lunes, 31 de octubre de 2016

"Siluetas" - Natalia Aguerre




Feliz de ver la maravilla que hizo Natalia Aguerre, 
estudiante de Diseño Gráfico en FADU (UBA)
con mi cuento "Siluetas".

Aquí, un link para ver su trabajo para la materia Ilustración, Cátedra Roldánun libro-álbum ilustrado.





Mi agradecimiento a Natalia, a la Cátedra Roldán y a la gente de Fundación Filba, que siempre está propiciando encuentros conmovedores.

Aquí pueden ver otros trabajos de Natalia y ponerse en contacto con ella





viernes, 28 de octubre de 2016

Comentario sobre L´Échange ("La tensión del umbral") - Blog Cinéphile m'était conté ...




Progression dans les ténèbres (L'échange)


Si L'échange d'Eugenia Almeida était un film, il serait d'évidence tourné en noir et blanc, dans un style expressionniste, avec des ombres surdimensionnées se dressant à chaque coin de rue du vieux Buenos Aires. 
Le roman frappe par la brièveté de ses chapitres: beaucoup d'entre eux sont des dialogues directs où le nom des interlocuteurs n'apparait qu'avec retard, presque de façon accidentelle. 
L'histoire de L'échange est labyrinthique et prend racine des années plus tôt, le style du livre épouse cette incertitude et ressemble à une progression dans les ténèbres sans qu'il soit véritablement certain que la lumière apparaitra un jour. Un polar ? Un thriller ? Une oeuvre au noir plutôt, oppressante et fascinante, qui magnétise son lecteur avec une économie de moyens prodigieuse. Preuve s'il en est que la poésie peut surgir d'une forme condensée mais puissamment évocatrice. 
Inutile de préciser que le livre est profondément argentin et pas seulement parce que l'un des personnages principaux est psychanalyste à la retraite. Les autres sont journaliste, flic, mafieux, garçon de café ... Certains apparaissent, le roman les accompagne quelques instants et puis, il peut arriver qu'ils disparaissent aussi vite. Ou pas. C'est l'une des particularités du livre : tout peut arriver, ou presque, il y a ce sentiment que la fatalité est plus fort que tout. Du coup, oui, l'on revient à cette idée de caractère argentin, comme une triste rengaine de tango. Pas question de trop évoquer le passé et le sale air de la peur à l'époque de la dictature. Sauf que le procès n'en a jamais été fait et que certains acteurs de cette période courent toujours et n'hésitent pas à agir quand on fouine un peu trop. 
La fin de l'échange est ouverte. On peut craindre que le pire soit à venir. Il faut en tous cas le répéter le plus souvent possible : ce livre est une pépite noire !





martes, 25 de octubre de 2016

Violencia de género: triste realidad, buena ficción - Daniel Gigena (Ñ)




Violencia de género: triste realidad, buena ficción

Narrativa. Escritoras locales como Nora Domínguez, Alicia Plante y Eugenia Almeida, entre otras, abordan en su obra una cuestión tan difícil como actual.


DANIEL GIGENA

Una certeza recorre las ficciones, no sólo policiales o del género noir, publicadas por escritoras argentinas. En la mayoría, los personajes femeninos son víctimas, muchas veces fatales, de una sociedad regulada por la ideología machista, si no psicopática. ¿Qué resonancias se encuentran entre los hechos consignados de forma diaria y la literatura de varias narradoras? En 2015, la investigadora Nora Domínguez había indicado que los movimientos ficcionales y no ficcionales de la violencia no reducen el horror sino que imponen una atención diferente dirigida hacia distintos flancos: la literatura y la vida no son universos separados. “La literatura ha ido a la par de esos datos y escenas desplegando las ficciones necesarias para trazar el mapa de la política proponiéndose como un campo de fuerzas donde la violencia y el terror desmenuzan aquello que de político contiene esta práctica verbal”, escribía Domínguez. Si bien las mujeres fueron víctimas sacrificiales de la ficción desde Ifigenia en adelante, en la Argentina de hoy las novelas en las que las mujeres mueren de manera violenta afectan de modo diferente el imaginario social.

