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martes, 15 de septiembre de 2015

Comentario de Milena Heinrich sobre "La tensión del umbral"




Una trama negra que desnuda las redes policiales

En La tensión del umbral, la escritora cordobesa Eugenia Almeida desmonta una trama policial pero también polí­tica sobre las redes del crimen y del poder en una ciudad cualquiera del paí­s, lejos de protagonistas heroicos, pistas misteriosas o investigaciones épicas y cerca de una preocupación que trasciende a la realidad, sin por eso resignar la tensión disparada por la pesquisa ficcional.


  
El suicidio de una mujer a plena luz del dí­a y en pleno centro urbano, frente a la mirada desprevenida de unos cuantos testigos, desata la conmoción de un periodista, Guyot, que a pesar de las sugerencias de las fuerzas policiales de desatender el caso decide investigar esa muerte incomprensible -un disparo en el pecho,- sin el aval del diario en el que trabaja ni el de sus informantes.

Con esa primera escena, Almeida despliega una narración policial y negra partiendo "de un lugar pantanoso: comprender un suicidio. Uno puede decirse un montón de letaní­as para soportar el dolor pero son muertes que nunca cierran en una explicación. Y más acá, que es un suicidio muy particular porque es del orden de lo público, de esos que irrumpen en el mundo de los otros y por eso deben leerse de otra forma", dice su autora a Télam.

Ocurre que en La tensión del umbral (Edhasa), el suicidio desnuda una trama de relaciones y mecanismos vinculados a las fuerzas de seguridad, el ejercicio de la ley y el rol de los medios de comunicación, o en otras palabras, "construcciones de poderes ocultos que funcionan como redes -memorias muy nuestras, ¿no?, se interrumpe- y cuando muere el malo, un segundo después hay otro en su lugar".

De alguna forma, "en el libro hay una linealidad con la realidad, con cosas que vivimos cotidianamente y que en la vorágine perdemos de vista", sostiene esta escritora de Unquillo, (Córdoba), licenciada en Comunicación social, autora de las novelas El colectivo, editada con creces en España, Grecia, Francia, Portugal, Italia y Austria; y de La pieza del fondo, además del libro de poesí­a La boca de la tormenta.

Con su tono pausado de canto cordobés, Almeida, de visita en Buenos Aires para presentar su última publicación, reflexiona acerca de su propia tarea, del modo en que realidad y ficción se encuentran: "Si tuviese que reflexionar sobre cuál es la mirada que me interesa abordar en mis libros dirí­a que es una mirada etnográfica, que se pare con una distancia de extrañamiento para ver lo cotidiano desde otro lugar".

Se refiere, por ejemplo, a que en Córdoba la policí­a "está siendo cuestionada y criticada, sobre todo después del acuartelamiento de 2014". Y a ella eso la interpela: "cómo funciona la cabeza de alguien que trabaja con ficción es un misterio pero sí­ sé que estoy muy atenta a la realidad cotidiana, leo diarios y aunque muchas veces son realidades que no me tocan, pasan a mi alrededor y un día me levanto diciendo `listo, hoy tiene que parar todo', pero nunca para".

Si bien su novela no se centra ni en la policí­a de Córdoba ni tampoco en las trampas de "un sistema que arrincona, en el que algunos tenemos privilegios mientras a otros se les violan permanentemente sus garantí­as individuales", Almeida propone una historia tan atrapante como despojada en la que desvela la cocina de las redes del crimen y del poder.

Para levantar esa trama de complicidades Almeida no eligió un personaje a lo Sherlock Holmes lúcido y audaz: "Me gustan los protagonistas que no son súper brillantes, sino gente común. Guyot no sabe todo, no es vivo, muchas veces es ingenuo y no logra ver que está desatando un dominó en el que las balas no le pegan a él pero le dan cerca".

En esta línea, la escritora cordobesa distinguida por El colectivo con el premio "Dos Orillas" que otorga el Salón del Libro Iberoamericano de Guijón, explica -acaso sea esa la razón que mantiene en vilo su lectura- que "la novela no ofrece resquicios ni proceso heroico, los personajes van descubriendo que tienen menos espacio vital para moverse, están arrinconados y deben elegir qué hacer".

Es que "la dominación se vuelve completa cuando el miedo está sobre el otro y el otro sabe que no debe moverse. Las redes organizadas se construyen no solo con gratificaciones, sino con presiones, advertencias, secuestros", dice la autora, de ahí que como narradora le "interesan mucho los gestos pequeños de las personas, en esta novela dentro de esas redes".

