenas preguntas. 

Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X



miércoles, 18 de febrero de 2015

¿Qué hago yo aquí? - Bruce Chatwin





Dicen que Bruce Chatwin comenzó a viajar cuando su médico le confirmó que estaba perdiendo la vista a causa de su trabajo como experto en arte. Días enteros de mirar telas para corroborar su autenticidad. Que lo que más necesitaban sus ojos eran horizontes, espacios amplios, perspectivas. Y así inició su carrera de “escritor viajero”.

En 1989, poco antes de morir, el autor inglés dejó prácticamente terminada esta selección de sus artículos de prensa. La comida, la música, el paisaje, la gente de diversos países van desfilando ante el ojo del viajero. Es imperdible el artículo sobre María Reiche, la matemática y geógrafa alemana que durante cuarenta años estudió las líneas de Nazca. Pero también el relato sobre una filmación de Werner Herzog. Y los caballos celestes, el niño lobo, el yeti, la China y el descarnado retrato de Indira Gandhi. 



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X

  

domingo, 15 de febrero de 2015

La acompañante / El Lacayo y la puta - Nina Berberova






Dos relatos que vuelven a corroborar el extraordinario talento de Nina Berberova. La limpieza del lenguaje, la sencillez, la capacidad de crear climas, ambientes y escenarios palpables. 

Un hombre, en una casa de antigüedades de París, pide “algo ruso”. El vendedor le entrega un cuaderno que parece ser un diario. Así comienza La acompañante

El lacayo y la puta cuenta la historia de Tania, de una vida privilegiada en Rusia a un final sórdido en una pensión de París. Dos rusos que se encuentran en el exilio. Una mujer que lee noticias policiales. La idea del suicidio como una forma maliciosa de castigar a alguien. 


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X


miércoles, 11 de febrero de 2015

Léxico de afinidades - Ida Vitale







¿Qué es lo que guardan las palabras? ¿Cómo el mismo dibujo sobre el papel, el mismo sonido flotando en el aire puede producir estados tan diferentes? ¿Qué significan esas sustitutas creadas para nombrar? ¿De dónde viene esa cadena de asociaciones que arrastra cada palabra, locomotora extraña que trae ecos, imágenes, perfumes, tensiones, recuerdos, sueños? ¿Cuál es el secreto de estos signos que comprimen un universo y que, al ser pronunciados, se expanden salvajes e incontrolables?

Dice Ida Vitale que siempre estamos buscando el modo de organizar el caos del mundo. Y que entre los sistemas clasificatorios, el alfabético es el más inocente. Y luego comienza a jugar, eligiendo aquellas palabras que construyen su propia constelación de afinidades, escribiendo sobre el espacio que las rodea. Como resultado de ese juego llega este libro, un diccionario hermosamente inútil que no explica nada pero abre puertas, iluminando.

La primera palabra que propone la escritora uruguaya no es casual: “Abracadabra”, la clave que permite que la magia sea. Luego vendrá un recorrido que para el lector es azaroso: ¿por qué el paso de “Fantasma” a “Fuego”?, ¿cuántas cosas por decir quedan en ese salto? La invitación es a sumergirse en el mundo personal de Ida Vitale, en la vida de esas palabras y en las relaciones que proponen cuando sus sentidos se desplazan y, de una asociación imprevista, surge la risa, el alivio o el asombro.

Allí aparecerán los gestos de la infancia, los cambios que el paso del tiempo produce en una fotografía, los recuerdos de familia, las lecturas, los escritores, las casualidades, la belleza de los diccionarios, la pintura, la biblioteca, las clases de música, los animales –avestruces, gatos, gorriones, grillos, grajos, ardillas, jirafas, zarigüeyas, mamboretás–, las plantas, los árboles y las flores.  Pero también los nombres propios y las historias en Montevideo, París, Buenos Aires, Austin, México y Sicilia. Un pintor que cambia sus cuadros por café con leche y medialunas; la barca imaginada para combatir el insomnio; un zeppelin visto desde la azotea de niña, sacada de la cama por un tío silencioso y deslumbrado. Dice Vitale: “Que algún dios, no importa si errado, abra, día tras día, la puerta del entusiasmo.”

