lunes, 30 de diciembre de 2013

Para el alivio de insoportables impulsos / Nathan Englander





Nueve relatos atravesados por la cultura judía. El juego de tensiones entre las leyes de la tradición y la irreverente realidad del mundo. Historias bordeando una pregunta que parece imposible de responder: ¿qué es ser judío?

27 escritores perseguidos por Stalin; un grupo destinado a un campo de concentración que, al equivocarse de tren, finge ser una troupe de acróbatas para salvar la vida; un encuentro inesperado en un psiquiátrico; un rabino con problemas económicos que trabaja disfrazado de Papá Noel.

Nathan Englander ha sido señalado como uno de los 20 escritores más promisorios del siglo XXI. Su principal virtud: saber utilizar el humor como una clave, como un modo subversivo, diferente, de enfrentar el horror.



Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Diciembre 2012




martes, 24 de diciembre de 2013

El día en que murió Stalin. La mujer / Doris Lessing






Doris Lessing nació en Persia –hoy, Irán– y pasó parte de su infancia y juventud en Rhodesia –hoy, Zimbabwe–. 

Cuando recibió el Premio Nobel, en 2007, su discurso –titulado Como no ganar un Premio Nobel– se centró en las desigualdades económicas y en las consecuencias culturales que provoca esta situación.

Este pequeño libro reúne dos relatos en los que se enlazan la Historia y los eventos cotidianos de la vida privada. 

En El día en que murió Stalin, una serie de personajes reacciona, cada a uno a su modo, ante la noticia de la agonía del líder soviético. 

La mujer relata el encuentro de dos ancianos –un inglés y un alemán– que, tiempo atrás, combatieron en la guerra en bandos opuestos, que han sido enemigos por lo que uno de ellos llama “los accidentes de la Historia” y que ahora compiten por la atención de una joven empleada del hotel en que se hospedan.



Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
2013


sábado, 21 de diciembre de 2013

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Ningún lugar sagrado - Rodrigo Rey Rosa






Rodrigo Rey Rosa es, posiblemente, el escritor guatemalteco más importante del momento.

Esta colección de cuentos se diferencia de sus otros libros porque todas las historias transcurren en Nueva York. El autor conoce bien la ciudad. Cuando tenía 22 años se instaló allí, se anotó en Artes Visuales y se puso a trabajar como intérprete en un juzgado criminal. Un aviso en el pasillo de la Escuela de Artes lo llevaría a encontrar un maestro, Paul Bowles, y un nuevo lugar de residencia: Marruecos.

Rey Rosa ha insistido en que “hay quien divide a los escritores en dos: los que tratan de explicar algo y los que tratan de explicarse algo. Yo soy de la segunda clase. No sé más que el lector al que estoy hablando. Escarbo mientras escribo.”

En estos nueve cuentos hay crímenes, gente que vive en la calle, un mendigo que caza mirlos con una cerbatana de aluminio, inmigrantes, fanáticos religiosos, cartas, criminales, sesiones de psicoanálisis, poetas, presos, extorsiones y ecos de la violencia política. El autor cuenta historias encarnadas en personajes individuales que revelan ciertas características de la sociedad a la que pertenecen.

La elección, en ciertos cuentos, de apelar al registro de cartas o monólogos puede poner al lector en el lugar de destinatario, permanentemente interpelado por esa segunda persona que se utiliza para dirigirse a otro personaje pero que, finalmente, se lanza sobre quien lee.

“Ningún lugar sagrado” fue publicado en 1998. En 2004 Rodrigo Rey Rosa obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Guatemala. Alguna vez Bolaño dijo que la escritura del guatemalteco era “una enorme cámara frigorífica donde las palabras saltan, vivas, renacidas”.



Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Agosto 2013




domingo, 15 de diciembre de 2013

Entrevista de Christian Kupchik para el diario Crítica

EUGENIA ALMEIDA, AUTORA DE EL COLECTIVO

“Estamos muy atiborrados de lenguaje”
















En 2005 ganó con esta novela el Premio Internacional Dos Orillas, pero recién ahora fue publicada en la Argentina. Antes apareció con muy buena aceptación en varios países de Europa. Una historia distinta sobre los años de la dictadura.