Y como narradora de ficción la convoca también "pasarla bien, estar metida en la historia y poder circular dentro de ese mundo" pero sobre todo "permitirme lo que sea porque siempre hay tiempo de tachar y corregir. Para mí escribir literatura es un espacio de libertad y lo cuido como tal".

¿Y qué no te permitís? "Cuando algo me complace demasiado. Para mí lo primero es la historia, el resto no importa. Y tampoco me permito intervenir demasiado en el relato, las cosas no son como yo quiero. Está bien, es claro que yo tengo opinión sobre todo pero en la novela no me permito que aparezca porque creo que el narrador despliega un escenario, no baja línea". "Y tampoco me permito - reflexiona y resume Almeida- dar cosas por sentado. El día que te dejás de maravillar se acabo la magia. Me gusta desnaturalizar las cosas, generar un efecto de extrañamiento y pensar que desde la ficción puedo traer algo de la cotidianidad desde otro lugar y con otra historia, y que de alguna manera haga un eco en la realidad".


Milena Heinrich
http://www.telam.com.ar/notas/201507/114300-una-trama-negra-que-desnuda-las-redes-policiales.html



Una de esas cosas que ofrece la Feria del Libro de Córdoba y que no hay que dejar pasar.









lunes, 14 de septiembre de 2015

Comentario de Esteban Maturin sobre "La tensión del umbral"






Una radiografía negra


Eugenia Almedia nos ha sorprendido, y no es la primera vez. Acaba de aparecer en las librerías cordobesas su tercera novela, con un título difuso: podría corresponder a un libro de psicología. Incluso “La tensión del umbral”, si no estuviera publicado en la excelente serie de Edhasa Literaria, con su icónico azul marino en el lomo y en la portada, podría pasar por un libro técnico. De arquitectura, por ejemplo. Y ahora que lo pienso, en esta novela de Almeida hay algo de arquitectónico, y mucho de psicológico, así que quizás el título no sea tan difuso, finalmente.

Porque es un novelón, de cabo a rabo, con una larga y concienzuda investigación sobre las metodologías represivas (militares y policiales); sobre la historia política reciente; sobre la vida pública (y la no pública) de los medios de comunicación; y sobre las relaciones del poder político con todos ellos. Además, una exhaustiva visita a los elementos característicos del “noir”, ubicados cada uno en su punto justo. 

Pero hay, además, ese aditamento que convierte a una buena receta en una jugosa y apetecible cena. De los ingredientes de género, está la muerte de “etiología dudosa”, por supuesto, y el plus aquí es que, a todas luces, es una muerte clara: un suicidio, con arma de fuego, a peno sol y en medio de la calle, con testigos oculares. Sin embargo, la trama inmediatamente instala la duda, y el lector acompaña ese titubeo de los acontecimientos de una forma tan natural como acompañará página tras página, hasta completar en algunas horas –si ha podido, sin detenerse- las trescientas de la novela. 


Retratos conocidos

Otros de los elementos estándares en el género: el ratón de biblioteca, el barman que es casi de la familia, el poli bueno, el poli malo, el periodista con conflictos de conciencia y de historia. Todos, insisto, con un plus, un agregado que los saca de la mera enunciación de rasgos distintivos y los ubica en una realidad material, urbana, citadina. Y de una ciudad concreta, porque Córdoba es casi un personaje más –a la que nunca se nombra por su nombre, pero todo la nombra en cada nombre- en esa trama que gira sobre sí misma, se enreda en nuevas vertientes, en meandros barriales (¿General Paz, Alta Córdoba, Alberdi...?), inquilinatos, bares, veredas conocidas, recorridas a diario. La familiaridad del lector con el escenario empuja a buscar conexiones: a algunos personajes dan ganas de ponerle el nombre que les corresponde en la vida real. Y el apellido. Pero ya se sabe que, en la buena literatura, como ésta, todo parecido con la realidad es mera coincidencia. O no.
Y en medio de esa jungla de perdedores, como corresponde a una novela policial que se precie, destacan dos figuras tutelares: una mujer mayor, psiquiatra retirada; y un hombre de muchos rostros y muchos nombres (que me apuesto doble contra sencillo que retrata a un militar retirado, un coronel tal vez). Ellos, voluntariamente o no, serán los encargados de tirar de la cuerda hasta su máxima tensión. 


