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miércoles, 7 de mayo de 2014

Fantasmagoriana







Junio de 1816. Cuatro amigos conversan después de la cena. Lord Byron, el dueño de casa, propone que cada uno escriba una historia de terror. Están en Villa Diodati, a orillas de un lago, en la ciudad de Ginebra. Afuera hay una gran tormenta.

Polidori es el médico de Byron. Escribe una historia en la que una mujer es castigada por su indiscreción. El poeta Percy Shelley comienza un relato pero no lo termina. Byron también deja el trabajo por la mitad.

Mary Wollstonecraft no logra dar con una idea que la entusiasme. Su amante, Shelley, le insiste para que no desista. Unas noches después, a raíz de otra conversación de sobremesa, Mary, de sólo 18 años, se topa con el germen de la obra que la convertirá en un clásico. Escribe un cuento que luego se convertirá en novela. El personaje principal se llama Frankenstein.

Aquella noche quedó grabada en la historia de la literatura no sólo por la aparición del mítico monstruo. El cuento que Byron había dejado sin terminar fue retomado años después por Polidori. Su relato será considerado la primera narración en lengua inglesa en la que aparece un vampiro.

Los cuatro amigos son reunidos en la antología Fantasmagoriana pero no con lo que escribieron aquel junio de 1816 (salvo en el caso de Byron). El libro incluye una narración de Percy Shelley, el relato inconcluso de Byron, la reelaboración que escribió Polidori y un cuento de Mary Wollstonecraft Shelley posterior a “Frankestein”.


Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Marzo 2014




lunes, 5 de mayo de 2014

Maman à Paris: comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"



L’autobus de Eugenia Almeida


Un bus collectif ne s’arrête pas dans un village plusieurs jours de suite, faisant naître une situation étrange où le quotidien déraille, où les personnages semblent être devenus des marionnettes.

Une réflexion subtile sur le pouvoir et la manipulation, un premier roman bien ficelé.


http://www.mamanaparis.fr/L-autobus-de-Eugenia-Almeida,600


sábado, 3 de mayo de 2014

Villa / Luis Gusmán




Perón agoniza, hay una manifestación en Plaza de Mayo, el doctor Villa observa desde una ventana. Su trabajo en la Dirección de Aviación Sanitaria cambia día a día. Su jefe ha caído en desgracia por denunciar que el día de la masacre de Ezeiza desde el Ministerio salieron ambulancias cargadas de gente armada.

La novela avanza desnudando el modo en que alguien se compromete paulatinamente con la oscuridad. La manera en la que se colabora con el terror político a veces se construye de gestos mínimos: un secreto, el temor a los jefes, el deseo de agradar, la ambición, las pequeñas miserias personales.

Perón muere. Las calles se llenan de cadáveres. La sede del horror parece estar justamente en el Ministerio de Bienestar Social. El tráfico de cajones clandestinos, los falsos certificados de defunción, las emergencias en medio de la noche, las omisiones en los libros de guardia, los cuerpos sin nombre, la hipocresía y la corrupción en las reparticiones públicas, la mascarada de lo administrativo. Un hombre que, cediendo y cediendo, se encuentra frente a otro que dice: “El dinero mantiene la boca cerrada. Y sólo el dolor la abre.”


El tono que Luis Gusmán encuentra ya desde la primera línea atraviesa toda la novela. Un libro que es difícil de dejar aun si lo que se lee siempre provoca espanto. Una historia que retoma la lenta construcción de la violencia estatal en los años previos al golpe, el sombrío poder de López Rega y los suyos.


Eugenia Almeida

Publicado en Ciudad X

Septiembre 2013

jueves, 1 de mayo de 2014

Sirenas en el campo de golf / Patricia Highsmith




Pequeñas fotografías de espanto y desolación.
Un hombre que desea sacrificar a su hijo –en el sentido más terrible del término–, como si fuera un animal agonizante, sólo porque no puede soportarlo; el deseo de matar a alguien reprimido al punto tal que esa furia  incontenible se derrama sobre otro; una mujer que apunta con un arma; un asesino que se lleva un botón de la ropa de su víctima; una fotografía que perpetúa un momento terrible; una visita inusual, un reloj que desparece y una avalancha de cosas que derrumba a una pareja; un pintor en una habitación de un hotel en México, implicado en el asesinato de un niño; un jardín lleno de perros y gatos embalsamados; un extraño visitante que sólo la dueña de casa puede ver; un hombre que necesita destruir su propia casa; una profesora de inglés que envía cartas a un escritor que admira, una emoción que se descarrila, un accidente, una cicatriz.

Los once cuentos de este libro exponen momentos en los que se está a punto de tomar una decisión y caer en lo irreparable. Patricia Highsmith es especialista en llevarnos hasta el borde del abismo y dejarnos solos frente a lo que habríamos hecho, a lo que podríamos hacer en circunstancias diferentes. Así como hay autores que deslumbran por el modo en que resuelven las situaciones, la escritora estadounidense se destaca por su manera de desarrollar la historia, la creación de un entorno, el silenciado paisaje de la desesperación.

Algunos personajes son tan escalofriantes que uno desearía no leer, no saber, no participar de lo que piensan y sienten, convencerse de que no existe gente así en el mundo. Pero Highsmith no avala las miradas compasivas. Sus cuentos son la obra de un cirujano. Fría, anestesiada, precisa, brutal. No siempre trae la cura pero sabe cómo pueden ser las personas más allá de la superficie.