Eugenia Almeida ingresó al mundo de la literatura sacando con la contundencia de Nalbandian. Eso sí: ganó su partida con infinita paciencia. Esta cordobesa de Unquillo –de donde también es natural el tenista– escribió El colectivo, en 2003, y lo envió al Premio Internacional Dos Orillas, que falla cada dos años. Supo que su novela había sido elegida en 2005 y el premio consistió en la edición simultánea en cinco países, Francia, Grecia, Portugal, Italia y España. En 2007 se vieron las ediciones originales –fue todo un éxito en Francia– y, finalmente, este otoño llegó a la Argentina publicada por Edhasa.

“Fue una larga espera, en función de mi interés por saber cómo sería leído aquí”, afirma Almeida. La historia de El colectivo es, en apariencia, simple. Durante los 70, en un pueblo insignificante, el único colectivo de línea que comunica con el exterior comienza a pasar sin detenerse. Eso desata una serie de intrigas en el pequeño micromundo donde la influencia del contexto social es vista con lente de aumento.

– ¿Le sorprendió la aceptación que tuvo la novela en Europa?

– Sí, me sorprendió mucho. Me pregunté qué habrían leído. Pero después me di cuenta de que Europa no está a salvo de historias espinosas, y supongo que lo que cuenta el libro, los gestos menores, pequeños, la cosa cotidiana, no debe ser tan diferente en un pueblo de Córdoba que en otro de Grecia o Portugal.

– Muchos personajes de la novela eligen ser testigos de la situación sin intervenir demasiado, como cómplices de una historia que no entienden.

–Hay muchos personajes que “hacen” y otros que “no hacen”, y no hacer muchas veces es colaborar. Si frente a una situación de injusticia no intervengo, no hacer no me salva, por el contrario, me condena. Tengo, a nivel personal, una gran pregunta sobre la dictadura. La viví siendo niña, de modo que en ese momento no me podía dar explicaciones políticas. Todo lo que me atravesó fue emocional, sin codificar ni racionalizar. Hay una pregunta que, si se quiere, es infantil: ¿Por qué millones fueron sometidos por miles?

–Los personajes del pueblo parecen anestesiados por el mensaje de los medios: la realidad es lo que dice la radio o el diario.

–¡Hablando de coincidencias históricas! Muchas de las cosas que pasan en la novela están tristemente vigentes. Eso de no poner en duda algo simplemente porque lo dice el diario o la radio es terrible; habla de cómo se ha anulado el espíritu crítico.

–También ocurre que existe una particular percepción del tiempo: vivimos atados a un presente continuo, y los sucesos de la dictadura muchas veces se ven como un pasado lejano.

–Si uno piensa el tiempo desde lo estrictamente biológico, es ridícula esa percepción. Me pongo de ejemplo: tengo 36 años, de modo que tenía cuatro cuando la dictadura irrumpió. Quiero creer que todavía soy una mujer joven, que ni siquiera ha llegado a la plenitud de mi capacidad vital y laboral. Es lo mismo que ocurre en Europa, que cuando hablás de la Segunda Guerra te dicen: “Bueno, eso fue hace un montón”. ¿Hace un montón? ¿Un montón de quién, de tu papá o de tu abuelo? Hace un montón en realidad es la Edad Media. Las tragedias históricas no dejan de ser nunca.

–El estilo narrativo muestra un despojamiento muy bien trabajado.

–Pretendo ser lo más fiel posible a lo que veo. A veces, me gustaría que mis personajes hicieran otras cosas, vivieran de modo diferente, pero los veo de esta forma y no puedo hacer nada en contrario. Intento no juzgar, ya que mi opinión no le va a servir a nadie. Y con respecto al despojamiento, eso es algo que sale, me molesta todo lo que sobra, y lo que sobra no suma. Estamos muy atiborrados de lenguaje.

–¿Qué escritores toma como modelo?

–Bueno, muchos. Descubrí hace poco a Irène Némirovsky y me pareció una maravilla. Pero también Marguerite Duras, la Yourcenar, Silvina Ocampo.

–Todas mujeres.

-No, también hay hombres: Albert Camus, y muy en particular Georges Simenon. Creo que justamente él es un maestro en mostrar toda la complejidad del ser humano sin juzgarlo. Es un maestro.

¿Como le gustaría que se leyera el libro?

–Me gusta pensar que el libro puede abrir otras maneras de ver la realidad.



Christian Kupchik
Publicado en Diario Crítica
28.05.2009




jueves, 12 de diciembre de 2013

El campo de golf del diablo - Paola Kaufmann







Sólo tuvo tiempo de publicar tres libros. Y es una pena. Hay que leer a Paola Kaufmann para dimensionar las obras que nos hemos perdido. 