Temas tensos, lectura relajada  

Eugenia Almeida ya nos había sorprendido hace una década, con “El colectivo”.  Aquella primera novela se alzó con el premio del Salón Iberoamericano del Libro, en Gijón, España, y es de una sencillez bellísima. Córdoba vuelve a ser el escenario (en este caso, la Córdoba del interior). En un pueblito pequeño de las sierras, en plena oscuridad represiva de los años ’70, el colectivo, ese lazo de comunicación y de movilidad desde y hacia el pueblo, deja de parar. Sigue pasando todos los días, como siempre, pero no para y no sube ni baja pasajeros. Los vecinos comienzan a hablar, a  impacientarse. Y a sospechar unos de otros. Y Eugenia Almeida utiliza ese simple hecho para narrar y reflexionar sobre las relaciones humanas y, por elevación, sobre las marcas de la dictadura cívico-militar que asoló la Argentina en esos años. Las sospechas, la paranoia, comienzan a dar cuenta de un tejido social resquebrajado brutalmente por la violencia del gobierno militar. 

Y esa creación de atmósferas, de reacciones sugeridas, de preguntas, Almeida vuelve a lograrla, desde otra perspectiva, en “La pieza del fondo”; su segunda novela, que quedó finalista del Premio Rómulo Gallegos en 2011. Aquí la imagen aún es más simple que la de aquel pueblito serrano: un viejo en un banco de la plaza. Todos los días, todo el día, en su esquina del banco, entre las palomas. Una postal repetida hasta el milímetro en cualquier ciudad. Pero hay alguien que lo mira y lo ve, y esa mirada transforma la situación ordinaria, tanto para el viejo como para quién lo mira, como quedará claro cuando esa postal se descompagine ante la ausencia repentina del viejo, y la búsqueda que dispara el hecho de haber desaparecido de su esquina en el banco de la plaza. 

Emanuel Rodríguez, conversando con Almeida a propósito de “El colectivo”, escribió que “la literatura referida a la última dictadura en la Argentina ha atravesado dos etapas: una testimonial, urgente, inmediata a los acontecimientos, caracterizada por la denuncia explícita de la violencia de Estado y de las atrocidades cometidas por las fuerzas públicas. Es la literatura producida a partir de 1983, y que atraviesa los ‘80 y los ‘90. Hacia finales de esa última década, comienza a escribirse otra literatura, en un tono mucho más marcado por la reflexión crítica en torno de los años de militancia.” Y marca la diferencia que establece la novela de Eugenia Almeida, que “no adscribe a ninguna de estas tradiciones: habla de la dictadura sin hablar específicamente de ella, da cuenta del horror sin recurrir a las herramientas que habitualmente hacen explícito ese horror”. Como las novelas de Juan Marsé, que tratan todas del franquismo, sin nombrar a Franco ni una sola vez.  

Y algo muy parecido habría que decir de “La tensión del umbral”: está el poder, está la corrupción delictiva y están los intrincados vasos comunicantes entre esos dos mundos, pero no se los nombra directamente: parecen el marco, el decorado. Pero son el centro. 

Como en sus dos novelas anteriores (también publicadas por Edhasa en la serie de los bordes azul marino), “La tensión del umbral” es una obra inteligente, sutil, llena de diálogos en cada página, con una sensibilidad fina en la película que expone a los rayos X de la narrativa. Porque Eugenia Almeida no toma una foto, sino una radiografía. Desvela, a un ritmo sostenido, apasionante, el interior de un cuerpo social en tensión. Y la radiografía resultante no sólo es un thriller “noir” por cuestiones de género, sino un diagnóstico oscuro, inquietante.   



Esteban Maturin
 Diario HOY DÍA CÓRDOBA
06 Agosto 2015



http://www.hoydia.com.ar/magazine/8601-una-radiografia-negra




Absolutamente recomendado







Taller de interpretación para cantantes
19 de septiembre

Alto General Paz - Córdoba



sábado, 12 de septiembre de 2015

Comentario de Emiliano Sued sobre "La tensión del umbral"





Los capítulos se suceden como escenas cinematográficas, con un narrador omnisciente que interviene e informa poco; que se retira y deja al lector a solas con los personajes. La novela de Almeida bosqueja el secreto mundo criminal originado en las fuerzas de seguridad de los años setenta, que luego de décadas de sangre y negocios mafiosos, aún puede hacer sonar su pólvora.”


Emiliano Sued
Diario LA NACIÓN
09 – 08 – 2015




viernes, 11 de septiembre de 2015

Lectura de poesía en la Feria del Libro de Córdoba




SÁBADO 12 de septiembre



16hrs: Juan Tardivo- Elena Anníbali –Martín Maigua-


17hrs: Homenaje a Rodolfo Godino
Julio Castellanos –Claudio Amancio Suárez- Cuqui Oviedo


18hrs: Daniel Samoilovich – Gabriela Halac


19hrs: Raquel Garzón - Eugenia Almeida


20hrs: Esteban Moore – Leandro Manuel Calle


21hrs: Cierre del Espacio Poesía con 
"Mi tropa está en la huella" a cargo del grupo Pan Comido Poesía y El Mano.



jueves, 10 de septiembre de 2015

Comentario de Silvina Friera sobre "La tensión del umbral"




“Negra, oscura y estremecedora novela policial, “La tensión del umbral” coloca a los lectores en el límite o punto exacto en que un asesinato se convierte en suicidio."