“En 2011, tres mujeres murieron quemadas por sus parejas: las tres en la misma semana, en distintas ciudades –dice Laura Rossi, que reside desde 2009 en Rosario–. Hubo algo en eso que me llevó a pensar qué pasaría si esos actos fueran legales. Esa inquietud horrorosa fue el origen de mi primera novela, Suturas. Pero no me alcanzó: de ahí surgió Baldías. Creo que necesitaba un abordaje más realista, si se quiere, para descubrir qué era, en el fondo, lo que seguía interpelándome tan profundamente”. Rossi eligió contar la historia por medio de la conciencia de uno de los asesinos. Eso le permitió revelar, indica, “el después: cómo continúa la vida de esos hombres después de haber prendido fuego a sus parejas. Fui siguiendo esas voces, que terminaron en el centro de la novela”.

La nueva novela de Alicia Plante, La sombra del otro, comienza con un descubrimiento macabro que Laura, la protagonista, hace en su edificio cuando saca a pasear a su mascota. “La novela provino de la angustia, ese sentimiento hecho de indignación, dolor e impotencia que nos inunda ante la violencia contra las mujeres –señala la autora–. Trabajé mi historia desde ahí, desde esa angustia que tan bien conocemos. Y mi personaje principal, Laura Requena, que se hace cargo de entender qué pasó y cómo fue que la sangre de Ana brotó, corrió, volvió a manchar la memoria, es, primero, una mujer, y segundo, alguien con agallas”. La formación como psicoanalista de Laura la acerca a los pliegues más oscuros y enfermos del alma del hombre resentido que los diarios íntimos de la víctima revelan. En La sombra del otro la narradora deja intuir que el suicidio es, en verdad, un asesinato a distancia.

Para Melina Knoll, autora de Un perro solo, la violencia de género es sólo una forma de la violencia estructural de la vida social. “El recorte que a mí me interesa es el de la violencia, la que proviene de la desigualdad no sólo de género sino también la desigualdad socioeconómica, que con su escalada se vuelve un flagelo que diezma las relaciones humanas”, dice. Según Knoll, la violencia de género es un enfoque válido para leer las ficciones, pero parcial. En Un perro solo se narra el modo en que procede el círculo de la violencia en las relaciones personales. “No deja de ser también la historia de un hombre, Basquet, violentado por una mujer que, a su vez, fue violentada antes por otros hombres”, señala. En este punto, Rossi disiente con Knoll: “Es un recorte necesario. Eso no quiere decir que otros actos de violencia no tengan la misma importancia ni exijan el mismo repudio. Pero Chiara no mató a palos a su novio, Ángeles no tiró el cadáver de un tipo a la basura, Rosana no le pegó dos tiros a Arce, Wanda no prendió fuego a Vázquez”.

Pero, ¿se exorciza la violencia con la narración de la violencia? “Me parece imposible no percibir la violencia de género que nos rodea –afirma Eugenia Almeida, autora de La tensión del umbral– . Me interesa pensar en los modos que tiene nuestra sociedad de naturalizar lo inaceptable. Cómo cotidianamente hay miles de gestos que de un modo perverso producen esa violencia. Después, una vez al año, la mayoría se cuelga el cartelito de ‘Ni una menos’. Un segundo después vuelven a ser parte de la maquinaria que engendra esa violencia”. Su libro, flamante ganador del premio Transfuge a la mejor novela hispánica en Francia, comienza con una imagen terrible: una mujer apunta a alguien en plena calle y luego se dispara a sí misma. No obstante, la escritora cordobesa es consciente de los estereotipos en que puede caer una ficción orientada a la denuncia: “La literatura es una expresión artística y no debería tener una programática. Cada uno narra la historia que quiera o que pueda. El desafío está no tanto en lo que decimos, escribimos o leemos sino en la enorme brecha que se abre entre lo que se dice y se hace. El problema es la ceguera deliberada y la hipocresía”.