Las entradas sirven de excusa, cómo si la autora fuera un topógrafo que mide y va posando su instrumento a diferentes distancias, en diferentes direcciones, sobre diferentes superficies para luego poder describir ese mundo tan diverso. Y esa descripción viene en narraciones, poemas, crónicas, memorias y mínimos ensayos. ¿A qué género pertenece este libro? Hay que ir más allá de eso para apreciar una voz con sus diferentes matices, una voz que elige dejarse resbalar de una cosa a la otra en un vagabundeo liberador.

Uno siente la tentación de sentarse y escribir su propio léxico de afinidades, su pequeña colección de palabras claves, las que dicen quiénes somos. Y ese deseo de escribir (o al menos de dejarse estar, así, con esos sonidos en la boca) seguramente es el mejor regalo de Vitale, a quien imaginamos sintiendo ese mismo sobresalto ante cada una de las palabras incluidas en este hermoso libro.

Ida Vitale nació en Montevideo en 1924. Poeta, traductora y crítica, formó parte del equipo de redacción de prestigiosas revistas literarias. En 1973, a causa de la dictadura uruguaya, tuvo que exiliarse –primero en México y luego en los Estados Unidos–. Aunque la autora desconfía del concepto de “generación literaria” suele incluírsela en la generación del ´45, junto a Onetti, Benedetti y Vilarino. “Léxico de afinidades” fue publicado por primera vez en 1994.


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X



domingo, 8 de febrero de 2015

Lo bello y lo triste - Yasunari Kawabata








La última novela que escribió Yasunari Kawabata –Premio Nobel 1968– podría ser incluida en la categoría temática del “triángulo amoroso” si no fuera porque aquí las puntas no son sólo tres. El dolor, la venganza, los celos, la seducción utilizada como un arma, el abandono, la crueldad y una idea del amor que toma formas insoportables.

La pintura está presente no sólo como tema sino también en la manera de describir el paisaje, las personas y las cosas. “Todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo”, dice el autor japonés. Esos modos de flotar son retratados con extrema delicadeza en esta historia que se construye como si fuera un cuadro. 


Eugenia Almeida


Publicado originalmente en Ciudad X



jueves, 5 de febrero de 2015

El hombre que miraba pasar los trenes








¿Quién es capaz de escribir cuatrocientos libros? ¿Quién aceptaría la propuesta de escribir una novela en 72 horas, a la vista del público, colgado de una caja de cristal frente al Moulin Rouge? ¿Quién entrevistó a Trotski en una isla de Turquía? ¿Quién tiene la espalda para escuchar que su madre, agonizando, responde a su visita preguntándole “¿para qué viniste”? ¿Quién recibe una llamada telefónica en la que le avisan que su hija acaba de pegarse un tiro en el pecho? ¿Quién escribió, una y otra vez, sobre el vértigo de “irse hacia la nada”?

Georges Simenon fue un hombre extraño. Un chico, belga, que a los 16 años entró a trabajar en un diario, recorriendo las calles para cubrir noticias policiales. Y que, desde entonces, vivió  obsesionado por la idea de relatar qué sucede cuando una persona es llevada a su límite.

Nació y murió en ese momento turbio en que un día se transforma en otro. La medianoche, las horas imprecisas. ¿Qué significa el cambio? ¿Cuánto lo hemos deseado? ¿Cuánto podremos tolerarlo? ¿Cómo detenernos? Ese abismo, esas preguntas, aparecen entretejidas en historias que uno no puede dejar de leer. Pequeñas vidas estallando en su cotidianeidad. Una olla de comida, el alcohol, la lluvia sobre el asfalto, el humo de una pipa trepando hasta la luz de un despacho. Un gesto imprevisto, casi invisible, va a trastocar el mundo. Una grieta se abre. Y es irreparable.

Durante años, los libros de Georges Simenon fueron considerados “romans de gare”, lo que hoy suele llamarse “libros de aeropuerto”. Sin embargo, André Gide dijo que era el máximo novelista francés de su época.

Muchas de sus novelas son protagonizadas por Maigret. Un comisario de la Policía Judicial francesa cuyo objetivo (tan a contrapelo de las fuerzas del orden) es comprender. Alcanzar una comprensión que no cierra, no tranquiliza, no serena. La densa comprensión de la complejidad humana. Sin embargo, es en las novelas en las que el inspector no aparece donde Simenon despliega una profundidad tan certera que lastima.