Con cada historia, la escritora parece decir: todos somos capaces, todos estamos al borde de la locura, todos vivimos asomados a ese desfiladero. Somos bombas de tiempo temblando antes de estallar.


Eugenia Almeida

Publicado en Ciudad X
Septiembre 2013

miércoles, 30 de abril de 2014

Diálogo de provincias / 40º Feria del Libro de Buenos Aires




Tres escritores, a fondo con la literatura, con o sin tonada

POR BARBARA ALVAREZ PLA

Los cordobeses Luciano Lamberti y Eugenia Almeida y el sanjuanino Rogelio Ramos Signes hablaron de la literatura, la vida y el color local en el  “Diálogo de provincias”.
               

¿Existe la tonada en la escritura? Seguramente sí: la tonada como valor afectivo, como expresión de lo que un escritor es en este mundo. En un tiempo y un espacio que irremediablemente marcan su literatura. La tonada sería entonces el ritmo con el que se escribe. Con esa pregunta, y algunas reflexiones sobre los mitos impresos en el imaginario colectivo, con los que necesariamente la literatura tiene que vérselas, se hizo, en la Feria del Libro, el segundo encuentro del ciclo “Diálogo de Provincias”, que por segundo año pone a charlar en una mesa a escritores llegados de diferentes puntos del país. En esta ocasión, y bajo el título “Nuevos imaginarios, viejas mitologías”, les tocó el turno a los cordobeses Luciano Lamberti y Eugenia Almeida y al sanjuanino Rogelio Ramos Signes, coordinados por la jujeña María Eduarda Mirande.

La coordinadora afinó la charla y se acercó a los posibles mitos que, en su opinión, han dado origen a la literatura argentina: desde la relación entre civilización y barbarie o las historias de migraciones –que hablan de pérdida de identidad y búsqueda de una nueva-- hasta los discursos cuasi mesiánicos del peronismo y claro, la dictadura como otra de las huellas imborrables.

“Mi generación llegó al tema de la dictadura cuando ya estaba agotado. Una novela más sobre la dictadura sería insoportable”, dijo Luciano Lamberti, que nació en 1978 y escribió los libros de cuentos “Sueños de siesta” o “El asesino de chanchos”. Y quiso añadir una reflexión más sobre la pregunta lanzada al inicio de la charla: “¿Tonada? Un escritor debe preocuparse de contar una historia, no de ponerle sabor local”.

Le tocó el turno entonces a Rogelio Ramos Signes (1950), autor del poemario “La casa del te” y “El décimo verso”, entre otras obras, quien señaló que “los mitos son como los libros de consulta de las bibliotecas, uno va a por ellos solo cuando los necesita. Si partimos de que todo texto es un palimpsesto, los mitos están incluidos sin remedio en todo lo que escribimos”. “En cuanto a la tonada”, señaló, “trato siempre de que no aparezca”.

Llegó después el turno de ponerse filosóficos y la coordinadora de la charla preguntó a los escritores de dónde pensaban ellos que venía la necesidad de ficción. ¿Por qué se lee ficción? ¿Por qué escriben ficción? “Todos necesitamos ficción, desde el momento que de chicos pedimos que nos lean un cuento,  y creo que terminamos escribiendo la historia que nos gustaría que nos hubieran contado”, reflexionó Ramos Signes. Y la charla volvió a la orilla de los imaginarios, los viejos, los nuevos, ¿Hay diferencia? Mirande opinó que los imaginarios actuales se caracterizan por no tener de fondo las utopías, sino las distopías, con otros espacios y otro tipo de apuesta a los lectores, que ya no confían en los finales bien cerrados, que ya no necesitan que una historia termine bien o dé esperanza. Que cambió el concepto de lo que es normal. Y Almeida –nacida en 1972 y autora de las novelas “El colectivo” y “La pieza del fondo”--, completó: “En mi forma de ver el mundo no existe la llamada 'vida normal', solo hay una estadística de la mayoría que se toma como normal”.

Literatura y vida, fue la consigna planteada a modo de cierre la charla. ¿Se relacionan? ¿Se cuentan? ¿Se combinan?  Sin esperar un minuto tomó el micrófono Luciano Lamberti: “Literatura y vida son términos antagónicos”, sentenció. Y lo contradijo Almeida: “Para mí no es así. Pienso que la literatura es una de las cosas más hermosas de la vida”.






martes, 29 de abril de 2014

Damián Huergo / Página 12: comentario sobre "La pieza del fondo"

 




Simple pero de fondo


En su segunda novela, después de la premiada El colectivo, Eugenia Almeida enfrenta el desafío de narrar la vida de unos personajes simples, a través de una prosa donde la sencillez se reviste de sensibilidad.