Silvina Friera
Página 12


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-36190-2015-07-27.html

miércoles, 9 de septiembre de 2015

martes, 8 de septiembre de 2015

Retrato de Eugenia Almeida: una mujer sencilla (José Playo)




Eugenia Almeida es escritora, pero casi fue cantante. Se define ermitaña y dice que con escribir y leer le alcanza para ser feliz. Acaba de publicar su tercera novela, el policial “La tensión en el umbral”.


Por José Playo


El cenicero que usa Eugenia tiene forma de pez pequeñito. Es el que está vigente desde que se propuso dejar de fumar. Y estuvo cerca de lograrlo, pero sucede que tras las inundaciones en las Sierras Chicas, este verano, la angustia hizo que el vicio se empantanara en la casa de Unquillo. En lo que dura la charla, el pez pequeño se come sin chistar tres colillas. Y a medida que avanza la tarde, la luz que pasa por las ventanas se pone más azul que el cielo.

Eugenia Almeida vive en un presente continuo que se parece mucho al que hubiera deseado plantearse como objetivo si fuese la clase de persona que se planteara objetivos a mediano plazo. Pero no es su estilo. Para ella alcanza con que haya una estufa rusa (que es la prima hermana de una salamandra), unas paredes de madera, un buen puñado de amigos que entiendan sus ganas de estar en soledad con sus libros, y un trabajo que permita mantener su esquema de lecturas y escrituras en movimiento. 

Sobre el final de la charla, confesará que este presente se parece mucho a lo que deseaba cuando fantaseaba con un estado ideal: tener tiempo para leer y para escribir. Que su trabajo sea precisamente eso. Mientras tanto, debajo de esta charla de siesta de mes de julio, la fuerza centrífuga de su voluntad se encarga de mantener a raya los detalles de su vida familiar. No hacen falta esas pinceladas para su retrato. Bien guardados pueden quedar también los recuerdos laborales de fregar pisos con lavandina, puesto que para pintar el presente de Eugenia no es necesario reconstruirla con pinceles tan meticulosos. Sí se puede decir que, de no haber sido porque la timidez le jugó una mala pasada, hoy tal vez este retrato bien podría ser el de una cantante y no el de una escritora. 

Así de caprichosa es la suerte: “Cantaba en los pubs, sí. Te hablo de los años 1987, 1988, 1989. Cantaba temas míos. Recién arrancaban los pubs –cuenta Eugenia–. Empezaba Pizarrón en la Duarte Quirós. Empezaba toda esa movida. Cuando estaba terminando la secundaria grabé algunos demitos caseros, pero no pasó de ahí. La última vez que canté fue en un recital con mi amigo Fede Comín, creo que en el año 2002, en Alta Gracia. Después de eso, nunca más”, resume. 

Eugenia cambió la voz del micrófono por la voz narrativa. Pero no se trató de una decisión consciente. Se encargará varias veces de aclararlo. Lo que la escritora hace no responde, la mayoría de las veces, a la traza de una voluntad, sino a una simple consecuencia. Alcanza con repasar su formación como lectora. 


Leo leo 

“Cuando era chica, recuerdo, mi vieja tenía una biblioteca modesta pero muy interesante –explica Eugenia–. Por mi parte, tengo un ritmo de lectura endiablado; en casa no había holgura, así que se encargaba de pedir prestados los libros a sus compañeros de trabajo y todos colaboraban. Y cuando se podía, se compraban algunos. De grande estudié Letras un año y medio. Después dejé la carrera y durante mucho tiempo seguí inscribiéndome todos los años nada más que para sacar libros de la biblioteca. La biblioteca de filosofía me ha salvado literalmente en momentos difíciles”, confiesa. 

La pasión de Eugenia por la lectura la llevó a leer, por ejemplo, libros de física, con los que pudo comparar las predicciones futuristas de los libros de ficción. La enumeración de materias y disciplinas es casi tan amplia como el entusiasmo por conocerlas. Para ella, el proceso de esas lecturas también fue a la par de la escritura, no como una intención de crear una obra, sino como una manera natural de experimentar las dos instancias de un mismo viaje. 