Escritora y científica doctora en Física y en Neurobiología, especializada en ritmos biológicos sabía cruzar esas dos maneras de ver el mundo en una maniobra impecable. 

Murió en septiembre de 2006, a los 37 años.  

Este breve libro de cuentos –ganador del premio del Fondo Nacional de las Artes– es una buena puerta de entrada para conocer el tono de voz tan personal que tenía Kaufmann y que, lamentablemente, no volveremos a oír. 



Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Febrero 2013




viernes, 6 de diciembre de 2013

Z - Vassilis Vassilikos





El 22 de mayo de 1963, el diputado izquierdista Gregoris Lambrakis es asesinado por un grupo paramilitar. 400.000 personas acompañan su cortejo fúnebre. En las paredes de la ciudad, cada día, aparecen pintadas  en su memoria. La investigación del crimen produce una conmoción política en Grecia.

A partir de esta historia real, Vassilis Vassilikos escribió una extraordinaria novela que luego sería adaptada al cine por Costa-Gavras. 

Para quien ha visto la película, para quien quiere saber algo más sobre la historia griega, para quien sabe que las dictaduras, finalmente, siempre se parecen. 



Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Febrero 2013



martes, 3 de diciembre de 2013

Les Inrockuptibles. Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"





« Ce livre semble écrit avec trois bouts de ficelle. Et c’est ainsi, sans le moindre effet de manche ni la plus petite tendance au didactisme, qu’Eugenia Almeida offre à son texte une puissance peu commune, une vraie force critique. »


sábado, 30 de noviembre de 2013

Tres relatos porteños - Arturo Cancela





Uno de los clásicos de la literatura humorística argentina. Tres cuentos que desnudan con perfecta ironía aspectos de nuestra sociedad.

“El cocobacilo de Herrlin” es una extraordinaria crítica a la burocracia, la propaganda y las aristas más oscuras de la política. Un profesor sueco es convertido en referente de la guerra contra el conejo, transformado en el enemigo público número uno. Se crearán ministerios ad hoc, con una planta monstruosa de empleados que se dedicarán primero a investigar y luego a perseguir y aniquilar. La eficiencia es tal que, cuatro meses después de iniciada la investigación, están en condiciones de aseverar que se trata de “animales cuadrúpedos, mamíferos, de unos 45 centímetros de largo, muy veloces y extraordinariamente fecundos”. La llegada inesperada del extranjero sacude esta enorme estructura y, rápidamente, el ministerio lo convierte en un “ñoqui” que, sin quererlo y por el sólo hecho de ser extranjero, visibiliza los vicios sociales del país.
Planificar una guerra interna para eliminar a un grupo al que se considera “enemigo de la Nación” es la matriz de una idea que en Argentina se ha aplicado muchas veces. La frase “campaña contra el conejo” trae a Roca y cuando se habla de “salvar a la Nación” es inevitable pensar en los argumentos que los militares esgrimían como excusa cada vez que deseaban tomar el poder.

“Una semana de holgorio” se anima a meterse con la Semana Trágica desde el punto de vista de un dandy porteño, burlándose de la policía y de la nefasta Liga Patriótica.
“El culto de los héroes” cuenta la trabajosa y lenta construcción de un falso linaje en aquellos que se avergüenzan de sus antepasados inmigrantes.

Arturo Cancela nació en Buenos Aires en 1892. “Tres relatos porteños”, su primer libro, fue publicado en 1922 y recibió el Premio Municipal de Literatura. Más de noventa años después, todavía hace reír y pensar.



Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Agosto 2013



miércoles, 27 de noviembre de 2013

domingo, 24 de noviembre de 2013

La lluvia de verano / Marguerite Duras




Un mundo terriblemente vivo

Surgido a partir de su película “Los niños” llega uno de los últimos libros escritos por Marguerite Duras.


¿De qué hablan los libros de Duras? Del lenguaje. Siempre del lenguaje. Se dice, se calla, se ronda lo innombrable, se reconoce que la palabra no alcanza, se sigue buscando, torpemente, un modo de acercarse a los otros.

Tenía 76 años cuando escribió  La lluvia de verano, una novela poblada de niños que deambulan en un abandono terrible, feroz y lleno de amor. Un amor turbio, sí. De esos amores sabe hablar Duras.