Este año, Luciana de Mello publicó Mandinga de amor, una historia de abuso sexual que se transforma en un romance fronterizo. “El trabajo más difícil que hice con la historia fue contar sin juzgar ni victimizar a los personajes. Y fue difícil, porque estaba trabajando un vínculo de abuso que comienza en la infancia. Lo cierto es que la infancia es el momento de mayor desamparo para la mayoría de los niños: desde el pibe que está trabajando en el subte hasta la nena que se desnuda frente a una cámara web, esta sociedad no para de consumir infancia, de consumir esa inocencia que tanto le gusta resaltar”, dice De Mello. La historia de amor entre sobrina y tío se narra sin una toma de posición explícita. “El peligro de la bajada de línea es nocivo para la ficción. Creo que la violencia es siempre de género, se funda junto con el patriarcado. Así la aplique una mujer contra otra mujer: es la idea del más fuerte haciendo uso y abuso de sus privilegios”, agrega.

En la flamante Cornelia, de Florencia Etcheves, investigadores van tras la pista de la desaparición de dos mujeres jóvenes. “Trabajé más de diez años en la sección policiales de un diario y la violencia de género siempre fue una constante. Los análisis y soluciones para esta situación, que en la Argentina se lleva centenares de vidas de mujeres y niñas cada año, les corresponde a las autoridades. Los periodistas y los escritores estamos para contarlo, denunciarlo y visibilizarlo”, dice Etcheves. Para ella, es inevitable que las narradoras reflejen en sus obras aquello que las conmueve. “Una sociedad en la que se lastima, viola o mata a mujeres y niñas no le es indiferente a la literatura. Si desde la ficción se puede llegar, tal vez, a alguna mujer víctima de violencia machista y colaborar para que se anime a salir de ese círculo de horror, entonces los libros se convierten en algo más que en entretenimiento o cultura, pueden cumplir un rol social”, añade.

Como sostiene Alicia Plante, “la literatura se mete con la vida”. Ya sea para denunciar la injusticia, para cuestionar la realidad o describirla, la ficción permite que la conciencia tenga más poder que el miedo. A las mujeres y a los niños, a los pobres y a todos los abusados del mundo, la literatura acaso los compense con dones bien concretos: un coraje nuevo y una esperanza.






sábado, 22 de octubre de 2016

Comentario sobre L´Échange ("La tensión del umbral") - BRUNO MOULARY - LE COIN DE LA LIMULE / LE FANZINE






A la suite d'une altercation avec un inconnu, une jeune femme se suicide. Simple fait divers selon la police, mais qui plonge le journaliste Guyot dans une quête obsessionnelle afin de comprendre ce qui a sous tendu ce geste.

Avec L' échange, Eugenia Almeida nous offre un portrait de l'Argentine contemporaine marquée par l'obligation de ne pas convoquer son passé récent, celui d'une effroyable dictature. Chaque individu semble l'outil d'un ensemble, d'un système, qui le dépasse et qu'il ne faut surtout mettre en lumière . 

"C'est une partie d'échecs, quelqu'un qui observe et découvre que son adversaire est particulièrement maladroit, qu'il ne voit pas la totalité du plateau, qu'il n'a pas de stratégie et qu'il perd des pièces" . 

On cherche sans cesse à se construire son histoire, mais les zones d'ombres paraissent encore inexpugnables. L'équilibre tout entier d'un pays semble alors reposer sur cette volonté de faire silence. L'échange est un roman paranoïaque passionnant dans lequel la fiction devient documentaire, tant elle nous dévoile par des chemins de traverse la réalité la plus constitutive, et la plus enfouie, d'un pays.




lunes, 17 de octubre de 2016

"La tensión del umbral" - Finalista del Premio del Lector 2016





Enorme alegría de saber que "La tensión del umbral" 
está entre los finalistas del Premio del Lector 2016.