Por Damian Huergo                       


Desde el comienzo, el personaje principal lo es por sus silencios más que por sus palabras, por su quietud más que por su movimiento, por su ausencia más que por su presencia. Quizá, sólo quizá, sea exagerado darle el papel protagónico de La pieza del fondo a este antipersonaje; pero lo cierto es que la segunda novela de Eugenia Almeida, después de su festejado debut –por la crítica local e internacional– El colectivo, lo tiene como motor de la historia o, mejor dicho, como raíz de las múltiples historias que van a arborizar alrededor suyo. El tipo en cuestión es un hombre viejo que –como tantos– está en situación de calle. Durante las tardes se sienta en un banco de plaza, en silencio, como si fuese una planta más del paisaje urbano. Para los transeúntes lo es; menos para Sofía, la moza del bar frente a la plaza. Cuando puede, a escondidas del dueño, le lleva algo de comida y se sienta a su lado. Ella le habla y él escucha, sin decir una sola palabra. Pero un día el banco está vacío. Y esa ausencia, ese agujero en el mundo de Sofía, es el hilo que Almeida tira y recorre para desenrollar el ovillo de La pieza del fondo.

La búsqueda del viejo es la excusa para que la novela empiece a rodar. Primero es trasladado a una comisaría, luego a un hospital psiquiátrico. Sin embargo, en la estrategia narrativa de Almeida los senderos no son lineales, se bifurcan. La sola presencia del viejo despierta de la modorra rutinaria a los trabajadores de ambas instituciones. Como si fuese un ritual ancestral, cada personaje que lo tiene cerca narra una historia, su historia. Para ello sólo hay un motivo: tienen quien los escuche.

En esta novela, Almeida se anima a tocar el hueso de la literatura: indaga sobre cómo contar historias y, sobre todo, pregunta de un modo sutil, invisible, si tienen razón de ser sin alguien que las escuche (o las lea). Almeida no da respuestas directas. Como Angela Pradelli en Turdera y en Combi, opta por armar una novela coral y circular donde cada personaje ensaya un modo de narrar doméstico, cotidiano. Por ejemplo el Dr. Resquén utiliza la leyenda para interpelar al auditorio en las conferencias; Sofía apela a los recuerdos de la infancia; Horacio, el enfermero, al drama pasional para contar la tragedia de Don Carlos; Miriam reconstruye y complementa chismes; y el policía Frías se vale de cierto costumbrismo para narrar su pasado.

A diferencia de cierta narrativa contemporánea que cree que un buen libro sólo se sostiene con personajes excéntricos, La pieza del fondo brilla al enfrentar la complejidad de construir personajes simples y profundos. Con pocos elementos, bien pulidos, Almeida logró una novela que les habla a las personas. Y a las personas –ella lo sabe– hay que hablarles como personas. Al igual que en El colectivo, utiliza frases cortas y precisas, para crear atmósferas íntimas cargadas de imágenes poéticas y familiares. Su prosa es adictiva; funciona como una pócima que abre los sentidos –nos hace oler el perfume de las ciruelas, tocar las arrugas de la piel, escuchar el silencio entre las palabras– y, como si fuésemos el hombre viejo, nos persuade para que nos quedemos a su lado a escucharla, hasta el final.
 

viernes, 25 de abril de 2014

Diálogo de provincias / 40º Feria del Libro de Buenos Aires





Embajada cordobesa

Por Emanuel Rodríguez

Eugenia Almeida, Luciano Lamberti, Federico Falco y Perla Suez serán los representantes cordobeses en el ciclo Diálogo de provincias. Lecturas con tonada, una serie de encuentros que reunirá en la Feria del Libro de Buenos Aires a escritores del interior del país, con el objetivo de conversar sobre las tradiciones, presente y futuro de la literatura que se escribe fuera de los límites de la metrópoli capitalina. Almeida, autora de El colectivo y La pieza del fondo y una de las escritoras argentinas con mayor proyección internacional (sus libros han sido publicados en cinco idiomas, y las dos novelas fueron muy bien recibidas por la crítica en Francia), estará en dos mesas, el miércoles 30 a las 18.30 junto a otro cordobés, Lamberti (autor de El asesino de chanchos y El loro que podía adivinar el futuro), y el mismo día un poco más tarde junto a Hernán Ronsino (Chivilcoy) y Orlando van Bredam (Formosa). 

Perla Suez, autora de La trilogía de Entre Ríos y Humo rojo, entre otras, abrirá la sección el martes 29 a las 20.30 junto a Selva Almada (Entre Ríos), Liliana Bodoc (Mendoza) y Leonor Fleming (Salta). También leerá en vivo el jueves 1° de mayo a las 16.30. Por último, Falco cerrará la sección el viernes 2 a las 18.30 en una mesa sobre “La trama íntima de los libros: la circulación por el país y por el mundo”. 

“Siempre se puede discutir esa división tan particular entre ‘porteños’ y ‘provincianos’ y todos los desequilibrios que se estructuran en torno a eso”, opina Eugenia Almeida. “Se puede discutir y hay que hacerlo. Mientras tanto, celebro y apoyo todos aquellos espacios que buscan el intercambio (que ‘los de allí’ se mezclen con ‘los de aquí’ y viceversa) y la heterogeneidad. Sé que el equipo de la Feria pensó mucho cuál era el mejor modo de invitar a los escritores del interior sin etiquetarlos en ese mismo acto. Según leí en una entrevista, la directora de la Feria dijo que uno de los objetivos de este ciclo era que algunos escritores que viven fuera de Buenos Aires y escriben en sus lugares puedan conocerse. Creo que en eso, las expectativas ya están cumplidas”. 