Mientras tanto, la joven Eugenia debía atender al mandato social y tenía que terminar una carrera, ya no sólo por el placer de una lectura, sino por la necesidad de tener bajo el brazo un título que le permitiera entrar en el mundo profesional en el que se desenvolvía el resto de los mortales: “Cuando decidí estudiar comunicación lo hice en función de qué carreras se podían cursar de noche en la Universidad Nacional y gratis –explica Eugenia–, ese era mi parámetro; yo laburo desde muy jovencita y necesitaba una carrera que pudiera cursar después de las seis de la tarde, cuando salía del trabajo y tenía tiempo libre”. 


Fórmulas sencillas

La contabilidad de Eugenia tiene la simpleza de los ábacos infantiles, y a la manera en que esas cuentas de manipulación sencilla dan resultados claros, para ella, la tranquilidad económica se obtiene cuando puede comprar un libro, cuando sus finanzas le permiten entrar en una librería y llevarse bajo el brazo el texto que quiere. 

Esa forma de ver la vida está impresa en el envés de su mirada, en la pausa que se toma para pensar la respuesta adecuada a una pregunta prejuiciosa, y a la forma precisa de corregir una afirmación equivocada por parte de quien ha malinterpretado una manera de vivir y sentir, confundiéndola con una mera postura. “Escribo desde que me acuerdo, como una variable de leer, como parte del mismo placer. Desde que aprendí la técnica, jamás pensé en convertirme en autora, ni siquiera cuando compartí algunas cosas con otra gente. Es más, nunca pensé en publicar, de hecho la primera publicación me agarró por sorpresa”, dice. 

Eugenia se refiere a la publicación de su ópera prima El colectivo, novela con la que ganó en 2005 el Premio Internacional de Novela del Salón del Libro de Gijón, España. En ese momento, Almeida era una escritora inédita que todas las noches llegaba de su trabajo y se ponía a engordar una novela por puro placer. Una amiga le pasó las bases del premio. Era una locura, había que imprimir, anillar, mandar a España. Un platal. 

“Volví del correo diciéndome ‘qué boluda, qué boluda’”, recuerda Eugenia. Sin saber que ese mantra se convertiría al poquito tiempo en la posibilidad cierta de su nombre dentro del catálogo de una editorial internacional. Sin proponérselo, y sólo a fuerza de escribir palabra por palabra, había conseguido hacerse un lugar.


Presente

“Vengo bastante conforme con mi vida en general; cada vez trabajo más en áreas que tienen que ver con los libros, toda mi vida leí como una desgraciada, y ahora me dan unos mangos para que cuente qué me parecieron. Hace unos años me quejaba porque me hacía mal la lavandina con la que tenía que limpiar casas que no eran la mía y ahora trabajo en relación a los libros, que es lo que siempre hice por placer. Y si alguien me dice algo, puedo decir ¿sabés qué? Estoy trabajando. Eso para mí es un gran sueño. Y además puedo escribir”. 

Eugenia le da de comer una colilla más al pez antes de seguir. Le falta hablar de su última novela, La tensión del umbral, un policial que comienza con un suicidio en medio de la calle. Una investigación con un periodista sobrepasado por el caso. Comenzó a escribirla en 2010 en Francia, y ya está lista. 

“Mi disfrute está en escribir –explica Eugenia–, pero lo que me a mí me sacude no es la carrera en sí, sino el encuentro con los lectores, que me digan ‘che, leí esto y me gustó’, o ‘che, se me ocurrió por qué no hiciste tal cosa’; porque es lo que me pasa a mí cuando leo. Entonces, en un mundo desastroso como este, lleno de violencia, algo que me produce mucho placer puede darle a alguien más un buen rato, ¡qué más puedo querer! Escribir no es mi trabajo, es mi placer, es lo que soy”. 

Mientras la siesta va calentando el aire de Unquillo, Eugenia ensaya formas de contar historias nuevas al amparo de una soledad que cultiva como ella sabe y necesita en ese reino que ha sabido conquistar en su cueva. 

Eugenia podría dejar de fumar. Podría encender un fuego. Si no lo hace es porque hay una fuerza centrífuga invisible en su interior que escapa al entendimiento de la mayoría. En esa geografía lejana tiene todo lo que necesita. Una estufa que responde cuando hace falta, un pez discreto que abre la boca sin chistar. Y amigos que tienen las coordenadas precisas para encontrarla si es necesario. 







lunes, 7 de septiembre de 2015

Comentario de Roxana Bavaro sobre "La tensión del umbral"






“Un policial que me sorprendió ampliamente (…) Es un libro distinto, único. Buena literatura. (…) Nos hace pensar en cosas que pasan todo el tiempo y uno no se da cuenta de que están pasando. El final es uno de esos finales inquietantes de los que te dejan sorprendido, suspendido en el aire. (…) Realmente vale la pena.”


