jueves, 21 de noviembre de 2013

Niebla





Pueden esperar todo de mí.  Porque yo ya no espero nada de nadie. Quizás suene como amenaza. No es eso. Es una promesa. Casi. Una probable certeza.

No busco nada. Aunque parezca. He dejado de mí, atrás, lejos, toda huella. Lo que podría haber hecho sobre el mundo, hoy, es esto: lo que no busco. Soy la batalla. Imperceptible. No hace falta que vengan a verla.

Yo sé mi nombre, y los que comen conmigo. No hay mucho más. Comida. Cuando aparece el día, cuando vienen a arrastrarse las piedras, cuando hay cierto alivio en dejarse caer, ¿hay algo más?

Vengo a decir pero no recuerdo. Me espero. Traigo la sombra, la anudo en la bicicleta. No la arrastro, no. Yo no obligo a nada. A nadie.
No obligo.

He renunciado a lo que no tenía. Vengo a buscar lo desechado, lo hecho a un lado. Así me llamo.

Traigo, de lo oscuro, lo que aún se mueve. Antes de que las cosas desaparezcan, laten. Una manzana negra late como un enfermo. Te llama, te grita, te dice. Hay que asomarse a escuchar cómo chillan las cosas a punto de desaparecer. Saben que uno, algunos, nosotros, yo, estamos buscando ese ruido como perros.

Cansados pero infalibles. Oídos afinados en la miseria. Tenemos así, los oídos perfectos de un músico enloquecido. No digan que no entienden. Claro que no entienden.

Hay que haber visto cómo vienen los carroñeros a pelearnos la bolsa, cómo enroscan los picos en el nylon para quedarse con algo. Pelean. Pero los dejo. Son los que son desde siempre. Yo, en cambio, nosotros, hemos venido desde tan antiguo para ser esto. La comida, el pico, la mirada, el nylon. ¿A quién le importa?

Soy la batalla. Niebla. Niebla sobre las cosas.


Eugenia Almeida


Publicado originalmente en Tiempo Argentino
Septiembre 2012





5 comentarios:

  1. Bello, bellísimo texto, Euge, de una densidad y amargo lirismo transmitido con las palabras justas. Las que caben en nuestros propios huecos. Como en la estructura del poema, el equilibrio exacto. Un enorme, enorme, abrazo.

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  2. ¡Gracias, Isabel! Esta fue una invitación de Tiempo Argentino. Desde el diario proponen tres imágenes, uno elige una y escribe. Así salió. Un abrazo.

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  3. hermoso!! lo primero que se me ocurre es: somos sujetos del lenguaje.
    Hay música en las palabras que atraviesan al que lo lee.luz

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