Una casa, en un suburbio de París, habitada por siete niños y sus padres. Adultos que recogen libros de la basura y se hunden, apasionadamente, en la lectura de una biografía. Padres que roban en las librerías de saldos, que beben hasta emborracharse, hasta perder el camino a casa, una casa en la que esperan, en el cobertizo, siete hijos que son, cómo decirlo, una presencia inquietante, unos extraños, un misterio, la fuente de toda zozobra. “Con los hijos nunca se sabe”, dice la madre. Ella se llama Natacha y Ginetta y Hanka y Eugenia y Emilia. ¿Hay algo más desestabilizador que no tener un nombre propio? ¿Tener demasiados equivale a no tener ninguno?

Todo es así en este libro de Duras. Todo es una cosa pero también otra y posiblemente ninguna de las dos. Una novela que funciona como un acertijo sin solución pero que, al mismo tiempo, transmite la sensación de que uno ha entendido. ¿Qué? No es posible decirlo.

Una historia familiar. Inmigrantes que han llegado a Francia y allí han ido quedando fuera del mercado de trabajo. Un niño que descubre que sabe leer sin haber aprendido a hacerlo. Y que se niega a ir a la escuela porque allí le enseñan “cosas que no sabe”. La historia de cómo ese argumento va atravesando a sus padres, a su maestro, a sus hermanos, a toda Francia. Una familia perforada de abandonos, miedos, silencios y conversaciones. Un grupo de raros que relatan historias y se preguntan cosas unos a otros y, finalmente, cuando llegan al límite, a la inutilidad evidente de las palabras, se ríen. A carcajadas. Un mundo lleno de terrores y desesperación pero también de aceptación y festejo. De risas. Un mundo hermoso y terrible. Vivo.

Una historia de libros (robados, quemados, perdidos y recuperados) y una historia de la lectura. Una historia –y no es de extrañar- de dos hermanos que batallan, sucumben y atraviesan un amor pesado, demasiado denso, demasiado profundo.

Marguerite Duras siempre renueva el placer de leer. Con su prosa telegráfica, con la puesta en escena de diálogos perfectos, con su especial modo de no decir, de rodear las cosas, de bordearlas con palabras. Siempre luchando y dejándose vencer por el único amante, por el mejor enemigo: el lenguaje.


Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X

Diciembre 2012



jueves, 21 de noviembre de 2013

Niebla





Pueden esperar todo de mí.  Porque yo ya no espero nada de nadie. Quizás suene como amenaza. No es eso. Es una promesa. Casi. Una probable certeza.

No busco nada. Aunque parezca. He dejado de mí, atrás, lejos, toda huella. Lo que podría haber hecho sobre el mundo, hoy, es esto: lo que no busco. Soy la batalla. Imperceptible. No hace falta que vengan a verla.

Yo sé mi nombre, y los que comen conmigo. No hay mucho más. Comida. Cuando aparece el día, cuando vienen a arrastrarse las piedras, cuando hay cierto alivio en dejarse caer, ¿hay algo más?

Vengo a decir pero no recuerdo. Me espero. Traigo la sombra, la anudo en la bicicleta. No la arrastro, no. Yo no obligo a nada. A nadie.
No obligo.

He renunciado a lo que no tenía. Vengo a buscar lo desechado, lo hecho a un lado. Así me llamo.

Traigo, de lo oscuro, lo que aún se mueve. Antes de que las cosas desaparezcan, laten. Una manzana negra late como un enfermo. Te llama, te grita, te dice. Hay que asomarse a escuchar cómo chillan las cosas a punto de desaparecer. Saben que uno, algunos, nosotros, yo, estamos buscando ese ruido como perros.

Cansados pero infalibles. Oídos afinados en la miseria. Tenemos así, los oídos perfectos de un músico enloquecido. No digan que no entienden. Claro que no entienden.

Hay que haber visto cómo vienen los carroñeros a pelearnos la bolsa, cómo enroscan los picos en el nylon para quedarse con algo. Pelean. Pero los dejo. Son los que son desde siempre. Yo, en cambio, nosotros, hemos venido desde tan antiguo para ser esto. La comida, el pico, la mirada, el nylon. ¿A quién le importa?

Soy la batalla. Niebla. Niebla sobre las cosas.