Alguna vez dijo “Nunca escribiré una gran novela. Mi gran novela es un mosaico armado con todas mis pequeñas novelas”. Ese mosaico perfecto puede ser recorrido al azar. En todas las librerías de usados de Córdoba hay algún título de Simenon. Si pueden elegir, busquen El hombre que miraba pasar los trenes.


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X


viernes, 30 de enero de 2015

Lisboa - Beatriz Actis







Dos amigos charlan en la sobremesa, una mujer recuerda a su amante en Lisboa, una carta se deshace en el agua y las palabras se borran antes de ser leídas, alguien colecciona obituarios, un viajero usurpa la identidad y la vida de otro, alguien escribe en el umbral de la muerte. Personajes e historias que habitan los siete cuentos que Beatriz Actis va desgranando en un libro que vale la pena leer. Relatos que hacen resonar ciertas cosas olvidadas: lo que sabemos o ignoramos de los que amamos, las palabras que se usan para no nombrar lo que se calla, los exilios, los viajes, la extranjería, el modo en que el lenguaje se transforma si  permanece en territorio ajeno, los raptos de crueldad en los que son tan hábiles ciertos niños. 


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X




martes, 27 de enero de 2015

Tú serás mi cuchillo - David Grossman






A partir de una frase que Franz Kafka escribió en una carta a Milena Jesenska (“amor es que tú seas el cuchillo con el que yo hurgue en mi alma”), David Grossman teje una historia sobre el amor que nos ayuda a dudar de las definiciones taxativas, que nos hace preguntarnos cuántas formas hay en eso que nombramos con una sola palabra. 

Una serie de cartas, el esbozo de un diario íntimo y una conversación telefónica interrumpida son los registros que usa el autor israelí para deshilvanar los lazos que unen a los personajes de esta novela. Un libro que deja flotando inquietud, que hace que las certezas tiemblen. 

Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Ciudad X



sábado, 24 de enero de 2015

Silvina Friera y los libros que llegarán en 2015




CULTURA › LOS LIBROS QUE APARECERÁN A LO LARGO DE 2015

Ultimas noticias de la escritura

Nuevos títulos de J.M. Coetzee, John Banville (como Benjamin Black), Petros Markaris, Michel Houellebecq, Giorgio Agamben; rescates de trabajos de Pierre Bourdieu y Michel Foucault, y hasta “grabaciones inéditas” de Jorge Luis Borges. Y otros miles de libros...


Por Silvina Friera


“La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma”, se lee en “La biblioteca de Babel”, de Jorge Luis Borges. El ecosistema editorial, que no da puntada sin hilo, podría “desmentir” la frase o demostrar que, más allá de los temores, los escritores continúan reescribiendo ese puñado de temas que merodea por el imaginario literario con la sintaxis de sus propias obsesiones. Si cunde el optimismo, 2015 será un gran año. Al menos es lo que se podría afirmar, arriesgando el pellejo de las adjetivaciones, cuando se mira lo que por ahora, a esta altura del verano, se sabe que vendrá: nuevos libros de los franceses Michel Houellebecq, Jean Echenoz y el economista Thomas Piketty, el japonés Haruki Murakami, la canadiense Alice Munro, el sudafricano J.M. Coetzee, el irlandés John Banville como Benjamin Black, el griego Petros Markaris, el norteamericano Stephen Dixon, el cubano Leonardo Padura, y por estos pagos de la lengua rioplatense, cómo no celebrar la antología de una joya secreta de la literatura uruguaya, Juan José Morosoli; la poesía reunida de Arturo Carrera y novelas de Juan José Becerra, Perla Suez, Leopoldo Brizuela, Claudia Piñeiro, Eugenia Almeida, Gabriela Massuh, Luis Sagasti y Carlos Bernatek, entre otros.