“Diálogo de provincias” es la sección más federal de la Feria, o por lo menos la programación de actividades que más enfoca la producción literaria en las 24 provincias argentinas. En el programa original de la Feria, se incluía además una sección “Córdoba vibra”, dentro del espacio alternativo Zona Futuro, que fue descartado más tarde. 

En los stands
La provincia tiene tres stands que la representan en los más de 45 mil metros cuadrados de superficie de la Feria. La Agencia Córdoba Cultura lleva, como siempre, su selección de libros editados en Córdoba, en un espacio que incluye a casi todos los sellos que funcionan actualmente en territorio cordobés. El stand oficial de la provincia está en el Pabellón Ocre y ofrece también libros de edición financiada por el Estado, como la colección del Bicentenario. 

Varios autores cordobeses que publicaron recientemente en El Emporio Ediciones pasarán por allí a firmar ejemplares: mañana desde las 14.30, por ejemplo, estarán Reyna Carranza, Fernanda Pérez, Silvina Ruffo, Marcelo Arbillaga, Carola Ferrari, Ana Moglia, Roberto Lapid y Mirta Fachini. Esta última autora, además, presentará su novela Herencia Negada (El Emporio Ediciones) el 5 de mayo a las 14.30 en la sala Adolfo Bioy Casares.

Además, la Universidad Católica dispone de un stand para su sello propio, Educc. En el Pabellón Amarillo, la editorial expone sus libros de arte, arquitectura y diseño; ciencias exactas, ciencias sociales, derecho, religión y filosofía. 

El tercer stand cordobés es el de Editorial Comunicarte, que expone en el Pabellón Amarillo su vasta colección de libros infantiles, juveniles, y textos escolares. María Teresa Andruetto firmará ejemplares en ese stand el lunes 28 a las 16. La cordobesa también firmará libros en el stand de Penguin Random House ese mismo día a las 18. 

Los sellos de la UNC y Eduvim (de la Universidad Nacional de Villa María) exponen sus libros en el stand de la Librería Universitaria Argentina, también en el Pabellón Amarillo. 










Los muchos que no viven / Alberto Vanasco





Alguien se refirió a esta novela diciendo que está protagonizada por los “jóvenes viejos”. La denominación es exacta. Aquí se presentan vidas que transcurren entre la abulia y la opresión.
Hay un tren que va y vuelve de Banfield, la inminencia de un desalojo, una mujer que nunca es nombrada, un hijo abandonado, el paso de un trabajo a otro, la fatalidad, la omnipresencia de la ciudad, la alienación de los que corren todo el día para alimentar la maquinaria absurda del capitalismo.
El protagonista trabaja como escribiente en un Juzgado. El relato de la vida interna de Tribunales es extraordinario y puede ayudar a entender mejor los conflictos gremiales que hay actualmente en el Poder Judicial de nuestra provincia.
Emilio lucha por no acostumbrarse (algo que sólo parece requerir resignación y tiempo) y en esa lucha monta escenas que le permiten conservar su indignación. Harto del ambiente de Tribunales, comienza a trabajar como profesor particular y luego como remisero.
Toda la historia trae ecos de “El Proceso” de Kafka: espacios agobiantes donde los personajes se mueven como si estuvieran perdidos, como si no hubiera salida o como si todo fuera lo mismo; escenas en las que los transeúntes se convierten en un público que sigue con interés lo que sucede. También están aquí lo grotesco, lo absurdo, lo ridículo y la espantosa contundencia de lo tragicómico.
Los horrores cotidianos son naturalizados por la repetición. Y todo el tiempo, la novela se perfila como una radiografía brumosa y dolida de una época.


Alberto Vanasco nació en Buenos Aires en 1925. Publicó su primera novela a los 17 años, ayudado económicamente por su tía. Novelista, cuentista, poeta y dramaturgo, dirigió junto a Paco Urondo la revista Zona.


Eugenia Almeida

Publicado en Ciudad X
Octubre 2013


jueves, 24 de abril de 2014

APERTURA DE LA 40ª FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BUENOS AIRES - Silvina Friera - Página/12




ARRANCA HOY LA 40ª FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BUENOS AIRES

Un artefacto cultural para tender puentes a la lectura
En el mayor encuentro del mundo editorial de la Argentina estarán Quino, Paul Auster, J. M. Coetzee y Arturo Pérez-Reverte, entre otros. La novedad son los encuentros de narradores y poetas de todo el país llamados Diálogo de provincias. Lecturas con tonadas.


Por Silvina Friera

Cumplir cuatro décadas no implica más de lo mismo. La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que será inaugurada hoy por Quino, celebra un aniversario redondo a todo trapo con San Pablo como ciudad invitada. “Una vida toca otra vida, que a su vez toca otra, y enseguida los eslabones se convierten en innumerables, imposibles de calcular.” Esta frase de La habitación cerrada, de Paul Auster, que regresará a la Rural tras doce años de su primera visita para dialogar con el sudafricano J. M. Coetzee, Premio Nobel de Literatura –el próximo domingo 27–, en lo que será sin duda uno de los platos fuertes de esta edición que se extenderá hasta el 12 de mayo, podría condensar lo que viene sucediendo hace cuarenta años entre los lectores, los libros, los escritores y los expositores. Son tantas vidas tocadas en una vasta cadena sujeta a constantes oscilaciones que a veces se pierde de vista que este potente “artefacto cultural” fue calibrando y afinando sus piezas, mejorando los puentes construidos y los que vendrán.