Eugenia Almeida


Publicado originalmente en Tiempo Argentino
Septiembre 2012





viernes, 15 de noviembre de 2013

Des petits riens / Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"




L’Autobus – Eugenia Almeida (Métalié)


En Argentine, une plaine sans fin, comme celles dont Hector Biancotti décrivait si bien leur vide immensité. Une petite ville, un bourg coupée en deux par une voie ferrée, un hôtel, un bar, un commissariat de police, un garde-barrière, un arrêt de bus. L’autobus quotidien ne s’y arrête plus et passe en grande trombe, toujours conduit par le même chauffeur. La morne tranquillité du lieu s’en trouve profondément dérangée. Des voyageurs restent confinés dans l’hôtel. Des habitants voulant aller à Cordoba, la grande ville pas si voisine, sont bloqués. Chaque jour qui passe, le seul spectacle est cet autobus qui passe vite, si vite, sans s’arrêter. Un jeune couple n’y tient plus. Ils s’en vont tous les deux en marchant de long de la voie ferrée. L’avocat du lieu, mal marié à une femme cloîtrée dans la volubilité, croit pouvoir surmonter ce blocage mais en vain.

Toute la vie tente de se réorganiser provisoirement autour de ce bus devenu mystère. Et de cette double interrogation : pourquoi ? jusqu’à quand ?
Jusqu’au moment où des militaires rodent autour de la ville.

Grâce à son écriture quasi-cinématographique, Eugenia Almedia, dont "L’Autobus" est le premier roman, plonge le lecteur au cœur de la période de la dictature militaire où les opposants disparaissaient face à une population tétanisée sous la chape de plomb imposée par un pouvoir machiavélique et tortionnaire.

Ce court et fulgurant roman qui commence de façon sibylline et minimaliste prend une dimension tragique pour évoquer ces heures noires de la dictature des militaires en Argentine.


http://jmph.blog.lemonde.fr/2013/10/17/lautobus-eugenia-almeida-metailie/


Publié le 17 octobre 2013

martes, 12 de noviembre de 2013

Sr. y sra. Baby / Mark Strand






Si hubiera que elegir un párrafo para presentar el espíritu de este libro, habría que dejar que Mark Strand dijera: “Más de una vez he sospechado que por debajo del mundo que escogemos hay otro, involuntario, inexplicable, que nos elige a nosotros. Es el mundo de los accidentes, de los encuentros casuales, de los deseos realizados. Sólo en raras ocasiones se muestra y, cuando lo hace, nos requiere completamente. Por lo general la experiencia nos aterra o nos estremece, arrancándonos de la seguridad del círculo normal de elecciones.”

14 relatos de uno de los más importantes poetas canadienses. Una puerta para descubrir qué maravillas puede traer un poeta a tierras narrativas. 


Eugenia Almeida
Publicado originalmente en Ciudad X
Abril 2013

sábado, 9 de noviembre de 2013

Entrevista de Alberto Torres Blandina para la Revista Teína




UNA LECTURA A DOS VOCES DE EL COLECTIVO, UNA NOVELA ARGENTINA CON PREMIO INTERNACIONAL



Cuando la dictadura consigue que hasta los colectivos no paren


Eugenia Almeida es la autora de El colectivo, libro que consiguió el Premio de Novela Las dos orillas 2005. Este galardón lo auspicia el escritor chileno Luis Sepúlveda y lo concede cada dos años el Salón Iberoamericano de Gijón. Se trata de una historia mínima, pero de alcance universal y que elude cualquier otra etiqueta que no sea la de «literatura». Escribe sobre El colectivo y habla con la autora el ganador de 2007.



















Hace tres noches que el colectivo pasa sin abrir la puerta. El pueblo está bajo un cielo de lata. Gris y apenas ondulado. La tierra ensucia los dinteles y la falta de lluvia pone nerviosos a los perros...

Los premios literarios surgieron con el objetivo de descubrir nuevos valores. Hoy en día, por desgracia, forman parte del engranaje editorial y son una forma de promoción de autores consagrados. Ser premiado supone elevar el índice de ventas, por lo que muchos premios son pactados hasta con dos años de antelación entre las editoriales y los agentes de un determinado escritor. Por ello el narrador chileno Luis Sepúlveda, durante la presentación de la novela ganadora del Premio Las dos orillas, tuvo que repetir varias veces, con una insistencia crítica:

Este es un premio limpio. Repito, un premio serio, limpio.

Ya en las bases del certamen queda clara su vocación de «reparar las injusticias cometidas con muchas escritoras y escritores». Su propósito explícito es premiar novelas de calidad que, debido a incomprensibles políticas editoriales, se encuentran con problemas para acceder al mercado. Quien conozca un poco la trayectoria de Luis Sepúlveda sabrá de sobra que un galardón avalado por él no podría ser de otra forma que serio y limpio. ¿Necesita una mejor presentación El colectivo de la argentina Eugenia Almeida que haber sido vencedora en este premio internacional?