Como cada año, los lectores pueden elegir su libro favorito 
entre los finalistas y votar online.

Este es el link para poder votar



Estos son los finalistas:



    



     



    


   


 




sábado, 15 de octubre de 2016

La ley de la revolución - Juan Cruz Taborda Varela




Un ser complejo

Gustavo Roca: Cordobés, nacido en 1924. Hijo orgulloso de Deodoro, personaje clave de la Reforma Universitaria. Militante de izquierda, dirigente estudiantil. Abogado defensor de presos políticos. Un hombre difícil de definir. Es en torno a esa idea que el periodista Juan Cruz Taborda Varela construye La ley de la revolución, una “biografía política” que trae a la luz un personaje extrañamente olvidado. 

Conocer a Roca permite conocer también ciertas ambigüedades de Córdoba. El abogado pertenecía a una familia de esa rancia burguesía local que sueña con ser aristocracia;  apellidos supuestamente ilustres que históricamente se reparten poder y prebendas. Supo hacer un uso extraño de esa pertenencia: como herramienta para combatir el status quo. Es posible preguntarse si con esa actitud no colaboraba con la naturalización de injustos privilegios. La vieja cuestión de qué métodos para qué fines. 

Roca tuvo un rol importante en momentos claves de la Historia argentina: el Cordobazo, el Viborazo, la masacre de Trelew, la liberación de presos políticos al asumir Cámpora, la última dictadura cívico-militar, el retorno de la democracia.No sólo fue abogado. Ofició de periodista, de mensajero, de activista. Mientras pudo, fue anfitrión de todo el que estuviera escapando. En su casa de Ongamira se refugiaron muchos de los que huían del Terror.
Obligado a exiliarse, desde el extranjero participó en la creación de la Comisión Argentina de Derechos Humanos, “la primera comisión de denuncia de los crímenes que cometía el Terrorismo de Estado”. 

En 1983 regresó al país. En ese momento habló de algo que entonces fue desestimado y que, mucho tiempo después, mostró su espantosa realidad: las fosas comunes en el cementerio San Vicente. En Córdoba sufrió la indiferencia y la persecución. En los últimos años, se acercó a personajes oscuros; gente relacionada con aquellos sectores a los que siempre había combatido. Murió el día en que comenzaba el verano de 1991.

En La ley de la revolución aparecen los amigos de Roca dibujando un mapa cultural y político de la segunda mitad del siglo 20 en Latinoamérica: Yupanqui, El Che, Tosco, Atilio López, Noé Jitrik, Neruda, John William Cooke, Salvador Allende, Rafael Alberti, Cortázar, David Viñas, Daniel Moyano y Osvaldo Soriano, entre otros. Aunque es evidente la admiración que Taborda Varela siente por Roca, el autor deja en claro que “no hay una mirada unívoca”. Y que eso no se debe a la distinción entre amigos y enemigos sino a la complejidad de un personaje “cargado de matices y con una multiplicidad de vivencias que, a partir del relato de su propia vida, permite reconstruir medio siglo de la historia argentina y cordobesa.”



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero - La Voz del Interior




miércoles, 12 de octubre de 2016

Comentario sobre L´Échange ("La tensión del umbral") - Delphine Olympe - La bibliothèque de Delphine-Olympe





Trente ans après la dictature, l'Argentine est-elle débarrassée de ses démons ?

Il y a quelque temps, je vous parlais de La double vie de Jesus, paru chez Metailié. Depuis, cet éditeur a eu la gentillesse de me faire parvenir un roman issu du même continent, L’échange d’Eugenia Almeida, ce qui ne pouvait manquer de m’intéresser. J’ai donc quitté le Mexique pour l’Argentine, mais on ne peut pas dire que j’y ai découvert un horizon beaucoup plus dégagé.
Changement radical de registre toutefois, avec ce texte au style austère, incisif, confinant parfois à l’épure. Rien à voir avec la truculence de Serna.