Está por comenzar el “Capítulo 40”, con una programación que incluye más de 1500 actos culturales. Vendrán Rodrigo Fresán, Almudena Grandes, Arturo Pérez-Reverte, Leonardo Padura y Pedro Lemebel, por mencionar apenas un puñado de los escritores. San Pablo, la segunda ciudad invitada luego de Amsterdam, copará el pabellón Amarillo de la Rural con sus “saraos” (saraus en portugués), especie de peñas poéticas que nacieron en los barrios periféricos o favelas paulistanas donde prevalecen la poesía, la música y la danza; y con muchos escritores y artistas como Arnaldo Antunes, Férrez, Andréa del Fuego, Marçal Aquino, Marcelino Freire y Ricardo Lísias. En el Diálogo de Escritores Latinoamericanos –que se realizará del 3 al 6 de mayo– participarán Mario Bellatin (México), Diamela Eltit (Chile), Rodrigo Rey Rosa (Guatemala), Eduardo Lalo (Puerto Rico), Iván Thays (Perú) y Edmundo Paz Soldán (Bolivia), entre otros.


El mapa literario

La novedad de esta Feria es Diálogo de provincias. Lecturas con tonadas, una serie de encuentros entre narradores y poetas de todo el país que será inaugurado el martes 29 por Liliana Bodoc (Mendoza), Perla Suez (Córdoba) y Selva Almada (Entre Ríos) y que convocará a Eugenia Almeida (Córdoba), Luciano Lamberti (Córdoba), Orlando Van Bredam (Formosa), Mario Ortiz (Bahía Blanca), Fabián Soberón (Tucumán), Alejandra Araya (San Juan) y Mariano Quirós (Chaco), entre otros. Van Bredam dice a Página/12 que le parece “excelente” esta propuesta. “Es importante admitir que la literatura argentina abarca también lo que se escribe y se publica en las provincias. La palabra de la democracia debe ser necesariamente federal”, pondera el escritor. Van Bredam presentará en la Feria su nueva novela, Mientras el mundo se achica, inspirada en la historia de Jorge González, El Gigante (1966-2010), el jugador más alto en la historia del básquet argentino. Desde Tucumán, Soberón plantea que este diálogo es “una forma de poner en discusión qué se entiende por literatura argentina”. “Existen novelas y cuentos que tienen menos prensa y que superan en calidad creativa a los que, a veces, circulan por los medios de más peso. Esta iniciativa contribuye a hacer más visible ciertas obras ocultas –precisa el autor de los relatos Vidas breves y la novela La conferencia de Einstein, entre otros títulos–. De cualquier manera, creo que la novela de un autor de ‘provincia’ no tiene una marca o un sello como tenían los esclavos o los caballos. Es una novela a secas. El diálogo ‘entre provincias’ no mejora ni empeora la obra. El origen mexicano o chileno no cambia la calidad o la pobreza de una novela. La literatura no tiene nada que ver con la geografía.”

Mariano Quirós (Resistencia, 1979) cuenta que “lo mejor es tener la posibilidad de conocer autores que por cuestiones de circulación y difusión, entre otros asuntos, no tienen la proyección que merecen”. El autor de Tanto correr, novela que narra de distintas perspectivas la matanza de 25 presos políticos en Margarita Belén en plena dictadura cívico-militar, dice que tiene la “suerte” de conocer y leer a Van Bredam, Miguel Molfino y Germán Parmetler. “Pienso en los lectores que no han tenido mi suerte, y pienso después en mi probable mala suerte: seguro hay otros muchísimos escritores y escritoras argentinos, del interior digamos, que yo mismo como lector me estoy perdiendo. Un diálogo de este tipo, entre ‘autores de provincia’ –con sus lirismos, fraseos, historias y miserias particulares–, es más que auspicioso.” La sanjuanina Alejandra Araya, autora de la novela para jóvenes Examen final, espera que este intercambio “se repita año a año”. “Es necesario generar espacios para que los escritores nos encontremos con los lectores y compartamos experiencias que enriquecen nuestra literatura.” Al poeta bahiense Mario Ortiz le parece una oportunidad para repensar el mapa literario y del mercado editorial en la Argentina. “Existe una imagen convencional, una topografía organizada con un centro en Buenos Aires y una periferia en el resto del país, pero creo que eso está cambiando aceleradamente al ritmo de las innovaciones tecnológicas en los medios de comunicación, las redes de circulación de material, los festivales de literatura y poesía que se realizan en diversas ciudades del país, algunos con una larga tradición bien consolidada, como el de Rosario –recuerda el autor de Cuadernos de lengua y literatura–. En el ámbito específico de la poesía, diría que aquella imagen arborescente eje-periferia está virando hacia otra rizomática. Por poner un par de ejemplos: un poeta de Mar del Plata publica en una editorial de Santa Fe; uno de Entre Ríos lo hace en una editorial de Bahía Blanca.”