Roxana Bavaro 
Programa ¨Hay que decirlo¨ - Radio Uno FM 
25-07-2015


jueves, 3 de septiembre de 2015

Comentario de Maximiliano Legnani sobre "La tensión del umbral"






“Acabo de terminar esta novela policial electrizante, que te deja paralizado y habla de la Argentina más oscura.”


Maximiliano Legnani  
Radio Rivadavia / FM Uno




martes, 1 de septiembre de 2015

Entrevista de Matías Méndez (Infobae)


"No creo en los héroes en la literatura"

La aclamada escritora cordobesa habló con Infobae sobre su nueva novela, "La tensión del umbral", en la que se prueba en el género policial.





Matías Méndez 

Hace una década, Eugenia Almeida juntó unos pesos e imprimió su novela "El colectivo" y, sin ninguna esperanza, la mandó por correo desde su pueblo cordobés Unquillo hacia España para participar en un concurso. Esa decisión le cambiaría la vida. Su primer libro ganó el Premio Internacional de Novela "Dos Orillas" organizado por el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón y con el premio accedió a ser traducida a cuatro idiomas. Cinco años después, Edhasa la publicó en Argentina y críticos y lectores le dieron una cálida bienvenida (lleva editada tres ediciones). "La pieza del fondo" es su segunda novela y en abril de este año dio a conocer su primer libro de poesía "La boca de la tormenta".

Este mes Edhasa distribuye una nueva obra de Almeida, "La tensión del umbral", que marca su debut en el género policial. Como lo dictan las reglas del género, la historia se inicia con un cadáver: una mujer se mata en la puerta de un bar y a partir de ahí el misterio llegará hasta la última página. Un periodista, Guyot, intentará desentrañar las razones e indagará en las conexiones oscuras entre policías y personajes poderosos y criminales que no tendrán pruritos para sembrar de muertos su camino. Como en sus libros anteriores, Almeida trabaja sobre los silencios que atraviesan una comunidad, compone una polifonía narrativa a través de múltiples personajes y narra con la destreza y la precisión de los que saben mirar el cuerpo social. La autora reflexiona sobre el poder y sobre los mecanismos sociales que llevan al suicidio en una novela que lleva la tensión hasta la última línea.

"La tensión del umbral" no sólo es un libro que los lectores esperaban: es muy posible que también sea una de las obras que marquen el 2015.

-Pasaron diez años de tu primera novela, "El colectivo". ¿Que pasó en esta década en la que tu obra empieza a consolidarse con tres novelas y un libro de poesía?

Es difícil pensarlo a lo largo de los años. "El colectivo" lo terminé en 2005 pero la publicación en Argentina llegó en 2010 y entonces ahí hay un recorrido más reciente. Estoy feliz de poder seguir proponiendo cosas y poder presentarla con Edhasa, que es una editorial que siento que me respalda y me acompaña que ha hecho todo este recorrido conmigo.

-Tus libros tienen la particularidad de haber sido traducidos que es algo que no es fácil lograr para muchos autores argentinos. ¿Cómo es leída tu obra que uno puede juzgarla como "bien argentina"?

Con "El colectivo" tuve una suerte particular porque ganó un premio que implicaba la traducción a cuatro lenguas y eso hizo que algunos editores europeos pudieran conocer el trabajo y se interesaran por "La pieza del fondo", que es mi segunda novela y ahora por esta, que no sé si sale este año o en el primer trimestre del año que viene en Francia. El tema de las traducciones es apasionante porque ahí aparece ese otro personaje que es el traductor, al cual uno le confía todo para que haga posible un libro en francés o en cualquier otro idioma. Es muy interesante la devolución, con "El colectivo" me pasó al principio cuando hice una gira por algunas ciudades europeas que pensaba que era una historia argentina y decía ¿qué pasa que en esta historia se enganchaba la gente? y venían lectores y me comentaban algo. En ese recorrido empecé a ver los países en donde había sido traducido: en España no hace falta explicar lo que ha sido una dictadura, creo que tienen el récord de duración; en Grecia también habían pasado lo mismo; en Portugal igual; en Francia no había una dictadura pero tiene su historia con Argelia o con el régimen de Vichy. Hay historias que nos involucran a todos de alguna manera y que las historias que se repiten por ahí van cambiando las modalidades de país en país. Por ejemplo, a mí me gusta Kundera y uno podría decir que "La Broma" es una novela típicamente checa. O no, podría ser típicamente argentina también.





-Si uno piensa sus tres novelas puede arriesgar que hay tres marcas que la caracterizan: la sensibilidad, el uso de los silencios no sólo en términos narrativos sino también en expresar los silencios que existen en la sociedad y, por último, una estructura que escapa a lo lineal y que siempre abre diferentes ventanas para construir el texto ¿Coincide?