El gusto de leer

El principito de Antoine de Saint-Exupéry es un clásico de la literatura que entró en dominio público y Salamandra acaba de lanzar una nueva edición. La apicultura según Samuel Beckett (Edhasa), de Martin Page, es el supuesto diario de un asistente de Beckett, contratado por el autor para ayudarlo con su archivo. El libro muestra un costado distinto del autor de Esperando a Godot, a la vez que reflexiona sobre la idea de autor. En Ordenes sagradas (Alfaguara) de Benjamin Black, seudónimo del irlandés John Banville, el Dublín de los ’50 resulta tan protagonista como el eterno bebedor Quirke, un patólogo que –tal y como afirma su hija Phoebe– es incapaz de resistirse a la tentación de jugar a los detectives. En Facsímil (Eterna Cadencia), Alejandro Zambra construye un texto tan lúdico como conmovedor a partir de la estructura de la Prueba de Aptitud Verbal que se aplicó en Chile desde 1967 hasta 2002 para el ingreso a la universidad. En febrero también llegará Por el gusto de leer. Beatriz de Moura, editora por vocación (Tusquets), de Juan Cruz, una larga conversación sobre la experiencia profesional y la peripecia vital de la fundadora y editora de Tusquets durante 45 años. Aquello estaba deseando ocurrir (Tusquets), de Leonardo Padura, reúne los cuentos del escritor cubano, relatos de soldados que vuelven de Angola a La Habana y recalan en Madrid, de jóvenes estudiantes seducidos por los boleros y las cantantes de antiguo esplendor, historias de amor y de erotismo, de amistad y de descubrimientos. La máquina del porvenir, de Juan Trejo, Premio Tusquets de Novela 2014, estará en las librerías en un mes, así como la nueva novela del español Antonio Muñoz Molina, Como la sombra que se va (Seix Barral).

En marzo se viene otro Haruki Murakami: Hombres sin mujeres (Tusquets), siete relatos del escritor japonés sobre el desamor y la relación entre hombres y mujeres. Pronto se podrá paladear una joyita para fans de Alice Munro: Todo queda en casa (Lumen), una selección de los mejores cuentos de los últimos seis libros de la dama de las letras canadienses, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2013 y una de las principales voces actuales en lengua inglesa. Enhorabuena Mardulce sacará El campo, una antología de lo mejor de la obra del narrador uruguayo de culto Juan José Morosoli, el secreto mejor guardado de la literatura rioplatense que ya era hora de descubrir. Tal vez Esther (Adriana Hidalgo), novela de Katja Petrowskaja (1970), traducida por Nicolás Gelormini, es la primera novela de esta narradora ucraniana residente en Alemania. El libro, que trata sobre las persecuciones contra los judíos en Ucrania, a través de la historia familiar de la autora –incluida su bisabuela, que se llamaba, tal vez, Esther–, ganó el prestigioso premio literario Ingeborg Bachmann en 2013. El impostor (Literatura Random House) es la nueva novela del español Javier Cercas, una ficción protagonizada por Enric Marco, un nonagenario barcelonés que a lo largo de casi tres décadas se hizo pasar por superviviente de los campos nazis y que fue desenmascarado en mayo de 2005. Uno de los platos fuertes llegará en abril con la edición de Capricho de la reina (Mardulce), del francés Jean Echenoz, quien visitará Buenos Aires para presentar este libro de cuentos, el primero que escribió luego de haber publicado catorce novelas.

Como acostumbra, Rosa Montero vendrá a la 41ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con nuevo libro: El peso del corazón (Seix Barral). El metal y la escoria (Tusquets), de Gonzalo Celorio, se anuncia como “la gran novela sobre el esplendor y la ruina de una familia en el México del siglo XX, y sobre la lucha de la memoria contra el olvido”. En marzo saldrá el título 23 de las “novelas del alfabeto del crimen”, protagonizada por la detective Kinsey Millhone: W de Whisky (Tusquets), de la norteamericana Sue Grafton. El Epílogo de la Trilogía de la Crisis (Tusquets), del griego Petros Markaris, que estará en abril, es un combo de crisis, fraude, alarmantes relaciones entre los neonazis y la policía, y viejos asuntos como la inmigración albanesa y la guerra civil griega. Ventanas y otros cuentos (Eterna Cadencia) es el segundo libro de relatos que se publica en el país del norteamericano Stephen Dixon. Lobo en invierno (Tusquets), del irlandés John Connolly, será el nuevo título de la serie del detective Charlie Parker. A partir de su tratamiento contra el cáncer, el sueco Henning Mankell reconstruye en Arenas movedizas (Tusquets) momentos y experiencias por los que ha merecido la pena vivir. Habrá también para el segundo semestre una nueva novela del chino Qiu Xialong de la serie del inspector Chen Cao, una biografía de Goethe escrita por Rüdiger Safranski y un libro de cuentos de Cristina Fernández Cubas, los tres publicados por Tusquets. Del italiano Valerio Magrelli llegará la novela El condominio de la carne (Mardulce). Y títulos a confirmar del sudafricano J.M. Coetzee y de David Forster Wallace (Literatura Random House), y del turco Orhan Pamuk y el español Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara). Luego del atentado terrorista en la revista Charlie Hebdo, que coincidió con la salida de Sumisión en francés, la última novela del siempre polémico Michel Houellebecq, Anagrama adelantó la publicación en España y Latinoamérica para junio. Después de Mao - Narrativa china actual (Adriana Hidalgo) es una selección y traducción de Miguel Angel Petrecca que incluye cuentos de Zhu Wen, Han Dong, Gouzi, Lu Nei, Wei Wei, Lu Min, Sheng Keyi, Cao Kou, Ah Mei y Ah Yi, diez escritores chinos nacidos entre 1960 y 1980.