Tandis que le cadavre d’une jeune femme gît devant un café, deux journalistes s’interrogent sur les causes de sa mort. Un suicide. Guyot se rend sur place, où l’émotion est palpable, observe l’agitation et tente d’obtenir des informations du commissaire Jury. Mû par une sorte d’intuition, ou de trouble, il va chercher à comprendre ce qui a pu conduire cette femme à commettre l’irréparable. D’autant qu’avant de retourner son arme contre elle-même, elle s’en était servi pour menacer un homme, disparu sans laisser de trace. Au fil de son enquête, Guyot va interroger différentes personnes ayant fréquenté la jeune femme, parmi lesquelles une psychanalyste à la retraite, avec laquelle il va nouer une relation privilégiée. Et va peu à peu surgir l’ombre vénéneuse de la dictature dont les acteurs ou ceux qui en ont tiré parti sont loin d'avoir disparu de la circulation...

Par ses chapitres ultra-courts, le recours quasi permanent à la forme dialoguée et à des phrases très brèves, voire nominales, telles des didascalies, Eugenia Almeida produit un texte théâtral qui propulse le lecteur sur la scène des événements et installe d’emblée une atmosphère oppressante, parfois presque poisseuse. De manière imperceptible, elle fait progressivement monter la tension pour installer son lecteur dans une forme de malaise diffus, pareil à celui qui semble traverser la société argentine.

Il faut accepter d’être déstabilisé par ce texte qui fait entendre différentes voix, sans que l’on sache toujours précisément qui parle, et qui place par conséquent le lecteur dans une position assez inconfortable. On est pourtant happé par l’atmosphère qui se dégage et l’on ne peut s’empêcher de suivre les personnages en différents lieux et différentes situations, qui en disent long sur l’état de la société argentine.

L’auteur s’en explique d’ailleurs fort bien, comme j’ai eu la chance de pouvoir l’entendre lors d’une rencontre organisée par l’éditeur. Eugenia Almeida a en effet sciemment choisi d’installer ses lecteurs dans un certain flou pour traduire cette peur omniprésente et ce soupçon permanent qui caractérisent les régimes autoritaires. Savoir qui parle et à quel titre, c’est avoir la possibilité de cerner sont interlocuteur et maîtriser son environnement. A contrario, la confusion, les discours lourds de sous-entendus, les menaces qu’on laisse planer entretiennent la peur sur laquelle se fondent les dictatures. L’ambition de l’auteure était de traduire les complicités cachées qui perdurent bien après que les tyrans soient tombés, pour transcrire l’angoisse qui en résulte. 

Eugenia Almeida s’est lancée dans une démarche littéraire tout à fait intéressante qui me rappelle, quoi qu’elle revête une forme bien différente, l’expérience menée par un autre écrivain argentin, Leopoldo Brizuela, dans La nuit recommencée. Ces romans se rejoignent dans leurs tentatives originales d’aller au-delà du simple récit pour faire percevoir au lecteur une petite part de ce que l’on peut ressentir lorsqu’on vit sous un régime autoritaire. Des romans évidemment très noirs, à l’image de la très belle couverture du livre d’Eugenia Almeida. 






domingo, 9 de octubre de 2016

La dama misteriosa




Elena Ferrante es la autora de una tetralogía de novelas que causa furor en Europa y América. Muy pocas personas conocen su verdadera identidad.

En 1991, hace 25 años, Elena Ferrante envió un manuscrito a quienes luego serían sus editores. Se los advirtió desde el primer momento: si lo importante es la obra, el autor debe desaparecer. No estaba dispuesta a dar entrevistas ni a trabajar en la promoción de los libros. Lo que ofrecía era lo que realmente sabía hacer: escribir. Nada más y nada menos. 