UNA LITERATURA SIN ETIQUETAS

El colectivo es una historia sencilla. Contada con una prosa igual de sencilla, de frases cortas, pero no exenta de ritmo y poesía. Es la historia de un pequeño pueblo en el que deja de parar el autobús público (el colectivo en la Argentina) sin que nadie sepa la verdadera razón. La historia sucede en la provincia argentina de Córdoba pero podría suceder en cualquier lugar del mundo. En un remoto país o al lado de casa. Que sucede en 1977 durante la dictadura militar pero podría suceder en cualquier momento de la historia. Hoy mismo o hace mil años.

Podríamos decir que nos encontramos ante una novela de denuncia social. Una novela que habla de los abusos y la impunidad del poder. Pero entonces no diríamos nada. Porque El colectivo va más allá. Cuenta una pequeña historia. Una anécdota. Pero una anécdota que se convierte en fábula. Una anécdota insignificante que resume millones de anécdotas, que las contiene en esencia. Con unos protagonistas casi arquetípicos, a la vez que profundamente humanos. Y es esto lo que más conmueve, que parecen atados a su rol. Muñecos de carne y hueso incapaces de dejar de cumplir su papel específico en la tragedia que sobreviene: Primitivo, el comisario, Martita... Todos los habitantes del pueblo son cómplices del poder de algún modo. Por aquello que no preguntan, que no dicen o que no miran.

Eugenia Almeida no se siente cómoda cuando le hablo de «literatura social». Rápidamente me responde.

No entiendo muy bien la categoría de «literatura social». Lo digo sin ironías, de verdad no termino de entender qué significa. Me parece que toda la literatura es social, todo viene de esto que somos. Incluso como especie.

Y yo corrijo. Tiene razón. Olvidémonos de las etiquetas. La historia narrada ocurre durante la dictadura argentina. Pero no es una novela sobre la dictadura argentina. Es una novela sobre un pequeño pueblo cuyas gentes poco o nada tienen que ver con los tejemanejes del poder, aunque indirectamente, sin apenas darse cuenta, se convierten en cómplices de ese poder. 

El hablar sobre la dictadura no fue deliberado. Pero debo reconocer que ese tema me atraviesa, me desvela. Las huellas del proceso militar son profundas y por ello no me parece extraño haber terminado contando una historia que transcurre en esos años. Nos falta, como sociedad, seguir preguntándonos, seguir admitiéndonos, seguir tratando de aceptar la complejidad de lo que somos. Sin embargo el hecho de no haberlo planeado y de que surgiera, para mí, habla de una necesidad. Mi propia necesidad de seguir tratando de —no digo comprender porque eso es casi imposible— asomarme a ese horror.

¿El pueblo donde transcurre la novela está inspirado en algún lugar concreto?, le pregunto. Y recuerdo ese paisaje seco con un cielo siempre a punto de romper a llover; esos extranjeros escrutados desde todas las ventanas; esa vía que separa el barrio burgués del «otro barrio»; ese autobús que pasa pero que nunca se detiene. Un escenario asfixiante y casi metafórico.

La novela surgió en un momento personal muy difícil y para mí esa historia representaba la posibilidad de habitar «otro lugar» que no fuera lo que me estaba pasando en ese momento. Claro, que a veces uno no puede elegir adónde viaja y me sumergí —sin querer, casi sin pensarlo— en un clima bastante agobiante, en ese pueblo pequeño y turbio donde yo iba viendo qué hacían los personajes y sólo me limitaba a describir sus movimientos. Nunca supe hacia dónde iba esa historia. Solo la «dejé salir».


UNA AUTORA ATENTA A LOS PEQUEÑOS GESTOS

Dentro de la novela hay una historia que me conmovió profundamente. Es la desgarradora historia de Marta y el doctor Ponce.

¿Qué puedo decirte de ellos? Creo que son personas complejas, como solemos serlo todos, aunque sea más fácil creer que somos sencillos. En esa historia el odio, la sumisión, el abandono de sí mismo van marcando una desgracia de esas horrendas que, sin embargo, se construyen con gestos pequeños, cotidianos, esas pequeñas piezas que se mueven día a día.