La marca del editor

Uno de los autores del momento es el francés Thomas Piketty, quien estuvo recientemente en el país presentando su monumental El Capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura Económica). “El Marx del siglo XXI”, como lo llaman los detractores del economista, publicará dos nuevos libros este año: La economía de las desigualdades (Siglo XXI), una síntesis de las diferentes vías para distribuir la riqueza; y La gran crisis del siglo XXI (Siglo XXI), crónicas en las que va trazando un agudo diagnóstico del orden capitalista actual. Del joven economista francés Gabriel Zucman –nació en París, en 1986–, compañero de ruta de Piketty, llegará La riqueza escondida de las naciones. Una investigación sobre los paraísos fiscales (Siglo XXI), que documenta el fraude fiscal que realizan sistemáticamente las grandes fortunas, amparadas en el secreto bancario. Otro libro prometedor es Más allá del crecimiento: debates sobre desarrollo y post–desarrollo (Mardulce), del economista español Koldo Unceta. La socióloga y antropóloga francesa Michèle Petit, una de las visitas internacionales de la Feria del Libro, presentará Leer el mundo. Experiencias actuales de transmisión cultural (Fondo de Cultura Económica), “un alegato para que la literatura, oral y escrita, y el arte bajo todas sus formas, tengan un lugar en la vida cotidiana, en particular en la de los niños y adolescentes”, según plantea la autora. Del psicoanalista italiano Luigi Zoja se publicará La muerte del prójimo (Fondo de Cultura Económica), un texto que postula que el prójimo, aquel que en un mundo pretecnológico se podía ver, tocar y abrazar, ha muerto. El uso de los cuerpos (Adriana Hidalgo) es un ensayo del filósofo italiano Giorgio Agamben, con traducción de Flavia Costa, que concluye la serie Homo sacer, uno de los “edificios” filosóficos más lúcidos de las últimas décadas.

En La marca del editor (Anagrama), de Roberto Calasso, el escritor y editor italiano argumenta su idea de “la edición como género literario”. La cena de los notables (Mardulce), del editor y crítico español Constantino Bértolo, es una reflexión sobre el funcionamiento del mercado literario. Metáfora y memoria (Mardulce) incluye los ensayos literarios de la escritora norteamericana Cynthia Ozick. Gentlemen. Los mejores escritos del dandismo inglés (Mardulce) reúne textos de Virginia Woolf, William Hazlitt, William Thackeray y dos artículos de Oscar Wilde nunca antes publicados en la Argentina. Cómo no celebrar un “nuevo libro” de Michel Foucault sobre literatura, La gran extranjera (Siglo XXI); La pintura de Manet (Fondo de Cultura Económica), el resultado de una incursión de Foucault en la crítica de arte, sin dejar de lado la reflexión filosófica; la recopilación de los textos de “combate” intelectual de Pierre Bourdieu, Intervenciones políticas. Un sociólogo en la barricada (Siglo XXI); un nuevo libro del antropólogo francés Marc Augé, Qué pasó con la confianza en el futuro (Siglo XXI); Sociología (Eterna Cadencia), de Theodor Adorno; y La estetización del mundo (Anagrama), de Gilles Lipovetsky. En el rubro ensayo, Horacio Tarcus publicará El socialismo romántico en el Río de la Plata (Fondo de Cultura Económica). Un libro de alto impacto será ¿Usted también, doctor? (Siglo XXI), de Juan Pablo Bohoslavsky, acerca de la complicidad de abogados, jueces y funcionarios judiciales durante la última dictadura cívico-militar. Otro título con mucha tela para cortar es La Policía Federal desde adentro (Siglo XXI), de la socióloga Mariana Galvani. En Mentime que me gusta (Aguilar), Víctor Hugo Morales investiga las grandes noticias que la prensa opositora publica contra el gobierno nacional y sus integrantes, y explica los mecanismos de manipulación de los grandes medios. Una familia argentina (Sudamericana), de María Seoane y Roberto Caballero, es un libro sobre la aparición de Ignacio Guido Montoya Carlotto.