Pasaron los años. Ferrante ya había publicado nueve libros cuando le llegó el reconocimiento mundial por la saga “Dos amigas”. Cuatro novelas que recorren la amistad de dos mujeres nacidas en Nápoles en 1944. Lila Cerullo, la hija del zapatero, y Lenù Greco, la hija del conserje, creciendo en un entramado social que las agobia, forzándolas a cumplir los roles que les han  asignado. Familias que se cruzan en todas las relaciones posibles. Hay muertes, engaños, amores, desplantes, guerras, venganzas, perdones y olvidos. De las cuatro novelas que forman la saga (La amiga estupenda, Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida) sólo las dos primeras han sido publicadas en Argentina. 

La amiga estupenda comienza de un modo perfecto: una mujer recibe el llamado  del hijo de su amiga, asustado porque su madre ha desaparecido. Lenù no se sorprende, sabe que eso, tarde o temprano, iba a pasar. Da por descontado que Lila “ha encontrado el modo de no dejar en este mundo ni siquiera una migaja de sí misma”. En la casa no ha quedado nada relacionado con ella. Incluso ha recortado su imagen de las fotos. Tiene 66 años y se ha ido. Lenù siente esa fuga como una afrenta y decide combatir la rabia haciendo lo contrario de lo que ha hecho su amiga: hacer huella, dejar marcas, contar la historia que han vivido juntas. La historia de una amistad pero también muchas cosas más: una fotografía de época; un muestrario de las crueldades públicas y privadas; una puesta en escena de las diferencias de clase y las violencias de género; un cuadro de cómo el lenguaje encarna y reproduce las configuraciones del poder. 

Ese relato es el que ha logrado capturar a millones de lectores en todo el mundo. Y detonar, al mismo tiempo, una búsqueda incansable: ejércitos de curiosos preguntándose quién es Elena Ferrante, como si esa pregunta pudiera responderse, como si fuera importante. 

La escritura de Ferrante combina a la perfección sencillez y profundidad; literatura popular y un uso del lenguaje preciso, seco, conmovedor. Algo luminoso se mueve entre líneas. Sus libros provocan esa lectura febril de la infancia, cuando uno no puede dejar de leer, cuando lamenta que la historia termine. 

Elena Ferrante. Dos palabras que hoy son leídas como misterio, como  provocación o como deseo a respetar por todos aquellos que amamos sus libros. **




Deslumbrados

Cuando la saga “Dos amigas” llegó a Estados Unidos, el New York Times calificó a Elena Ferrante como una autora “deslumbrante”. El diario inglés The Guardian la ha señalado como posible candidata al Nobel. Las escritoras Alice Munro, Jhumpa Lahiri y Zadie Smith; el director de cine Ken Follet y la actriz Gwyneth Paltrow son algunos de sus admiradores.
El actor y escritor norteamericano James Franco llamó la atención de sus seguidores cuando, para explicar por qué llegaba tarde a una fiesta, subió a la red Instagram una foto en la que mostraba la tapa de La amiga estupenda.















Objeto de amor, objeto de estudio

Es tanta la fascinación que ha creado la ausencia de Ferrante (esa es la palabra que ella elige; no “anonimato” sino “ausencia”) que incluso la ciencia ha querido intervenir. Un catedrático de la Universidad romana La Sapienza llevó a cabo una investigación con la intención de descubrir si el estilo de la autora podía relacionarse con el de algún escritor ya conocido. ¿El resultado? La escritura de Ferrante tendría muchos puntos de contacto con la del escritor italiano Doménico Starnone. Eso dice la ciencia. Starnone repite en varias entrevsitas: “No soy Ferrante”.
El diario “Corriere della Sera” también participó de la polémica al publicar un artículo en el que el académico Marco Santagata informaba los resultados de su  investigación sobre el tema. Según Santagata, Elena Ferrante es Marcella Marmo, una profesora universitaria napolitana que respondió al acoso mediático con buen humor pero negando una y otra vez ser la autora de la saga “Dos amigas”.
