Las tres cosas que mencionás tienen que ver con una forma de ver el mundo. Creo que hay una cierta sensibilidad que tenemos mucho y que se relaciona con el silencio, con la posibilidad de hacer silencio para escuchar, de poder detenerse para ver lo que sucede. De hacer espacios, si estoy toda yo ocupando el espacio, no hay nada de afuera que me pueda tocar, no hay espacio para que entre lo otro. Respecto de lo cronológico, desconfío mucho no sólo en la literatura sino también en la vida en general, de esta estructura ordenada de pasado, presente y futuro. Las cosas que pasan todo el tiempo están violando esa estructura, que es una estructura que nosotros tenemos para estar tranquilos y creer que podemos predecir que lo que hemos hecho en el pasado va a afectar el presente. Es como esa vieja cosa que percibí en la infancia como un mandato, al bueno le va bien y con el paso de los años uno ve que el mundo no está regido por ese tipo de justicia o ese tipo de ordenamiento, como pasado, presente y futuro. En países donde pasan cosas fuertes, los ecos no se los puede pensar como hace treinta años pasó una dictadura, por ejemplo y ahora pasa tal y tal cosa. Las cosas son mucho más acuáticas, estoy pensando en algo que va corriendo y va metiéndose en las grietas y va a atravesar lo que sea.

-¿Esto está vinculado al trabajo que usted hace con los personajes? En sus novelas, y en esta en especial, siempre hay muchos que componen una polifonía especial.

Quizás ahí lo que esté jugando sea algo de la educación y de mi infancia: el tratar de tener siempre presente que no hay protagonistas y extras en la vida y en el mundo. Las historias siempre son colectivas, siempre se van construyendo en base a diferentes voces, a diferentes cosas. Esto no es algo que yo planeé, no es que digo voy a escribir una historia y voy a tener varios personajes y que uno no pueda decir cuál es el protagonista, cuál es el central, sino que es un poco la manera en la que pienso la vida. Es algo que me sale.

-Siempre recuerdo que cuando la entrevisté sobre "El colectivo", usted me contó que le cuestionaban que no había héroe.

No creo mucho en los héroes, creo en una sucesión de pequeños gestos y de decisiones que vamos tomando en el cotidiano que construyen realidad. Un héroe implica pensar en una historia contada por una voz, un único protagonista y me parece que las cosas se construyen comunitariamente.

-¿Cómo fue el trabajo de escribir su primer policial?

Apasionante. La intensidad a la que me obligaba la disfruté mucho. En general, trabajo sin planes y voy viendo lo que pasa a medida que va sucediendo, y eso implica en un policial volver mucho hacia atrás y corregir mucho, porque el género exige ciertas cosas que en mis otras novela podía dejarlas pasar. Fue un trabajo mucho más exhaustivo y diferente. Siento como si hubiese hecho otra cosa que no fuera escribir un libro, como si necesitara una palabra diferente para esto.





-¿El plan original era escribir un policial o fue ese devenir que cuenta el que la llevó?

Apareció. De entrada no lo pensé, sí el libro inicia con una imagen que puede ser la típica de un policial, hay un cadáver y hay un misterio. No se me ocurrió que venía por ahí. Cuándo comenzó a desarrollarse la historia para mi evidentemente era este formato. Soy muy lectora de policiales, es un género que me gusta y que he leído mucho y de muy diferentes tipos.

-En su libro hay suicidios, que en las últimas décadas en Argentina se han multiplicado en los casos vinculados al poder. ¿Escribió pensando en eso?

No lo pensé estrictamente relacionado con la historia argentina, pero sí en pensar el tema del suicidio. Cuándo uno lo piensa, siempre lo piensa como el ámbito de lo más íntimo, es un gesto tan personal y privado. Hay muchos suicidios que son sociales. En este caso, es un suicidio muy raro pero no está puesto en duda que sea un suicidio, pero es un suicidio que implica algo que no es del ámbito de lo privado solamente. El tema del suicido es un tema que me preocupa, que me convoca y sobre el que he leído mucho porque me parece un acto inexplicable, no en el sentido de no admisible, inexplicable en el sentido de que estamos acostumbrado a que nuestras acciones puedan justificarse. En el suicidio al estar ausente el principal protagonista de la acción, sólo puede haber versiones alrededor de eso. Los que hablan siempre son los que quedan, no el que se fue.

-Hay otro tema que atraviesa su novela: la relación de los medios de comunicación con el poder y, volvemos a los silencios, aquellas cosas que no se dicen o que no se publican a pedido de los poderosos ¿Por qué le interesó poner su mirada en eso?