¿Sabes? Creo que esa frase resume con exactitud toda la novela: «una desgracia de esas horrendas que, sin embargo, se construyen con gestos pequeños, cotidianos, esas pequeñas piezas que se mueven día a día».

Le pregunto entonces por el premio que acaba de recibir en el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón (España). Un premio que le ha permitido ver publicada su novela también en Portugal, Francia, Italia y Grecia. Se emociona. Se deshace en elogios con el trato y el calor recibido (y no me dice, pero lo sé yo, que su libro se agotó en una edición del salón donde los autores argentinos batieron el récord de ventas).

La foto en la que salgo con Luis Sepúlveda es una gentileza del fotógrafo Daniel Mordzinski. Quizá ya lo conoces. Es un artista maravilloso. Te pido que digas que esa foto es suya.

Descuida, le contesto. Y entonces nos despedimos hasta la próxima. Conversación o novela. Probablemente las dos cosas.


Alberto Torres Blandina
albertukituk@yahoo.es


http://www.revistateina.es/teina/web/teina15/lit8.htm


lunes, 4 de noviembre de 2013

Livres Hebdo. Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"




"Avec des moyens très peu spectaculaires (dialogues elliptiques, un périmètre d’action très réduit), Eugenia Almeida dont c’est le premier roman, installe une atmosphère de terreur sourde."

domingo, 3 de noviembre de 2013

La ronda de los jinetes muertos / Vlady Kociancich





Un niño perdido en las calles de El Cairo. Una viuda y sus cinco hijos. Un encuentro con una ex compañera de escuela y una oscuridad agazapada que vuelve con toda violencia. Un actor enfermo que resiste a duras penas para estrenar una obra de Shakespeare. Un remisero jubilado que se pone en contacto con su prima de Polonia. Una niña que muere en su cuna, una pareja que se separa. Un suicidio, una mentira, los modos de combatir la soledad. Los escenarios de la infancia –una infancia lúcida y tremenda, desencantada–, las distancias, los viajes. El pasado que vuelve, irrefrenable. Un pasado que puede ser secreto, promesa, resentimiento, vergüenza o nostalgia.

Todos los cuentos están atravesados por lazos familiares. Quizás porque, como queda evidenciado en estas historias, la familia es terreno fértil para los espectros y los fantasmas.

En dos de las historias se produce la escena de una persona que necesita hablar, sin importarle que quien la escucha no entienda su idioma. Y quien escucha sin entender permanece ahí, completa e intensamente, sabiendo que lo que se dice no necesariamente es lo central, sabiendo que lo que sostiene el mundo son los gestos de querer hablar y querer escuchar, que hay miles de formas de entenderse y decir lo único importante: “estoy aquí”.

Una prosa precisa y poética para hablar del mundo de lo cotidiano y de cómo las certezas están llenas de fisuras que pueden abrirse en cualquier momento.


Vlady Kociancich es una de las escritoras más potentes de la literatura argentina. Su habilidad para recrear climas y escenarios es envidiable. Un bazar en Egipto, un caserón en Banfield, un hotel en Bali, una cancha de fútbol iluminada por las luces de un patrullero. Todo se despliega ante los ojos y envuelve. 


Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Septiembre 2013



viernes, 1 de noviembre de 2013

EVENE: Comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"


 



"L’Autobus’ est un de ces courts romans dont l’aspect inoffensif dissimule en réalité une force tragique et une puissance critique insoupçonnées. L’intrigue se déroule comme une pièce de théâtre : le récit est en grande partie composé de dialogues, et se déroule dans un lieu clos, en l’occurrence un village du fin fond de l’Argentine. On suit les interactions d’un demi-douzaine de personnages principaux, qui vivent dans cet espace restreint soudain perturbé par une anomalie. La répétition et la monotonie de certains phénomènes rappelle Ionesco ou Beckett, tandis que la foule moutonnière (qui vient regarder tous les soirs le bus passer sans s’arrêter) agit comme un écho en répétant les informations glanées par les protagonistes majeurs, évoquant ainsi le choeur des pièces antiques. 

Au-delà de cette théâtralité explicite, l’écriture sèche et minimaliste d’Eugenia Almeida fonctionne par métaphores, multipliant les phrases bénignes au contenu implicite pour mieux illustrer la contamination lancinante de l’action et des esprits par la dictature. La dégradation du quotidien s’opère de manière très subtile, par petites touches imperceptibles qui, mises bout à bout, augurent un avenir sombre et sanglant. 