Se dice de mí

Muchos de los que quieren saber quién es Elena Ferrante han leído la saga “Dos amigas” en clave autobiográfica. Para ellos, Ferrante es Lenù, la narradora. Por eso mismo, la imaginan napolitana, con estudios en la Universidad de Pisa, licenciada en Letras, escritora.
Hay quien asegura que Ferrante habría vivido un tiempo en Grecia. Y que tiene hijos. Y que está separada. Y que vive sola. La mayoría coincide en que tiene más de 60 años. 
Es interesante reflexionar por qué para algunas personas es tan importante conocer esta información. Y preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos de un autor. 
Quizás el mejor regalo que nos ha hecho Ferrante es ayudarnos a reconocer que la identidad también es una cuestión de acción. Somos lo que hacemos. Elena Ferrante es su obra. ¿Para qué buscar más allá? 



Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero - La Voz del Interior


jueves, 6 de octubre de 2016

Comentario sobre L’échange (La tensión del umbral) - Blog Coquecigrues et ima-nu-ages




L’échange


Roman d’Eugenia Almeida (traduit de l’espagnol argentin  par François Gaudry – le traducteur de qqs Sépulveda, Arriaga etc…) paru dans les Editions Métaillié – toujours bon dans leur choix dans la littérature hispanique.


Difficile de résumer le roman (249 pages aérées) – choisi pour sa 1ère de couv’ intrigante et sobrement belle et l’extrait d’une critique « Vertige narratif admirable et poésie à hautes doses. » – tant il vit de sa construction, de la tension crée par les chapitres courts, le changement de perspectives, de personnages qui apparaissent, parlent, disparaissent (souvent pour toujours, devenus muets parce que 6 feets under), les phrases courtes, très courtes mêmes, les staccatos de mots aussi….ainsi que des silences, des non-dits tapis derrière les ellipses, et les blancs…

Une jeune femme, Julia Montenegro, va menacer à la sortie d’un bar un homme, en plein jour, devant une multitude de témoins, et va – sorpresa –  finalement se suicider (d’une  balle dans sa poitrine).

Le journaliste Guyot (les autres protagonistes sont également désignés par leur patronymes seulement (et auront, comme on le verra au cours du roman, parfois deux de patronymes…) , au passé douloureux , sera envoyé pour un reportage (qui ne sera jamais publié)… mais qui déclenchera une quête obsessionnelle.


(il passera bcp de temps dans une hémérothèque)

Ce que Guyot va remuer la vase autour de cette femme « Guyot accumule des mots, ces gribouillis inutiles qui noircissent les pages immenses que les gens lisent en prenant un café. Tranquillité de savoir qu’on est celui qui lit et qu’on ne fait pas partie de ceux dont il est question dans ce qu’on lit.  » (p.36). et réveiller les fantômes du passé, qui, dans l’Argentine d’aujourd’hui continuent de régner et imprégner toute la société de leurs relents de la Dictature.

Toile de fond – qui ne surgira que vers les dernières pages mais aura imprégné  l’ensemble du roman : la junte militaire au pouvoir (1973 – 1983) avait mis en place un réseau d’adoption d’enfants d’opposants. Ainsi il y avait même une maternité spéciale dans l’Ecole de mécanique de la Marine qui accueillait les femmes (opposantes ou d’opposants) enceintes. Après leur accouchement, les mères étaient exécutées et leurs enfants (des milliers !!!) confiés à des familles stériles de militaires ou de proches du régime. (voir aussi l’article sur le poète Juan Gelman mort en 2004


ou tout sur les grandes-mères de la place de mai.

Mais ce fait n’est qu’un élément dans ce puzzle labyrinthique que constitue le roman et l’investigation du Guyot. …. pour freiner, faire capoter la quête de Guyot, qui recevra un temps un peu d’aide et soutien par une ancienne psychiatre Ostots, et qui verra disparaître des collègues et amis qui de proche ou de loin, directement ou indirectement participent à ses recherches, il y aura un homme dans l’ombre (qui ne se révélera sur les dernières pages seulement)  et qui n’hésite pas à faire taire les hommes, en tuant leurs fils – ou leur chien – si celui-ci est un ersatz filial…. dans la ligne de ce qui se pratiquait dans ces années sombres.