Me interesan todos los circuitos de poder que no están estrictamente explicitados. Si me dicen la Presidente tiene el poder, sí por supuesto lo tiene porque ganó las elecciones, pero me interesa ver esos circuitos de poder que no están a la luz, que no se rigen bajo nuestro régimen democrático, de los cuales no participamos y de los cuáles muchas veces somos o víctimas, o mercancía.

-Ahí puedo descubrir tus lecturas de Foucault.

Foucault lo vio muy claramente hace mucho tiempo y con mucha claridad. Vio muchas cosas: los dispositivos de prisión, el tema de la locura, la sexualidad...

-Hay una afirmación recurrente a lo largo del texto: quiero entender. ¿En esa búsqueda está la indagación de la novela?

Este personaje que es Guyot está persiguiendo eso y es curioso porque no dice quiero saber la verdad, dice quiero entender. Es de otra órbita eso. Es muy difícil entender ciertas cosas, para empezar un suicidio, pero además es muy difícil hacer una lectura absolutamente lúcida de la realidad. Así como dicen que percibimos un 7% de los estímulos que podemos recibir porque el cerebro necesita tener un límite para procesar, si percibiéramos todo estallaríamos. Estoy pensando en "Funes el memorioso". Pobre que no puede olvidar que es lo que necesitamos para poder recordar algunas pocas cosas. En eso nuestra capacidad de entendimiento está limitada. A veces uno quiere entender en términos humanos lo que es inentendible. Hay un momento en la novela donde uno de los personajes dice el suicidio no tiene explicación, es puro acto. Muchas veces queremos procesar desde la comprensión, pero la comprensión juega con reglas raras, es la racionalidad.

-Usted lleva la tensión hasta las última líneas de la novela. ¿Así lo planificó?

Sí, es algo que a mí me gusta como lectora de policiales. Una vez que subiste no podés bajar, en otro tipo de novela uno puede moverse un poco, pero aquí algo que exige el género es que si uno llegó a un grado de tensión, si la afloja el lector se puede ver defraudado. Pero más allá de la regla del género, a mí me gustan las novelas que mantienen esa cosa tirante hasta el final y, además, me parece que en la historia y en la vida hay tensiones que no se resuelven nunca.**




Parte de la entrevista puede verse en video en el siguiente link:

miércoles, 19 de agosto de 2015

JORNADAS DE INVESTIGACIÓN sobre HUMOR



JORNADAS DE INVESTIGACIÓN 

INNOVACIÓN, RUPTURAS Y TRANSFORMACIONES 
EN LA CULTURA HUMORÍSTICA ARGENTINA

21 Y 22 AGOSTO 2015

El Grupo de Investigadores del Humor (radicado en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba) invita a participar en las Jornadas de investigación. Innovación, rupturas y transformaciones en la cultura humorística argentina, que se realizarán en la ciudad de Córdoba los días 21 y 22 de agosto de 2015. En la ellas expondrán especialistas en cuestiones del Humor de nuestro país y otros países latinoamericanos con el fin de intercambiar procesos y productos de investigaciones. 

Además de las mesas de expositores, contaremos con la presencia de dos investigadores de amplia trayectoria quienes brindarán sendas conferencias acerca de la cuestión del humor desde sus propias perspectivas. Dichos conferencistas son Oscar Steimberg y Jorge Dubatti. El primero de ellos, brindará una disertación titulada “La historieta de todos los días. Sátira y humor en los bordes de la prensa periodística”, el viernes 21 de agosto a las 18:30 en el Aula 3 del Pabellón República Bolivariana de Venezuela (Casa Roja); mientras que Jorge Dubatti disertará sobre “Tradición e innovación en el humor teatral (casos de Buenos Aires, siglo XXI)” el sábado 22 a las 16:30 en el Aula 1 de Casa Verde.



Todas las actividades son libres y gratuitas. 


Programa Completo de la Jornadas: click aquí

Consultas: jornadasdehumor@gmail.com



miércoles, 12 de agosto de 2015

jueves, 6 de agosto de 2015

Entrevista de Osvaldo Quiroga en Otra trama - TV Pública




Otra trama es un espacio dedicado a la cultura en sus múltiples expresiones. 
Conducido por Osvaldo Quiroga, cada entrega nos ofrece un ameno recorrido por el mundo de la literatura, el teatro, las artes plásticas y las expresiones culturales. 
A través de entrevistas e informes, se difunden las novedades y se realzan las obras maestras de nuestra cultura nacional.

http://www.tvpublica.com.ar/programa/otra-trama