La batalla cultural

Cuesta mucho que las voces y los libros de los escritores del país transiten no sólo por Buenos Aires, sino por todo el territorio. “La mayor dificultad se debe a la carencia de distribuidores que hay en las provincias, gente que se ocupe de instalar el libro en todas partes –advierte Van Bredam–. Sin embargo, ya hay muchos editores dispuestos a publicar a los autores de su región y generar un mercado utilizando los recursos disponibles. Internet y sus redes favorecen mucho la difusión y venta de libros.” Ortiz subraya que la salida de la convertibilidad favoreció el crecimiento de la industria editorial argentina. “Hubo una asombrosa proliferación de sellos con un catálogo de alta calidad que no se correspondió con la distribución. Aquí juegan los márgenes de ganancia y posiblemente la miopía de algunos libreros sólo atentos a los libros de venta masiva. Pero por un juego de compensaciones, las diversas ferias de libros y festivales de poesía se convierten en ámbitos privilegiados de circulación de material. En la actualidad hay tantas editoriales de poesía que comienza a verificarse un fenómeno inédito: el surgimiento de algunas librerías específicamente dedicadas al género, como la de Nurit Kasztelan en Buenos Aires o el Espacio Malisia en La Plata.”

A Quirós le gusta agitar el avispero del meollo de la circulación. “Como suele decirse, hay una batalla cultural que, entre otras cosas, nos plantea cuán colonizados o cuán descolonizados estamos. En particular, soy incapaz de encontrarle la vuelta a esta batalla –confiesa–. Me gusta mucho la literatura norteamericana, hay franceses a quienes invitaría a salir, pero de todos modos es necesario plantear la batalla. Me lo planteo y no la resuelvo ni a palos. Aun así, me encanta la expresión batalla cultural: le da dinamismo, le pone pilas a una disputa que a muy pocos les importa. Esa batalla, además, implica un conflicto, y aunque a mí el conflicto no me guste, aunque prefiera las cosas ordenadas, en su lugar, estoy seguro de que en el conflicto se vive mejor. Es el conflicto, al fin y al cabo, lo que nos pone en circulación.”

Soberón señala que hay diferentes razones geopolíticas. “Que el país sea unitario y que tenga un centro en Buenos Aires es una cuestión que se instauró en el siglo XIX por causas económicas y políticas. La literatura es un apéndice en esta discusión. La forma de mejorar la circulación y la distribución es hacer encuentros, foros, charlas, mesas, paneles, entrevistas como ésta para dar a conocer al público que está más allá del pequeño círculo de los escritores. En este sentido, es un problema político de la crítica literaria y del periodismo cultural. Necesitamos una crítica que no repita el canon dogmático, sino que sea abierta y que parta de otros supuestos. El problema es político en un sentido profundo. Por tanto, es una cuestión de Estado, es un problema de la sociedad.” Araya pone el foco en el centralismo. “Hay un refrán que decimos en San Juan: ‘Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires’.” La narradora sanjuanina enumera otras cuestiones: “La ausencia del Estado en políticas que incentiven a los escritores y promuevan su producción literaria, el poco interés de particulares –empresas y organizaciones intermedias– en crear junto con los escritores espacios donde circulen las obras, se lea, se debata, donde participen lectores de todas las edades y estratos sociales; el vacío de la prensa en el tema literatura y escritores argentinos contemporáneos de todo el país.” “No me victimizo, sé que ser escritora es un desafío constante –aclara–. Acepto lo que no se puede cambiar y lucho por lo que sí se puede transformar.”


La tonada de los otros

“Los textos que escribo están atravesados por la respiración y la oralidad, no tanto en el sentido de reproducir la escansión o los modos de la lengua coloquial, sino porque ese texto debe resistir la prueba de la puesta en voz: debo poder decirlo, hablarlo, comentarlo, ‘actuarlo’, ponerlo en acto”, explica Ortiz. “Si decimos ‘diálogo de provincias’ y mencionamos la palabra tonada, se sugiere el hecho de que yo reconozca una tonada en mi dicción, así como la reconozco en un cordobés o un mendocino. Pero eso es lo que precisamente no puedo determinar. Es algo ya reconocido por los lingüistas hace tiempo: cada hablante nativo no reconoce que su variedad tenga tonada; la tonada la tienen los otros”, agrega el poeta bahiense. “Soy sanjuanina y escribo desde mi valle, rodeado de montañas de colores intensos –dice Araya–. Montañas que son puertas vaivén para usarlas en libertad y sin imposiciones, que son una invitación a encontrarnos en el camino cotidiano de la literatura.”






martes, 22 de abril de 2014

Doce cuentos peregrinos / Gabriel García Márquez




Durante 18 años García Márquez anduvo trajinando con estos cuentos. El primer impulso llegó con un sueño. La decisión giraba en torno a “escribir sobre las cosas extrañas que les suceden a los latinoamericanos en Europa”. Por dos años el escritor tomó notas en un cuaderno de escuela que le prestaron sus hijos. Allí fue anotando sus ideas hasta llegar a tener 64 temas. Sin embargo, cuando empezó a desarrollarlos sintió cierto desánimo y decidió dejar en suspenso el proyecto. El cuaderno quedó sobre su escritorio y pasó meses allí. Tiempo después, García Márquez descubrió que el cuaderno ya no estaba. Hubo un instante de pánico y luego el deseo de reconstruir lo que se había perdido. Pudo rescatar 30 de aquellos 64 temas. De allí, sólo sobrevivieron 18 ideas que, otra vez, vegetaron en el limbo de los proyectos. 6 de ellas se convirtieron en notas de prensa, películas y series de televisión. Quedaron 12 relatos que fueron reescritos completamente luego de un viaje a Europa para volver a recorrer aquellas ciudades en las que transcurren las historias. Esos son los cuentos incluidos en este libro.