Par sa sobriété et son détachement, ‘L’Autobus’ réussit à placer un regard décalé sur les drames de l’Amérique du Sud."



par Mikaël Demets





miércoles, 30 de octubre de 2013

Relatos de misterio





El mundo de los fantasmas destroza, con su sola aparición, la aparente solidez de nuestras coordenadas de tiempo y espacio, exponiendo que eso que suele darle estructura a nuestras vidas es una de las tantas ficciones que nos rodean. Las experiencias con lo misterioso parecen relacionarse con las fronteras. Y quizás la frontera más cotidiana que tiene el ser humano es la línea que divide el sueño de la vigilia. No es casual que en muchos de los cuentos de este libro esa frontera se desdibuje (a través del insomnio, las pesadillas o los sueños premonitorios).

Los escritores incluidos en esta antología son clásicos del género. Y si bien sabemos que una vida nunca se resume a un sólo hecho podríamos jugar y decir que estas historias fueron escritas por el hijo de una prostituta (Akinari); un conde polaco que se suicidó con una bala de plata limada por él mismo (Potocki); un hombre al que llamaban “El príncipe invisible”, admirado por Henry James y Dickens (Le Fanu); un ruso que alentó a Tolstoi a que escribiera pero luego se enemistó con él y le retiró la palabra por 17 años (Turguéniev); un protegido de Flaubert que murió en un  manicomio (Maupassant); el hijo de un sacerdote convertido en anticuario y medievalista (Rhodes James); una estadounidense que durante la Primera Guerra Mundial viajó en motocicleta por las líneas del frente  (Wharton); un galés que catalogaba libros raros en el Museo Británico y que luego trabajó como actor (Arthur Machen) y un inglés que fue granjero en Canadá, minero en Alaska y periodista en Nueva York (Blackwood).


Estos relatos parecen recordarnos que, a veces, lo que uno ha esperado con ansia, con zozobra, con miedo o con impaciencia, solo puede llegar bajo la forma del fantasma.



Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Septiembre 2013


lunes, 28 de octubre de 2013

Comentario de Emanuel Rodríguez sobre "La pieza del fondo"


La verdad está en los otros

Emanuel Rodríguez      La Voz del Interior     



En ningún momento de esta novela la narradora se detiene a meditar, por ejemplo, ni se demora en alguna clase de ensayo, ni recurre a los modos contemporáneos de combinación entre ficción y opinión o ficción y compromiso social: en La pieza del fondo la acción avanza a una velocidad acelerada por la cantidad de diálogos y por el uso constante de oraciones cortas y descripciones brevísimas, y por el despliegue de una serie de intensas historias entrelazadas. Y sin embargo la novela no deja de ser mucho más que un libro de ficción, y provoca la sensación de estar frente a un ejercicio meditado, una reflexión humanista sobre los vínculos, la empatía, la solidaridad y la crueldad. Un libro amable acerca de lo abominable, como si para hablar del abandono, Eugenia Almeida se hubiera propuesto construir un refugio, o como si para hablar de la soledad se hubiera puesto en mente la invención de la compañía.


La desaparición de un mendigo es el punto de partida de la novela. Una moza que solía regalarle comida comienza a buscarlo, mientras un policía habla con él en la comisaría, antes de que sea trasladado a una clínica psiquiátrica. A esa clínica llega Elena, quien completa el grupo de personajes principales, un triángulo cuyos lados parecen estar dibujados por la capacidad de entrega, la empatía y la posibilidad de hacer algo por los otros. Esa parece ser la cuestión principal en la literatura de Almeida: la ocasión de ayuda, el riesgo de romper el hábito egoísta.

En La pieza del fondo todo ocurre “del otro lado” de las cosas: “del otro lado del vidrio, del otro lado de la calle”, “del otro lado del mundo”. Los protagonistas sufren la tragedia de no conocer al otro y aprenden a acercarse. “Lo que me desvela es no reconocer”, dice Elena. Y más adelante, dos capítulos consecutivos terminan con estas afirmaciones: “El peor dolor es el que siente el otro” y “La verdad está en los otros”. Sobre esos pronunciamientos la novela precipita su sentido humanista y construye el punto de encuentro de las anécdotas, un punto de choque que marca al mismo tiempo la máxima proximidad entre las personas y el inicio de su distanciamiento, uno de esos relámpagos que iluminan un árbol y simultáneamente lo queman, como si pusieran a prueba la madera a la que alumbran.