« Il essaie de découvrir quels noms cachent les initiales de chaque dossier. Impossible. Illusoire. Travailler avec ce qu’il a. Des dates. Chercher la plus récente. Mars 2008. 20 mars 2008. Un jeudi. Il a dû se passer quelque chose ce jour-là. (p. 125)

« Il sort en silence. Elle n’arrive même pas à se lever. pour le raccompagner. Elle restera assise dans ce coin de la pièce jusqu’à une heure avancée de la nuit, jusqu’à ce qu’elle puisse assumer qu’elle vient d’entrer en enfer. » (dernière phrase )

Un roman ou on perd les repères parfois mais qui se révèle être comme le chignon hitchcockien de Vertigo… en effet, vertigineux et métaphysique et une nouvelle perle parmi les livres de Métailié.


Publié le 18 septembre 2016 par lorenztradfin




lunes, 3 de octubre de 2016

Un asesino entre nosotros - Flaminia Ocampo





La perversa actuación  

En 2011 la escritora Flaminia Ocampo viajó a Berlín para trabajar en el guión de una película que relatara el tiempo que el criminal nazi Adolf Eichmann pasó en Argentina. ¿Cómo contar una historia con imágenes? ¿Cómo decir algo diferente sobre una figura tan visitada por el cine? Un asesino entre nosotros es la bitácora de ese proceso. A medida que la autora aborda la vida de aquel hombre tenebroso, reflexiona sobre los modos de narrar y genera preguntas sobre qué implica que Eichmann haya podido vivir diez años, en absoluta tranquilidad, en nuestro país. 

Eichmann llegó a la Argentina el 14 de julio de 1950. Años después, escribiría: “Sabía que en esta “Tierra prometida” de América del Sur tenía amigos que esperaban poder ayudarme. Amigos a los que podía decirles orgullosamente, abiertamente y libremente: soy Adolf Eichmann, ex teniente coronel de las SS”. 

Ocampo insiste en la falta de fisuras, en el horror monolítico de un hombre que, ya preso en Israel y antes de ser juzgado, le dijo al policía que lo interrogaba que “el arrepentimiento es para chicos”. La autora se aleja de la opinión de Hannah Arendt, que veía en él la “banalidad del mal”. Ocampo prefiere hablar del “talento para la perversa actuación de la banalidad”. Eichmann era el hombre que afirmaba que “el infierno no existe”, obviando el hecho de que él mismo fue uno de sus arquitectos.

Flaminia Ocampo narra y, al mismo tiempo, reflexiona sobre el lenguaje. Por ejemplo, cuando se refiere a la maquinaria de eufemismos en la que se acorazaba el nazismo. La aniquilación de millones de personas se llamó “solución final”; la deportación era “cambio de residencia”; la muerte por desnutrición, deshidratación y trabajos forzados era una “disminución natural”; el asesinato en la cámara de gas era un “tratamiento especial”. Eso fue el nazismo. Un plan sistemático pensado hasta el  mínimo detalle: su vocabulario administrativo.

Un asesino entre nosotros relata la llegada de Eichmann a la Argentina, el trabajo como tintorero en Buenos Aires, la ironía insoportable de que haya sido operario de una fábrica de artefactos a gas. Los diez años de protección; la larga búsqueda que desembocó en su secuestro; los días de cautiverio en una casa de Florencio Varela. El libro expone el antisemitismo de las instituciones militares y clericales en nuestro país; los grupos nacionalistas de ultraderecha exigiendo la “devolución” y el “regreso” del criminal nazi. El trabajo de Ocampo no solo permite conocer a Eichmann. Sirve, también, para saber algo de ese “nosotros” al que alude el título. Un libro que habla de un asesino pero también de responsabilidades, silencios, complicidades y cegueras. 


Eugenia Almeida

Publicado originalmente en Número Cero - La voz del Interior