Uno de los acontecimientos editoriales de este año será la publicación de Vigilámbulo (Adriana Hidalgo), la poesía reunida de Arturo Carrera, la obra de 1850 páginas repartida en tres volúmenes de una de las voces fundamentales de la poesía en castellano y de las más influyentes entre los poetas jóvenes. Incluye un libro nuevo e inédito y un ensayo introductorio de Sergio Chejfec. En plan de reediciones, para febrero el grupo Planeta volverá a poner en circulación Varamo de César Aira (publicada en 2002); y Setembrada, sobre la guerra del Paraguay, de Eduardo Belgrano Rawson. Dos escritoras cordobesas, Eugenia Almeida y Perla Suez, publicarán nuevas novelas, ambas por Edhasa: La tensión del umbral y El país del diablo, respectivamente. Otra novedad, muy esperada, es la monumental El espectáculo del tiempo (Seix Barral), de Juan José Becerra. En marzo se publicará Los viernes (Emecé), de Juan Forn, una antología de sus contratapas en Página/12. En Ultimas noticias de la escritura (Entropía), de Chejfec, el escritor explora una veta ensayística para aplicar su prosa lúcida a un análisis personalísimo, y al mismo tiempo riguroso, sobre la materialidad de la producción de textos y su relación con los desarrollos tecnológicos: desde la escritura manual hasta la era digital. En marzo estará en las librerías la nueva novela del escritor bahiense Luis Sagasti, Maelstrom (Eterna Cadencia); y el ensayo Las fuentes de la juventud (Eterna Cadencia), de Dardo Scavino. En Desmonte (Adriana Hidalgo), novela de Gabriela Massuh, la escritora muestra el universo complejo de la protagonista, donde conviven el dolor y el desconsuelo con el desesperado intento por volver al amor y al abrazo. El Sr. Ug... (Entropía), de Humberto Bas, es una novela cuya duración es un único minuto de una noche, durante la cual la mente insomne del narrador se abre a las más imprevisibles sospechas sobre su vecino, el estallido de la Primera Guerra Mundial, un discurso ante las Naciones Unidas y mucho más.

La noche litoral (Adriana Hidalgo), de Carlos Bernatek, según Luis Chitarroni, “es una novela imperiosa e impresionante, que la ironía disfrazada de compasión devuelve una vez más a la profundidad distópica de la novela nueva”. Las esferas invisibles (Entropía), de Diego Muzzio, incluye tres nouvelles en las que el escritor explora los límites entre el gótico, el realismo y el fantástico, pero con historias ambientadas durante el brote de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en la década de 1870. Los incapaces (Entropía), de Alberto Montero, es una novela sin puntos (ni seguidos ni aparte) en la que un atormentado psicoanalista finalmente logra hilvanar de manera febril lo que será su primera gran obra literaria, ambientada en la ficticia pero reconocible ciudad de Clayburg. La colección Serie del Recienvenido, dirigida por Ricardo Piglia en Fondo de Cultura Económica, lanzará los Cuentos completos de Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964). Alberto Manguel publicará El viajero, la torre y el gusano (Fondo de Cultura Económica). En junio llegará El tango (Sudamericana), de Jorge Luis Borges, libro que se basa en cinco horas de grabaciones inéditas “descubiertas” en Madrid en 2013. Pícaro, animado y ocurrente, Borges improvisa, canturrea, explica costumbres y expresiones del bajo mundo porteño de su juventud. Claudia Piñeiro lanzará nueva novela con título a confirmar (Alfaguara) y también lo hará Leopoldo Brizuela (Alfaguara). Nombres y títulos de 2015 que son como promesas de felicidad.

Silvina Friera

LUNES, 19 DE ENERO DE 2015

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