Un ex presidente derrocado, enfermo en un hospital de Ginebra; una princesa yoruba; un hombre que recorre Roma, dedicado por entero a que la iglesia católica reconozca la santidad de su hija; una mujer que se alquila para soñar; la desesperada insistencia con la que alguien repite “sólo vine a hablar por teléfono”; los terribles efectos del viento Tramontana; un sueño premonitorio que ha sido malinterpretado; un crimen en Sicilia; la encantadora sencillez de dos niños que siguen al pie de la letra las explicaciones del mundo; una pareja de recién casados que viaja en coche de Madrid a París y apenas entiende cómo construye su propia desgracia.


Eugenia Almeida

Publicado en Ciudad X





martes, 15 de abril de 2014

Váyase, Guzmán - Alan Sillitoe





“El pasado es un sótano (...) donde hay que entrar para poner una bala en la nuca del monarca que pueda estar reinando allí demasiado autocráticamente. Sólo hay que avanzar con lentitud y cautela, para estar seguro de matar al que se debe matar, porque cualquier error podría llevar a uno a poner una bala en su propia nuca.”

Parados al pie de ese sótano están los personajes de estos siete cuentos de Alan Sillitoe. Gente que se tambalea ante una brecha insalvable: la distancia entre lo que uno es, lo que esperaba ser, lo que se ha permitido. Hundidos en un presente agobiante y, sin embargo, incapaces de hacer un movimiento.

El derrumbe de un matrimonio; la carrera frenética de una gallina sin cabeza; atizadores que están a punto de ser usados para la violencia pero que finalmente son puestos en su lugar; un padre que muere dejando “una vida incumplida”; el riesgo que implica asomarse a las cosas muertas; los modos en que aceleramos o retardamos los efectos del tiempo; gente que en vano se dice a sí misma: “Ahora puedo contenerme hasta que llegue el momento; entonces saldré entero de este desierto y nunca más volveré.”

Alan Sillitoe (Inglaterra, 1928-2010) sacudió la literatura británica a mediados del siglo XX retratando la desilusión de los jóvenes de clase obrera en la Inglaterra de posguerra. La leyenda familiar dice que su primer cuento (protagonizado por sus primos) fue quemado por su madre, asustada por todo lo que el chico había revelado en ese relato. Nacido en un hogar pobre, Sillitoe dejó la escuela a los 14 años y comenzó a trabajar en una fábrica de bicicletas. Durante la Segunda Guerra Mundial fue telegrafista de la Fuerza Aérea en el actual territorio de Malasia. Su obra más conocida es “La soledad del corredor de fondo”.



Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
2014



domingo, 13 de abril de 2014

El perfume - Patrick Süskind






1738. Jean-Baptiste Grenouille nace en un mercado de víveres de París. Su madre lo deja entre la basura. El niño sentirá el estigma del abandono y crecerá arrinconado por un don incontrolable: la capacidad de percibir cada uno de los aromas del mundo. El olfato se vuelve un eje cognitivo que permite ordenar la existencia.

Un día descubrirá un perfume diferente que lo trastorna y cuya huella seguirá por la ciudad hasta llegar frente a una muchacha que limpia ciruelas amarillas. Allí comienza la tentación de poseer, de volverse dueño de aquello que lo conmueve. ¿Qué es lo que un asesino busca cuando mata? ¿Se trata sólo de aniquilar o hay algo allí que desea atrapar?

25 muertes: una red que Grenouille va tejiendo para crear algo extraordinario. Una historia con un final de una potencia desoladora, donde quien busca encontrará la desmesura que habita en el deseo. 

Todos hemos quedado alguna vez inmovilizados por un perfume. Atónitos. Detenidos. Animales que congelan su paso para percibir eso que no se entiende, que no puede explicarse, que es inexpresable. Patrick Süskind trabaja sobre un universo sutil y monstruoso: cada cosa, cada pequeño elemento, tiene un olor. El autor logra la proeza de hacer sentir los perfumes a través de las palabras.

Nacido en Alemania en 1949 y especializado en Historia Medieval y Moderna, Süskind publicó esta novela en 1985. El libro fue un éxito en todo el mundo. Poco tiempo después el escritor desapareció de la escena pública y en el ambiente literario empezaron a llamarlo “el fantasma”. Desde entonces se niega a dar entrevistas y, según se dice, su última foto conocida es de 1986.  


Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
2014

viernes, 11 de abril de 2014

Journal Ventilo: comentario sobre la versión francesa de "El colectivo"




Eugenia Almeida – L’autobus (Métailié)

Un autobus passe dans un village du fin fond de l’Argentine sans s’arrêter… 

Sous son côté inoffensif, anecdotique, ce petit roman tisse une critique acerbe. Composé en grande partie de dialogues, il évolue dans un quasi huis clos autour de quelques personnages dont l’univers va se trouver perturbé par une anomalie, en l’occurrence ce bus qui ne s’arrête pas. 
A l’aide de phrases simples, de métaphores, de répétitions, l’auteur crée un univers qui n’est pas sans rappeler celui de Beckett, où le village baigne dans une bucolique mélancolie qui ne se réveille que par le passage de ce bus que le village entier vient voir passer. S’opère alors une transformation et une lente dégradation du quotidien, par petites touches, subtiles, comme sous l’action d’une dictature. Tout est évoqué avec détachement et pudeur, et à l’instar du nouveau cinéma argentin, ce roman pose un regard décalé sur l’histoire de l’Amérique latine. 
JB



jueves, 10 de abril de 2014

Groucho, una biografía - Stefan Kanfer





Julius, el gruñón

Nunca le gustó ese sobrenombre. En algún momento, alguien dijo que esos hermanos que comenzaban a tener éxito debían tener nombres que destacaran la característica más sobresaliente de cada uno. Con él fue muy sencillo. La palabra inglesa “grouch” lo describía a la perfección: un gruñón, un cascarrabias. A pesar de la incomodidad, Julius Marx aceptó. Quizás porque era mejor que seguir soportando el apodo que le había puesto su madre: “el celoso”.

Es imposible hablar de Groucho sin hablar de sus cuatro hermanos y de su familia. El germen de todo parece haber estado ahí, en cómo fueron asignados los roles cuando eran niños. 

Julius es el del medio. El que es obligado a dejar la escuela para ir a trabajar a una fábrica de pelucas. El que acepta el camino que dibuja su madre: dedicarse a las “variedades”. Va a recorrer pueblitos y ciudades cantando y bailando, haciendo números artísticos. El adolescente consigue los primeros trabajos y entonces llega algo que lo marcará para siempre: dos veces consecutivas sus compañeros de elenco huyen con la recaudación. Su madre decide que es mejor que no ande solo y consigue que un productor visite la casa y contrate a tres de los cinco hermanos. Y allí comienza la historia. Con el tiempo esa madre se convertiría en manager y sería quien más combatiría los chistes y humoradas que los hermanos hacían arriba del escenario. Estaban ahí para cantar, no para repetir las payasadas que hacían en casa. Pero Julius había notado que en cuanto empezaban con esas cosas el público se encendía. Y decidió abrir un espacio para lo que sería la esencia de su carrera: la improvisación.

Luego vendría el éxito. Broadway, el cine, la radio y la admiración pública de artistas como Chaplin, Antonin Artaud, Rubinstein, Gershwin, Dalí, Ionesco, J. B. Priestley, George Bernard Shaw y T. S. Eliot.

Groucho se había convertido en un hombre rico. Pero el temor a quedarse sin nada lo llevó a invertir en la Bolsa. Fue una mala época: la crisis del 29 barrió con todo. Después de esa experiencia el cómico nunca pudo abandonar el miedo a la precariedad, a la pobreza, a la vulnerabilidad. Siempre sintiéndose en riesgo de ser abandonado o traicionado, comenzó a tomar decisiones algo inusuales. 

La vida familiar no fue un sostén. Matrimonios arruinados, hijos con los que tuvo relaciones tormentosas, problemas con sus hermanos. Julius se trasformó completamente en Groucho, una parodia de sí mismo que hacía bromas crueles a los que lo rodeaban. El humor como un látigo para desquitarse con otros –más frágiles–, como un reflejo de los años en los que el más frágil había sido él. El rey de los juegos de palabras tendría una vejez tormentosa, atrapado en una disputa familiar por obtener su tutela.  

El trabajo de Stefan Kanfer es una biografía precisa y detallada con más de 700 páginas que incluyen un índice onomástico y una extensa bibliografía recomendada. 


Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Febrero 2014



martes, 8 de abril de 2014

Lugares remotos - Tom Spanbauer





Sopla el Chinook, uno de esos vientos que se relacionan con la locura. Afuera hay una enorme extensión de campo donde el cielo lo ocupa todo. Los halcones se posan sobre los álamos que hay frente a la casa y parecen traer un mensaje funesto. Una mujer se persigna.

La religión, el río, las prohibiciones. Una mujer india, un hombre negro, un banquero blanco. Una jauría de perros del infierno. Un ahorcado que se balancea. Una hipoteca sin pagar, una granja que cambia de dueño. Tres muertes, una pelea bajo la lluvia, un incendio.

Un chico de trece años va tejiendo en su relato los días del año en que presenció un asesinato y fue obligado a guardar silencio. Un mago le ha dicho que “todo es ilusión”, su madre siempre dice que “una cosa lleva a la otra”. Esas voces juegan en su interior mientras el mundo cambia. O quizás es su mirada la que va encontrando otro modo de ver. Ha descubierto que en una situación límite sólo percibimos el contorno de las cosas, los bordes del fantasma.


Tom Spanbauer nació en Estados Unidos en 1946. Mientras escribía Lugares remotos, trabajó como mozo y portero de edificios. Actualmente dicta talleres de escritura en los que desarrolla su propia técnica: la “Escritura peligrosa”. Se trata de buscar allí donde está el mayor grado de dolor. Aquello que nos avergüenza, que nos intimida, que nos perturba. Esa, dice Spanbauer, es la zona desde donde se debe escribir. Chuck Palahniuk es, quizás, su discípulo más reconocido. 


Eugenia Almeida
Publicado en Ciudad X
Marzo 2014